Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Los cortes de luz programados anunciados por el Gobierno para realizar mantenimientos preventivos en la infraestructura eléctrica tendrán un impacto económico que irá más allá de las horas de interrupción del servicio. Aunque las autoridades insisten en que se trata de una medida temporal para fortalecer el sistema ante una posible llegada del fenómeno de El Niño, expertos advierten que los efectos se sentirán en distintos sectores productivos.
Fernando Larrea Estrada, presidente del Colegio de Economistas de Pichincha, y Jorge Altamirano, docente de Business School de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), coinciden en que las afectaciones alcanzarán a toda la economía, aunque algunos sectores tendrán una mayor capacidad de respuesta que otros.
Para Fernando Larrea Estrada, la limitación temporal del suministro eléctrico afecta a todos los sectores productivos, desde la industria y el comercio hasta actividades vinculadas a la agricultura y los servicios. Sin embargo, considera que la mediana industria enfrentará mayores dificultades debido a que muchas empresas no cuentan con sistemas de autogeneración que les permitan mantener operaciones durante los cortes programados.
Mientras las grandes industrias, hoteles y empresas vinculadas al turismo pueden recurrir a generadores eléctricos para continuar operando, las empresas medianas suelen depender completamente del suministro de la red pública. “Esa diferencia marca el nivel de impacto que tendrá cada sector”, sostiene el economista.
El impacto de las interrupciones eléctricas ya quedó evidenciado durante 2024. Según cifras del Banco Central del Ecuador (BCE), los cortes de energía provocaron pérdidas económicas estimadas en 1 916 millones de dólares y contribuyeron a una contracción del 1,4 % del Producto Interno Bruto (PIB). A nivel macroeconómico, este escenario influyó para que la economía ecuatoriana cerrara ese año con una caída del 2,0 %. Los sectores más afectados fueron el comercio, que registró pérdidas por 1 382 millones de dólares; la manufactura, con 426 millones de dólares; y la agricultura, con más de 219 millones de dólares en pérdidas.
Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en 2024, cuando los apagones se extendieron durante varios meses y afectaron de forma recurrente a empresas y hogares, el escenario actual presenta características distintas. Los cortes de luz anunciados están concentrados en dos fines de semana y fueron programados principalmente en jornadas de menor actividad económica, una estrategia con la que el Gobierno busca reducir interrupciones abruptas en la cadena productiva y minimizar el impacto sobre la operación de industrias, comercios y servicios.
Larrea advierte que el principal problema no es únicamente la suspensión temporal del servicio, sino las consecuencias posteriores sobre los procesos productivos. Cuando una línea de producción se detiene, muchas maquinarias requieren tiempo adicional para reiniciar operaciones. En algunos casos es necesario realizar ajustes técnicos o utilizar combustibles para volver a poner en marcha los equipos. Esto genera retrasos, incrementa los costos operativos y reduce la productividad empresarial.
Según el presidente del Colegio de Economistas de Pichincha, estos factores terminan afectando la competitividad de los productos ecuatorianos tanto en el mercado nacional como en los mercados internacionales. “La pérdida de productividad es irreparable”, sostiene el economista al referirse al tiempo de producción que deja de aprovecharse durante las interrupciones.
Aunque los sectores con capacidad de autogeneración tienen más herramientas para enfrentar los cortes, tampoco están exentos de impactos económicos. Hoteles, industrias y empresas de servicios deberán recurrir a sistemas alternativos de energía, lo que implica gastos adicionales en combustible, mantenimiento y operación de equipos de respaldo. Para Larrea, estos costos terminan trasladándose a los bienes y servicios que ofrecen las empresas. El resultado es un incremento en los costos de producción que puede afectar la rentabilidad y la competitividad de distintos sectores económicos.
Jorge Altamirano considera que uno de los aspectos positivos del actual cronograma es que los horarios han sido anunciados con anticipación. Según el académico, esta programación permite a empresas y negocios reorganizar actividades, proteger equipos sensibles y ajustar procesos para reducir las pérdidas. No obstante, advierte que la planificación no elimina completamente los efectos económicos derivados de la suspensión temporal del suministro eléctrico. Las empresas seguirán enfrentando interrupciones operativas, reducción de horas efectivas de trabajo y posibles retrasos en entregas o producción.
Tanto Larrea como Altamirano coinciden en que los mantenimientos actuales responden a una estrategia preventiva para preparar al sistema eléctrico ante posibles efectos de El Niño durante los próximos meses. Sin embargo, ambos expertos consideran que el desafío fundamental sigue siendo fortalecer la capacidad de generación eléctrica del país. La incorporación de nueva generación, la recuperación de equipos fuera de servicio y la ejecución de proyectos estratégicos serán determinantes para garantizar la estabilidad energética futura.