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Hace unos días, el 15 de mayo de 2026, ‘Sarita’ (nombre protegido) cumplió 12 años. Su regalo iba a ser una sesión de fotos al estilo princesa. Así se lo había pedido a su madre. Pero no pudo ser, un tedioso proceso legal lo impidió, y en su lugar le dejó una llegada a la preadolescencia separada de su progenitora y un episodio de presunta violación sexual buscando justicia.
El ‘Caso Sarita’ o también conocido como ‘Caso Cristina’ lleva más de cuatro años sin una respuesta efectiva por parte de la justicia ecuatoriana. Así lo señala Sara Briceño, madre de la víctima, quien hoy exige la extradición desde Argentina del presunto violador, para continuar con el proceso penal.
También clama la custodia de su hija, quien se encuentra a cuidado de sus abuelos paternos.
En una entrevista con EL COMERCIO la madre y su abogado brindan mayores detalles de un caso que podría estar vulnerando los derechos de una menor.
El abogado Diego Orozco, representante de Briceño, señala que en estos momentos el proceso se encuentra suspendido. “En estos momentos ha concluído la segunda etapa del proceso penal. Luego de que una jueza de garantías penales haya emitido el correspondiente auto de levantamiento a juicio”, explica.
Ante la ausencia de la persona acusada no se puede continuar con el proceso legal. Es por esta razón que la madre de la menor y su abogado solicitan la extradición inmediata del procesado.
El presunto violador, identificado como Andrés S., se encuentra privado de su libertad en Argentina, donde fue aprehendido hace más de un año tras una notificación roja de Interpol.
Orozco explica que el presunto violador abandonó Ecuador cuando se inició la instrucción fiscal. Se habría trasladado por tierra hasta Buenos Aires, con la justificación de que iba a estudiar. “Posteriormente a eso hubo una audiencia de formulación de cargos donde la jueza de primera instancia, -pese a la gravedad del delito, a la contundencia de los elementos- no dio paso a la prisión preventiva”, refiere el abogado.
El abogado indica que desde su captura en Argentina, se inició el proceso de extradición sin tener respuesta alguna por parte del país latinoamericano. “Ecuador ha emitido los documentos correspondientes, ha emitido las garantías de que se le respetará la vida. Sin embargo, Argentina todavía no se pronuncia”, afirma Orozco.
El representante legal de la víctima hace un llamado a las autoridades de Ecuador para que se tramite con Argentina la extradición de Andrés S., y así tener una celeridad del caso. “Este es uno de los crímenes más detestables que existen… Es un delito sexual en contra de una menor de edad, es decir, atentaron contra su integridad sexual”, subraya.
En la cámara Gesell la menor habría reconocido a su agresor y habría revelado detalles perturbadores de lo que ocurrió. “En la cámara de Gesell la menor soporta una hora y media de preguntas de todos los sujetos procesales, es decir, de Fiscalía, de los abogados del procesado, de los abogados de la víctima. Las personas que conocen sobre derecho penal saben que en un contra interrogatorio sale la verdad“, expresa el abogado.
La menor, que ahora tiene 12 años, habría sido abusada sexualmente en el 2021 cuando solo tenía 7 años. Su presunto agresor en ese entonces tenía 19 años, es decir ya era mayor de edad.
El hecho se habría suscitado en casa de Patricio Z., papá de la menor y padrastro del presunto violador. Y no habría sido solo una vez, sino varias veces que violó a ‘Sarita’ en el segundo piso de la vivienda.
“Existe un peritaje médico-ginecológico en el cual dice que la menor tiene una exploración antigua, es decir, existió penetración. Es incuestionable de que esa menor fue violada”, especifica el abogado.
En ese entonces la menor estaba bajo el cuidado de su padre, mientras Briceño cumplía con un proceso de reinserción social, luego de haber sido privada de su libertad por el delito de concusión (un caso lejano al presente).
Bajo la denuncia de violencia psicológica, la menor fue arrancada de los brazos de su madre, el 13 de noviembre del año pasado, cuando se encontraban en un lugar público en la ciudad de Machala.
