
El doble terremoto del 24 de junio de 2026, en Venezuela produjo, según estimaciones de la ONU, 1,2 millones de toneladas de escombros.
Esta cifra surge de un diagnóstico realizado por el Gobierno venezolano junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
De estas toneladas, 900 000 corresponden a estructuras colapsadas de concreto y acero en La Guaira, mientras que 332 000 provienen de artículos domésticos y pertenencias personales.
Un recorrido por la vía que une las poblaciones de Tanaguarena y Naiguatá muestra cientos de escombros que ya han sido recogidos y depositados al lado de la carretera, cerca del mar.
Allí se mezclan restos de concreto, cabillas, ropa, documentos de identidad, muebles y cables. Mientras tanto, algunos hombres hurgan entre los montones.
El ingeniero venezolano José Arreaza comentó a EFE que actualmente no hay opciones viables para el manejo de estos escombros.
Los camiones que cargan los materiales enfrentan dificultades para viajar hasta Caracas debido a los costos y el tiempo. “No hay mucho equipo; no puedes agarrar un camión y esperar que haga un viaje ahora y después venga a las tres, cuatro horas”, explicó.
El ingeniero Roberto Porciello recordó que un manejo similar se realizó tras el deslave de 1999 que devastó varias zonas de La Guaira.
Sin embargo, el PNUD sostiene que una gestión integral es prioritaria en desastres de esta magnitud. Esto incluye la clasificación, reciclaje y reutilización de los escombros cuando sea posible.
Recientemente, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunió con autoridades nacionales e internacionales para coordinar el programa de remoción. Entre ellos se encontraba Elad Edri, alto oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel, quien ofrece asesoría sobre el manejo de escombros. No obstante, aún no han trascendido las directrices específicas para esta gestión.
Joaquín Benítez, director de Sostenibilidad de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), explicó que cerca del 60 % de los residuos generados por los escombros pueden ser reciclados. Esto representaría un apoyo significativo para la reconstrucción. El Ministerio de Ecosocialismo informó que movilizó una máquina trituradora para procesar los escombros y transformarlos en material agregado para la construcción.
A pesar de ello, no hay detalles sobre su ubicación o si ya está operando. Benítez también destacó la importancia de revisar la historia y características de cada edificio antes de recoger los escombros. Cada estructura tiene un potencial distinto en cuanto a generación de residuos.
Benítez advirtió que en edificios residenciales pueden encontrarse vehículos sepultados con aceite y combustible que contaminan.
En edificios comerciales pueden existir ciertos tipos de químicos peligrosos. Por lo tanto, al recoger los escombros, deben ser llevados a lugares temporales alejados del mar y cursos de agua.
A pesar del potencial para reciclar y reutilizar los materiales, Porciello enfatizó que este proceso resulta complicado debido a la magnitud del desastre. Además, alertó que lo reciclado no debe utilizarse para piezas estructurales debido a que estos materiales ya están debilitados.
En febrero de 2023, un terremoto magnitud 7,7 sacudió el sur de Turquía y afectó gravemente el noroeste de Siria. Un año después del desastre que causó más de 53 000 fallecidos, los escombros aún cubrían las calles. Esto representa un riesgo significativo para la salud pública debido al asbesto presente en los materiales.