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La odisea de ser profesor en la ciudad brasileña Río de Janeiro

La docente Isabel Vaz mientras toma un tren para llegar a la escuela, en Río de Janeiro (Brasil). Foto: EFE

La docente Isabel Vaz mientras toma un tren para llegar a la escuela, en Río de Janeiro (Brasil). Foto: EFE

La docente Isabel Vaz mientras da clase, en Río de Janeiro (Brasil). La joven profesora comienza su jornada mucho antes del amanecer. Foto: EFE

Isabel Vaz comienza su jornada mucho antes del amanecer. Toma tres autobuses y un tren para recorrer recorrer 100 kilómetros hasta la escuela de los arrabales de Río de Janeiro en la que trabaja. Vaz, de 42 años, es una de las miles de docentes que penan diariamente para ejercer una profesión mal remunerada y peligrosa en Brasil.

El gigante suramericano, que celebra este martes su Día del Profesor, está entre los países que menos estimulan a los docentes, según la OCDE, pues le sitúa en el puesto 63 entre 70 países del mundo en un estudio en el que se tienen en cuenta factores como salarios, inversión en infraestructura y formación continua.

Un equipo de EFE acompañó una jornada de Vaz, una divorciada y con dos hijos cuya vocación por la enseñanza late más fuerte que las dificultades que enfrenta en una región como la de Río de Janeiro, hundida en una grave crisis financiera y con recurrentes problemas de inseguridad.

“Tenemos problemas con los salarios (competencia del gobierno regional) y a veces la estructura de las escuelas no es la adecuada para trabajar“, denunció la profesora de lengua y literatura.

Carioca de nacimiento, Isabela fue madre con 15 años -tiene un hijo de 27 que ya la ha hecho abuela- y actualmente vive con Gabriel, el menor. Ambos comparten un modesto apartamento ubicado en una favela al oeste de la capital fluminense dominada por milicias (grupos paramilitares integrados por policías y expolicías).

La docente Isabel Vaz mientras toma un tren para llegar a la escuela, en Río de Janeiro (Brasil). Foto: EFE

Su jornada comienza a las 04:30, y, tras arreglarse y dejar organizada su casa, sale rumbo al trabajo, mientras su hijo pequeño, de 12 años, continúa durmiendo. El muchacho va a la escuela por sus propios medios más tarde.

Luego de tomar tres autobuses y un tren, Isabela llega después de dos horas y media a Nova Iguazú, el municipio del área metropolitana de Río donde está la escuela pública Mario Guimaraes, uno de los dos centros educativos donde dicta clases de Lengua Portuguesa y Literatura.

Su trabajo en esa escuela lo complementa con el de otra institución educativa en Duque de Caxias, un municipio también de la zona metropolitana de Río y uno de los más poblados y deprimidos de la región.

Aunque el Gobierno regional ofrece a los docentes la oportunidad de escoger una escuela cercana a su lugar de residencia, no siempre hay vacantes en los centros educativos más próximos.

Otro gran lastre son los salarios. Los de los docentes en Río están congelados desde 2014 por la grave crisis fiscal que vive la región. Por ello, Vaz se vio obligada a tener dos trabajos, situación que comparte con el 26,8 % de los docentes de la región según el Anuario Brasileño de Educación Básica 2019.

Y es que para esta profesional en Letras de la Universidad Federal de Río de Janeiro, el profesor no cobra lo que se merece.

Mensualmente, los docentes reciben un salario promedio de unos USD 955, que, según el Anuario, equivalen al 50% de la media salarial de los profesionales de áreas como las Ciencias Exactas o la Salud.

Adicionalmente, no hay suficientes estímulos para que los profesores cursen posgrados y ayuden a mejorar la calidad de la educación básica en una región del país donde el índice de desarrollo educativo en promedio es de 4,8 sobre 10.

“Para hacer una maestría lo máximo que consigues es un permiso” no remunerado, aseguró Isabela.

La potencia sudamericana tampoco sale bien librada en la evaluación que el Programa hizo para las áreas de Ciencias, Lectura y Matemáticas, donde ocupó los puestos 63, 59 y 66, respectivamente.

Pero la problemática en el sector es más profunda, según Isabela, para quien los docentes están siendo sobrecargados con funciones que corresponden al Gobierno o a las familias.

“La estructura social familiar deja de cumplir su papel, la estructura gubernamental tampoco cumple todo como debería ser y eso sobrecarga la escuela”, explicó.

A eso se suman factores externos como la violencia y la inseguridad. Operativos de la Policía para combatir el crimen en las favelas, donde los tiroteos terminan por causar víctimas inocentes, entre ellos menores de edad, son continuamente criticados por los habitantes de esas barriadas.

Las escuelas también terminan en medio de estos conflictos. Aunque esporádicamente, Vaz ha tenido que presenciar enfrentamientos en Duque de Caxias, donde delincuentes han terminado invadiendo la escuela donde trabaja.

“La escuela es obligada a enfrentar un problema que no está preparada para lidiar, que es el problema de la violencia, (un problema) que acaba reflejándose en la escuela, en el profesional docente y también en los alumnos”, agregó.

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