11 de noviembre de 2020 00:00

4 muertes y 5 intentos de crimen inquietan a la parroquia de Pifo

Una mujer deja una vela en la puerta del departamento en donde fueron envenenados dos menores de edad. Foto: Diego Puente / EL COMERCIO

Una mujer deja una vela en la puerta del departamento en donde fueron envenenados dos menores de edad. Foto: Diego Puente / EL COMERCIO

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Diego Puente

Los vecinos de Florida de Chantag, un barrio de Pifo, recuerdan cómo el 11 de junio pasado uno de sus pobladores fue encontrado sin vida en la casa.
Marco Bayardo yacía en uno de los cuartos hasta que llegaron los agentes de la Policía.

Una mujer cuenta que era un jueves. Cerca de las 11:00 vio que un patrullero y una ambulancia de Medicina Legal arribaron a la vivienda de tres pisos en donde vivía la víctima.

La gente pensó que era un deceso provocado por el covid-19. Por eso nadie se acercó y después fumigaron las casas.

Desde las ventanas y de terrenos cercanos, los vecinos vieron que el cuerpo era depositado en las bandejas de la ambulancia. Una moradora recuerda que se persignó y pidió por el descanso de “don Marquito”, de quien dice fue “un hombre muy amable”.

Ahora todo ha cambiado. El envenenamiento de dos niños en esta parroquia de Quito dio un vuelco a la investigación sobre esta muerte. Los agentes relacionan el deceso de Marco a la madre de los dos niños, recluida en Cotopaxi.

Este Diario volvió a Pifo luego de que la Policía Nacional calificara a la detenida como “asesina serial” y la vinculara con cuatro muertes y otros cinco intentos de asesinato.

Uno de los familiares de Marco Bayardo dice que uno de los nietos les alertó de que una mujer salió del departamento de su abuelo. Los policías también recogieron las huellas digitales que aparecieron en una botella de cerveza y vasos hallados en la escena.

Luego de las pericias realizadas, Criminalística y la Dirección especializada de la Policía para investigar muertes violentas (Dinased) confirman que las huellas dactilares ­encontradas en los cristales “son las mismas” de la mujer que está apresada.

Quienes conocían a Marco dicen que aún no asimilan que haya sido asesinado. Comentan que a través de redes sociales y noticias se han enterado de lo que ocurre con este caso.

En Pifo, la gente todavía comenta lo sucedido con Liss, la sospechosa de los crímenes. El departamento que ella arrendó 15 días antes de que se descubrieran tres cuerpos sigue con cintas amarillas.

Al interior del inmueble aún está todo su menaje de casa. En la aldaba exterior se colocó un candado. La Policía tiene las llaves e ingresa para recabar información.

En la entrada hay huellas de cera derretida. Los vecinos ponen velas todas las noches y rezan. Así buscan que las tres víctimas descansen en paz.

Ana Méndez, una de las vecinas que obligatoriamente debe pasar por esta entrada para ir a su departamento, sostiene que no ha podido dormir bien tras el incidente. “Se siente un ambiente demasiado pesado”.

La madre de Ana recuerda que en varias ocasiones, la hoy detenida le pidió que bajara a su casa para conversar.

Asegura que una tarde le dijo que tenía la cura para el covid-19. “Me ofreció mostrar el producto”. Señala que también le propuso pagarle USD 200 para que cuidara a sus hijos mientras ella trabajaba.

Una mujer que llegó a cuidar a los menores de la sospechosa, el 27 de octubre, tuvo que ser atendida de emergencia por paramédicos. Tenía síntomas de envenenamiento. Las investigaciones señalan que fue engañada por la mujer e hizo que ingiriera una pastilla para “tratar el coronavirus”.

Los habitantes del edificio piden a las autoridades retirar los enseres de la mujer y de los niños que vivían en el segundo piso. Buscan a los familiares de Liss para que dispongan de los muebles y otras pertenencias.

Los parientes viven en Metro Zona, en Chungulín, a 20 minutos de Pifo. Allí, la gente prefiere no hablar del tema.

Los pocos que se atreven apenas dan referencias mientras lloran. Dicen que la “niña Liss” no era violenta y que cuidaba siempre de los dos hijos.

Comentan que días antes del envenenamiento de los menores, la mujer pidió un camión. Retiró los muebles de la casa en la que vivía su madre y se fue a Pifo. La Policía tiene en su poder el relato de una de sus hermanas, que señala que la imputada trató de envenenar a los miembros de su familia.

Hoy, esa información es analizada por agentes de la Dinased. La Policía tiene un listado de personas que lograron sobrevivir a posibles envenenamientos: el hermano, la hermana, la mamá, el padre de los niños y la mujer que contrató para que atendiera a sus hijos.

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