27 de diciembre de 2020 00:00

Más líneas de crédito en la banca apuntan a las mujeres ecuatorianas

Yolanda Naranjo, cuencana, alista hilos y el material de trabajo en su taller de costura

Yolanda Naranjo, cuencana, alista hilos y el material de trabajo en su taller de costura. Foto: Lineida Castillo / El comercio

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Evelyn Tapia
y Lineida Castillo
Redactoras (I)

El préstamo de USD 3 000 es un compromiso asumido por todas las socias de la banca comunal Grupo Prosperidad, en Portoviejo, Manabí.

Margarita Solís, miembro de esa iniciativa, cuenta que las nueve mujeres del grupo saben que si una no paga a tiempo, perjudica a todas. Por ello, el 5 de cada mes todas cancelan su cuota y se reúnen al día siguiente para conversar sobre cómo van sus negocios.

Solís es comerciante desde hace 30 años. Para ella no ha sido sencillo acceder a la banca, pero ha demostrado que es buena clienta pagando al día.

Gabriela García, de 33 años, también se siente orgullosa de su historial de crédito. “Tal vez piensen que porque soy soltera y con dos hijos no puedo pagar un préstamo, pero yo trabajo, tengo mi negocio propio y siempre estoy al día con mis obligaciones”, contó.

Hace ocho años, García consiguió su primer crédito, de USD 1 000, para abrir un restaurante en Loja. En octubre pasado obtuvo uno nuevo, de USD 10 000, para mejorar un local de comida que ahora funciona en Quito.

Las mujeres son más responsables con sus deudas en comparación con los hombres, tienen una tasa de mora más baja, según tres de los bancos más grandes del país: Banco Pichincha, Banco Guayaquil y Produbanco.

Sin embargo, aún tienen menos acceso al financiamiento formal. De cada 10 créditos otorgados por estos tres bancos, entre tres y cuatro son para mujeres. Y en cooperativas, cuatro de cada 10, según la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria (SEPS).

Hay tres factores que explican esta realidad. El primero es que hay un mayor número de mujeres fuera del sistema financiero, es decir, que ni siquiera tienen una cuenta de ahorros a su nombre.

El segundo es que tienen menos activos a su nombre, lo que las limita en el momento de dar garantías para los préstamos, de acuerdo con un estudio publicado en el 2018 por el Banco Central del Ecuador (BCE).

Un tercer factor es la diferencia de ingreso económico: los hombres ganan un 20% más que las mujeres, según el Consejo Nacional de Igualdad y Desarrollo en Ecuador.

Todavía hay una brecha que se debe reducir en el acceso a financiamiento, pero la colocación para mujeres crece cada vez a mayor ritmo por el aumento de emprendimientos femeninos, explica Ángelo Caputi, presidente ejecutivo del Banco Guayaquil.

En esta entidad, el año pasado los préstamos para mujeres eran el 25% de la cartera; en el 2020 llegaron al 38%. Caputi dijo que en el microcrédito hay más equilibrio, la relación es de 50% para los dos géneros.

En otros segmentos, como el crédito para comprar vehículos y en el rango empresarial alto, las brechas son más altas y de cada 10 créditos los hombres reciben entre siete y ocho.

Verónica Gavilanes, gerenta general del área de Microfinanzas del Banco Pichincha, señaló que en esta institución el segmento con más participación del grupo femenino es el microcrédito, ellas tienen el 54% de esa cartera.

Gavilanes destaca que los principales destinos de esos fondos son: capital de trabajo y comprar activos fijos.

Es el caso de Yolanda Naranjo, cuencana, que accedió a un préstamo para su taller de costura. Por la pandemia, su producción cayó a la mitad y en junio pidió un préstamo de USD 2 000 para sacar adelante el negocio. Sonia Arequipa, en Quito, también pidió prestado capital a un banco este año, para tener más surtida su tienda y mejorar su emprendimiento.

Julio José Prado, presidente de la Asociación de Bancos Privados (Asobanca), dice que todos los bancos del gremio están trabajando en impulsar una mayor colocación de préstamos para mujeres, porque estas operaciones tienen un mejor impacto económico.

“Un dólar puesto en crédito para una mujer microempresaria es mucho mejor administrado que cuando va a un hombre”, comentó.

Prado agregó que inyectar más recursos para mujeres es fundamental de cara a la reactivación económica.

Aunque el segmento del mirocrédito es en el que hay menos desigualdad, este es que tiene la mayor tasa de interés.

El microcrédito se entrega a personas naturales o jurídicas con ventas anuales inferiores o iguales a USD 100 000, o a un grupo de prestatarios. La tasa máxima, según los subsegmentos de microcrédito, va desde 20,97% hasta 30,50%.

Para Gavilanes, el monto de préstamos que reciben las mujeres suele ser más bajo porque ellas son más cautas en el momento de tomar riesgos.

Pero también tiene que ver con su nivel de ingresos y la falta de garantías que poseen, dice Valeria Llerena, directora ejecutiva en la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo. La Superintendencia de Economía Popular y Solidaria cree que se deben po­tenciar los fondos de garantía que faciliten la entrega de recursos a quienes no cuentan con colateral.

“El acceso a más financiamiento para las mujeres permite mejorar las condiciones de equidad de género, les da más independencia económica y es un pilar fundamental dentro de la lucha contra la violencia doméstica”, argumentó la Corporación Nacional de Finanzas Populares y Solidarias (Conafips).

En este escenario, entidades nacionales e internacionales buscan inyectar recursos para que más mujeres reciban financiamiento.

Banco Pichincha y Banco Guayaquil, por ejemplo, han recibido este año fondos de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC), para incrementar las operaciones de crédito para mujeres.

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