20 de September de 2009 00:00

El Plan Retorno no convence a los emigrantes

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Redacción Sociedad
 
Surgió como uno de los anuncios más sonados del Gobierno. Cuando miles de emigrantes ecuatorianos sucumbían en la ola de despidos por la crisis económica mundial, apareció el Plan Retorno  a Casa como un salvavidas. Pero 20 meses después no deja de ser  una expectativa con poca acogida.

Con la propuesta, impulsada a través de la Secretaría Nacional del Migrante (Senami), el Gobierno busca incentivar al retorno voluntario de los ecuatorianos.  Para atraerlos, publicitó  incentivos como el Fondo Cucayo, un paquete semilla concursable  para incentivar la formación de microempresas individuales (máximo de  USD 15 000) y comunitarias (con un tope de USD 50 000) en diferentes campos.

Además, un bono de vivienda de hasta USD 7 000 y  la exoneración de impuestos aduaneros para traer   menaje de casa, herramientas de trabajo y hasta un vehículo. Todos estos beneficios para quienes estén al menos 12 meses como emigrantes.

Hasta julio de 2009, 31 049 personas se interesaron por el plan, con consultas  telefónicas o  ‘e-mail’. Pero solo  3 563   se acogieron a la iniciativa,  aparte de los 1 901 que  trajeron    su menaje de casa. La Senami habla de 8 208 familias beneficiadas en forma  directa o indirecta.

No obstante,  la lista de beneficiarios del Fondo Cucayo    incluye apenas a 145 personas, tras cuatro convocatorias, en el primer  año;  84 están ya  en funcionamiento y el resto en proceso de instalación como el de Nancy Salas, quien   esta semana viajó a Ambato  en busca del menaje para su hospedaje  en Quito.

Uno de los que está en marcha  es el proyecto de fincas orgánicas integrales de Oyacoto. Una comuna jurídica  de la parroquia Calderón, ubicada al costado derecho del peaje en la vía a Guayllabamba, en Pichincha. Allí, aunque el suelo es arenoso y en estos días de verano el viento levanta con facilidad nubes de polvo, los huertos,  de 175 m² junto a las casas de bloque, reverdecen con las plantas de brócoli, lechuga, cebolla, frutales… 

Uno de estos pertenece a Margarita Farinango, líder del proyecto y responsable de  un huerto a nombre  de sus hermanos, Jorge y Francisco, que viven, en su orden,    nueve y cinco años en España. La producción es  para su consumo y para  la venta.

Por unas calles polvorientas, en la misma Oyacoto, se llega hasta la microempresa de Dolores Quilumba. Con los pies descalzos, ella   conduce hasta el negocio,  con el  que pretende convencer a  su hija, María Quilumba, de que vuelva  después de tres años de vivir en Madrid. Regresará  a Ecuador el miércoles 30. Lo instaló con  el aporte de USD 14 000 del Fondo Cucayo, y  la asesoría técnica y financiera. En  contraparte puso  USD 20 000 (sobre todo para  galpones) y desde mayo ya vendió  700 pollos. 
 
Otro objetivo   es generar empleo. El negocio de Quilumba, por ejemplo, ocupa a  seis familiares. Margarita Farinango asegura que  ayudó a  frenar el deseo de emigrar de   socias como María Pulupa, dueña de otro  huerto.  Además, se convirtió en una opción para quienes hoy están en la desocupación en EE.UU.,  España y otros países. Ellos   dejaron  de enviar las remesas: eso se evidencia en más de 20 casas de bloque en Oyacoto, cuyas construcciones    están paralizadas.

Hasta ahora,  se  han entregado USD 1 876 997,83 como capital  no reembolsable, con  una contraparte de USD  6 980 449. Pero Paulina Proaño, directora del Área de   Inversión del Fondo Cucayo, reconoce que el presupuesto impide apoyar  a  las 
1 075 ideas de negocios que postularon hasta la cuarta convocatoria. Incluso, hoy el postulante   pone  el 75%, a diferencia del 50% del inicio del plan.

Luis Sánchez, miembro de la Asociación Rumiñahui 9 de Enero, es severo . Considera que “es un fracaso  considerando el número de  beneficiarios con el  retorno voluntario  frente a los más de   3,5 millones ecuatorianos que viven en el extranjero”.

La razón fundamental, según  Sánchez, es que “el Gobierno  ofrece  lo que no se le  ha pedido. Por ejemplo, desde el colectivo de emigrantes nunca se solicitó la exoneración de impuestos aduaneros, sino   una política de  Estado para garantizar una   igualdad de acceso a los créditos y fondos concursables de la  Corporación  Financiera, Banco del Fomento y otros…”. 

Pedirle a alguien que deje su estilo de vida para que venga a Ecuador a cambio de un fondo pequeño es no conocer la realidad, dice Sánchez. “Allá tienen derecho  a salud, educación y otros”. En España hay quienes se  acogieron al seguro de   desempleo  y  entraron  a la  informalidad. Y si  tienen estadía legal en la Comunidad Europea, prefieren irse al  norte europeo donde todavía hay plazas de trabajo.

Las ofertas no se cristalizan

Convenios bilaterales y multilaterales de regularización,  asistencia  legal en casos de deportación, xenofobia y otros, aparte de la agilidad en  los trámites consulares,  son las deudas   del Gobierno con los  emigrantes.  

En eso coinciden las organizaciones de emigrantes y  el Informe Sombra (alterno al   que el Gobierno debe presentar ante la ONU sobre  migración). Recuerdan que se  ofreció  crear  un consulado virtual   para facilitar los trámites. “Hoy solo es una    tiquetera para  turnos  de atención real en los consulados”, cuenta Luis Sánchez,   de la Asociación Rumiñahui. Se inauguraron las casas del inmigrante en Nueva York y Madrid, pero  están pendientes las de Caracas y otras.    

Hernán Olguín, subsecretario de Migración, reconoce que “en dos años de vida aún hay muchas cosas   pendientes. Están trazados planes como la  asistencia psicológica y jurídica”. Pero agrega   que la falta de presupuesto es el peor obstáculo. En el Informe de Transparencia de la Senami aparece un presupuesto anual de USD 7 845 236. Pero la ministra coordinadora de Desarrollo Social, Jeannette Sánchez, habló de una asignación para la Senami de  USD 19 480 000, aparte de las  donaciones extranjeras.

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