José Mujica atraviesa la fase terminal de un cáncer de esófago

La noticia generó una profunda conmoción en Uruguay y en la región.

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El expresidente de Uruguay, José Mujica, de 89 años, atraviesa la fase terminal de un cáncer de esófago y permanece en su hogar, ubicado en el Rincón del Cerro, en las afueras de Montevideo, donde recibe cuidados paliativos. La noticia fue confirmada por su esposa, la exvicepresidenta Lucía Topolansky, durante el fin de semana. El objetivo, según explicó, es garantizarle una buena calidad de vida en este tramo final.

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“Estamos haciendo lo necesario para que viva este último pasaje lo mejor posible”, dijo Topolansky a la emisora Sarandí.

Mujica, una figura central de la política uruguaya e internacional, se refirió en enero a la gravedad de su diagnóstico. Señalaron que no era candidato a tratamientos agresivos debido a su edad avanzada y otras enfermedades crónicas. “Sinceramente, me estoy muriendo”, dijo en una entrevista con el semanario Búsqueda.

La noticia generó una profunda conmoción en Uruguay y en la región, y fue difundida inicialmente por el diario argentino La Nación, que fue una de las principales fuentes de seguimiento sobre el estado de salud del exmandatario.

Una vida pública marcada por la coherencia y la humildad

Mujica no concurrió a votar en las elecciones departamentales del domingo, hecho que marcó un quiebre simbólico. Desde 1985, cuando fue liberado tras pasar más de una década preso durante la dictadura, votó en cada comicio, incluso en condiciones de salud adversas. Esta vez, su estado físico no lo permitió.

El presidente de la República, Yamandú Orsi, lo visitó en la previa de los comicios y confirmó su gravedad. “Está mal”, dijo escuetamente. Posteriormente pidió respeto a su privacidad y destacó que Mujica sigue siendo una fuente de ideas, incluso desde su lecho.

Desde diciembre, Mujica vive con asistencia médica continua y redujo al mínimo sus apariciones públicas. Según declaró en enero, desea morir en su chacra, al pie de una sequoia donde también está enterrada su perra Manuela.

Su historia, recogida nuevamente por La Nación, recuerda la dimensión humana del político que desafió convenciones y se ganó el afecto del mundo entero.