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¿Deben vacunarse las médicas y otras trabajadoras de salud embarazadas, expuestas al covid-19?

La neumóloga Belén Noboa teletrabaja desde hace dos semanas. Pero estuvo casi un año en primera línea. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

La neumóloga Belén Noboa teletrabaja desde hace dos semanas. Pero estuvo casi un año en primera línea. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

La neumóloga Belén Noboa teletrabaja desde hace dos semanas. Pero estuvo casi un año en la primera línea. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La neumóloga Belén Noboa, de 34 años, es parte del grupo considerado prioritario para la vacunación anticovid-19. Desde el 2020 ha atendido a contagiados. Pero optó por no acceder a las dosis. Lo hizo porque superó las 18 semanas (cuatro meses) de embarazo.

No se lo prohibieron en el hospital público en donde trabaja. Fue una decisión propia, ya que no se cuenta con estudios y evidencia científica sobre riesgos en diversas etapas de la gestación.

Tampoco -anota Noboa- se conocen los efectos adversos que podría generar la fórmula en el feto. Por ello, su alternativa fue seguirse cuidando, con medidas de bioseguridad.

En Ecuador, las autoridades sanitarias descartaron la vacunación de mujeres embarazadas y en periodo de lactancia. Además de los menores de 18 años, personas con inmunodepresión (ausencia de defensas), problemas de coagulación de la sangre o reacciones alérgicas. Quienes ya se contagiaron tampoco serán vacunados en estas primeras fases.

En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) indican que se puede ofrecer las fórmulas a cualquier persona, independientemente de que esté o no en estado de gestación.

Aunque advierten que los datos actuales sobre la seguridad de las vacunas en esta población son muy limitados o están en curso. Los fabricantes también están monitoreando evidencia de quienes participaron de los ensayos clínicos y quedaron embarazadas. Se esperan más detalles.

El organismo además reporta que los estudios realizados en animales (fase uno y dos) de Pfizer-BioNtech, Moderna o Johnson&Johnson no detectaron problemas.

Hasta el momento, solo la primera de esas casas farmacéuticas ha enviado cargamentos a Ecuador (más de 147 000 en cinco lotes, hasta la fecha).
“Las fórmulas de Moderna y Pfizer-BioNTech son de ARNm, es decir, no contienen el virus vivo que causa covid-19, por lo tanto, es más segura y no habría reacciones mayores”, indica el ginecólogo Francisco Cepeda. Él es jefe del área en el Hospital San Francisco, del Seguro Social.

En ese centro -indica- el número de gestantes o en periodo de lactancia no supera el 5% del personal. “Entiendo que sí se vacunaron contra covid-19”.
Las mujeres embarazadas tienen un mayor riesgo de sufrir una infección grave de covid-19. Y parece existir una relación entre la enfermedad y el riesgo de que se produzca un parto prematuro, dice la Organización Mundial de la Salud.

Pese a eso, también por la falta de datos, en este momento el ente no recomienda la vacunación de embarazadas.

¿Qué dicen otros especialistas? Si está embarazada y es parte del personal de salud debería barajar la posibilidad de inmunizarse, responde el internista Carlos Nieto, quien labora en el Hospital Metropolitano de Quito. Y pide a las futuras madres considerar: la exposición al virus, el riesgo para el feto y la información generada por las farmacéuticas.

“Si la mujer es profesional de la salud sí debería acceder a la vacuna, ya que está en contacto directo con el virus”.

La epidemióloga Andrea Gómez Ayora coincide en que hay que medir el costo- beneficio. “Si una persona se encuentra expuesta al riesgo sí se le recomienda vacunarse porque podría enfermarse gravemente o fallecer. Hay más exposición en algunas profesiones”.

La neumóloga Noboa, quien lleva 10 años de ejercicio, evaluó esos factores. Sin embargo admite que en su decisión pesó más la seguridad de su bebé. Es su primer hijo y lo espera con mucha emoción.

“Cambié de modalidad de trabajo, pasé de lo presencial a la telemedicina; ya no atiendo directamente a los pacientes con infecciones graves, como lo hice en 2020. Llevo dos semanas laborando desde casa, ya no tengo riesgo alto”.
Mayra Chango, enfermera, tomó una decisión similar: no acceder a las dosis, por la falta de evidencia científica. Ella se acerca ya a los siete meses de gestación. “No hay estudios que garanticen que mi bebé estará bien si me vacuno”.

Ella todavía acude al hospital público, en donde labora. Pero pasó a una de las áreas denominadas limpias. Así que no interactúa con pacientes infectados con SARS-CoV-2.

“Desde que comuniqué la situación me cambiaron de departamento. Pero, sigo cuidándome con las medidas de bioseguridad, como el uso constante de mascarillas, no tomo ningún transporte público”.

En el caso de las mujeres en periodo de lactancia, las alertas son similares. Desde el CDC se recuerda que en esta población no se han realizado estudios suficientes sobre seguridad de la fórmula, problemas secundarios en bebés alimentados con leche materna y efectos en la producción.

Una opinión contraria tiene José Guanotasig, docente y especialista en emergenciología. “Se conoce, dice, que las dosis no representan ningún riesgo para los infantes en periodo de lactancia”. No ocurre lo mismo con los medicamentos, subraya, que sí están contraindicados porque pueden causar efectos teratogénicos, es decir generar lesiones morfológicas o funcionales en el embrión.

La OMS sí desaconseja iniciar un embarazo durante los dos o tres meses posteriores a la vacunación.