
EE.UU. activó este miércoles, 4 de mayo de 2025, un incremento de los aranceles sobre el acero y el aluminio. Pasarán a duplicarse hasta el 50% y añaden más incertidumbre a las negociaciones con China o la Unión Europea (UE) para alcanzar acuerdos que pongan fin a la guerra comercial.
La subida decidida por el presidente, Donald Trump, promete afectar especialmente a países como Canadá, el gran suministrador de ambos metales a EE.UU.. Además a grandes productores de acero como México, Brasil, Corea del Sur o Vietnam, y también a China, el segundo país que más aluminio vende a la primera economía mundial.
Según la orden ejecutiva, la medida es necesaria para que dichas importaciones “no amenacen con perjudicar la seguridad nacional”.
El aumento “contrarrestará con mayor eficacia a los países extranjeros que continúan descargando excedentes de acero y aluminio a bajo precio en el mercado estadounidense, socavando así la competitividad de las industrias estadounidenses” del sector, señaló el mandatario en esa orden.
Para Trump, aunque los gravámenes del 25% facilitaron “un sostenimiento crítico de los precios” en el mercado nacional, todavía no permiten que estas industrias desarrollen y mantengan las tasas de utilización de la capacidad de producción que son necesarias para su fortaleza y las necesidades de defensa nacional.
Reino Unido no se verá afectado por la subida del 50% y sus aranceles se quedarán en el 25%, en virtud de un acuerdo bilateral del que se revisará su cumplimiento en julio por si hubiera que modificarlos.
El incremento al resto llega después de que los tribunales en EE.UU. comenzaron a poner trabas a gran parte de su política arancelaria -la referida a los mal llamados “aranceles recíprocos”- o de que el propio presidente, sin dar detalles, haya acusado a Pekín de vulnerar un acuerdo alcanzado a principios de mayo para rebajar temporalmente los gravámenes mutuos.
El anuncio de Trump ya fue replicado por las autoridades chinas, para las que Estados Unidos violó el pacto de Ginebra. Impuso lo que califica de medidas de “supresión extrema”, como nuevas restricciones sobre chips o la cancelación de visados a estudiantes chinos anunciada en la última semana.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistió el martes en que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, mantendrán esta misma semana una llamada telefónica que ayudará a desbloquear la situación, una posibilidad sobre la que de momento no se ha pronunciado Pekín.
Para anunciar ese incremento Trump eligió un escenario simbólico. Se trata de una planta en Pensilvania de U.S. Steel, acería a la que finalmente permitió aceptar la oferta de inversión de Nippon Steel para reavivar al que fuera el gigante estadounidense del sector.
El magnate neoyorquino y su predecesor, Joe Biden (2021 – 2025), rechazaron la propuesta inicial de la acería nipona. El sindicato mayoritario del sector en EE.UU. condenó hasta el último minuto la nueva oferta, que va a convertir a U.S. Steel en una subsidiaria de Nippon Steel pese a que la compañía conservará nombre y sede en Pensilvania.
Todavía se desconocen muchos detalles de un acuerdo que supuestamente no está aún rubricado, que implica una inversión japonesa de 14 000 millones de dólares en U.S. Steel y que Trump publicitó como una “asociación” y no como una “fusión” o “adquisición”.
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