
El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha soñado con inmortalizarse junto a George Washington y Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt, en Mount Rushmore. Lo ha dicho en privado y sus aliados han intentado hacerlo posible. Pero la roca, la historia y la técnica parecen decir otra cosa.
El expresidente Donald Trump ha manifestado en varias ocasiones que quiere ver su rostro esculpido en Mount Rushmore, el monumento tallado en la roca. Este rinde homenaje a cuatro de los líderes más emblemáticos de la historia de Estados Unidos.
Durante su primer mandato, le compartió ese deseo a Kristi Noem, entonces congresista por Dakota del Sur, quien hoy ocupa la Secretaría de Seguridad Nacional. Ella le regaló una réplica del monumento con su rostro incluido, gesto que simbolizó un anhelo político y personal.
Tras su retorno a la presidencia en 2025, el tema cobró nueva vida. Una congresista de Florida presentó un proyecto de ley para que el Departamento del Interior organice la incorporación de Trump al monumento. La propuesta está desde enero en el Comité de Recursos Naturales de la Cámara, sin avances legislativos.
A esto se sumaron declaraciones del secretario del Interior, Doug Burgum, quien aseguró en marzo que “definitivamente hay espacio” para tallar su rostro. La entrevista fue con Lara Trump, nuera del expresidente.
Sin embargo, el Servicio de Parques Nacionales —autoridad a cargo del sitio— afirma que Mount Rushmore es una obra concluida. En un comunicado, señaló que no existen superficies viables para nuevas esculturas, por razones tanto artísticas como geológicas.
Un estudio iniciado en 1989 identificó 144 fracturas en la roca. El ingeniero geomecánico Paul Nelson, responsable del sistema de monitoreo del monumento, advirtió que remover material para tallar otro rostro podría dañar los ya existentes. En sus palabras, “un nuevo rostro al lado de Lincoln podría costarle la nariz a Abe”.
Ante la imposibilidad física y simbólica de modificar Mount Rushmore, surgieron propuestas alternas. Trump ha impulsado un National Garden of American Heroes, con esculturas de 250 figuras de la historia nacional. No tiene ubicación fija, pero Dakota del Sur propuso instalarlo cerca de Mount Rushmore.
Además, una organización privada planea un centro educativo y conmemorativo en las Black Hills, donde podría figurar Trump como parte del legado contemporáneo de EE.UU.
Robin Borglum Kennedy, nieta de Gutzon Borglum —el escultor original— se opone firmemente a cualquier intervención en el monumento. Para ella, la obra representa ideales históricos y no debe ser modificada por razones políticas del presente.
“It was conceived as a tribute to the ideals of America, not to any one man” (“Fue concebido como un tributo a los ideales de América, no a un solo hombre”), dijo a The New York Times, diario que investigó y publicó todos estos detalles.
Aunque el expresidente mantiene viva la intención de dejar su huella en la roca más simbólica de EE.UU., los criterios técnicos, históricos y filosóficos hacen que esa aspiración sea inviable. Es probable que su legado se construya, sí, pero en espacios nuevos y diseñados para honrar a figuras del presente.