Según el abogado, luego de esto la niña fue enviada a una casa de acogimiento institucional. “El Código de la niñez dice que es la medida más cruel”, manifiesta. En este lugar existirían informes donde ‘Sarita’ deja expresado su deseo de regresar con su madre.
La tenencia en estos momentos la tiene el padre, pero la menor estaría con los abuelos paternos quienes viven en Puerto Bolívar. “Es descabellado sacarle a una niña y ponerle en un lugar donde esté en riesgo de que entre la persona que defiende al procesado a decirle que cambie de versión”, dice el abogado.
Durante estos seis meses el contacto entre madre e hija ha sido nula. Ni un mensaje, ni una llamada, ni una carta escrita. “Simplemente no quieren dejar que la niña le vea a su mamá. La niña a todas las personas les dice que quiere ver a su mamá, pero para ellos esto no importa”.
“Considero que está siendo dañada psicológicamente y que está siendo revictimizada”, agrega el abogado Orozco.
La madre confiesa que todos los días sueña con su hija. Dice estar consumiéndose en vida. El dolor y la desesperación marcan cada segundo de sus días desde que está lejos de su hija.
Amira, la perrita pequinés que le había obsequiado a su hija, se ha convertido en el refugio para la mujer. “Mamá, yo soy el rabito de cometa de la mamá”, recuerda que expresaba en repetidas ocasiones su pequeña.
Describe a su hija como una princesa, a la que le gusta bailar, cantar y dibujar. Para dormir, solían ponerse pijamas iguales. Ellas eran un gran equipo, afirma.
Briceño asegura que el lazo entre padre e hija no es estrecho, y que de hecho ellos tampoco mantuvieron una convivencia por largo tiempo. “Yo solo viví con el señor 9 meses, la niña me quedó tiernita”, menciona.
“Me separé del señor porque era demasiado violento, incluso fue preso porque a mí me pegó. Él estuvo preso 40 días”, agrega.
Tras la boleta de auxilio que impedía que el padre se acerque a ellas, volvió a tener contacto con su hija cuando ella tenía seis años, un año antes de la presunta violación.
Briceño entre lágrimas recuerda cuando en testimonio anticipado su pequeña expresó lo siguiente: “Yo no quiero que llegue la noche porque al llegar la noche sé que Andrés me va a hacer eso”.
“Le ponía un cuchillo en el cuello, le ponía cintas. Es por eso que me duele tanto porque me mataron a mi hija, le robaron su inocencia, me la mataron en vida, tan solo tenía 7 años”, menciona en un intento por articular las palabras, al narrar lo que su hija habría sufrido.
‘Sarita’ ama dibujar, por mucho tiempo ese ha sido su medio para expresar no solo su talento, sino también sus sentimientos. Briceño dice tener una galería completa en su refrigeradora.
Pero sus dibujos comenzaron a desentrañar algo oscuro hace cuatro años, cuando delataron la pesadilla que habría vivido en casa de su padre.
“Yo me enteré por medio de unos dibujos macabros, unos dibujos que tenían las piernas abiertas con unos cachos, unos monstruos (…). En el otro dibujo ponía las manos como amarradas, una niña de rodillas y puso ayuda y al lado un monstruo”.
Más adelante, los informes médicos forenses arrojaron el resultado que tanto temía : desfloramiento total antiguo. “Mi niña no fue solo violada una vez, sino casi todos los días”.
Briceño exige justicia, lo viene haciendo desde hace cuatro años. Ahora su sufrimiento es mayor al no tener a su hija consigo. “Quiero que esa persona pague por el crimen que cometió. Quiero que lo extraditen de qué me sirve que está preso si no llevamos la sentencia”.
Briceño dice estar sufriendo dos calvarios: “La violación de mi hija y la pérdida de mi hija que me la quitaron”.
Asegura y alerta que el lugar donde vive actualmente su primogénita es una zona de alta peligrosidad.
Sobre Briceño pesa una boleta de axulio que le impide acercase a la pequeña. Antes de culminar esta entrevista hace énfasis al decir: “Los niños no mienten”.


