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La familia de Juliana Campoverde transformó su vida en una lucha de siete años para hallarla

Elizabeth Rodríguez, madre de Juliana Campoverde, invitó a quienes la acompañaron a soltar globos blancos con el rostro de su hija al cielo, con la esperanza de que el mensaje le llegara a su 'July', donde quiera que esté. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCI

Elizabeth Rodríguez, madre de Juliana Campoverde, invitó a quienes la acompañaron a soltar globos blancos con el rostro de su hija al cielo, con la esperanza de que el mensaje le llegara a su 'July', donde quiera que esté. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCI

Elizabeth Rodríguez, madre de Juliana Campoverde, invitó a quienes la acompañaron a soltar globos blancos con el rostro de su hija al cielo, con la esperanza de que el mensaje le llegara a su ‘July’, donde quiera que esté. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

En una mañana como la de este domingo 7 de julio del 2019, Juliana Campoverde salió de su casa junto a su madre, Elizabeth Rodríguez, para ir a trabajar en el local de productos naturistas que tenía.

Ambas se despidieron en la avenida Mariscal Sucre y Ajaví y nunca más pudieron abrazarse. A Rodríguez se le quiebra la voz al recordar a la muchacha, quien nació el 21 de agosto de 1993 y no pasó su cumpleaños 19 con su familia.

“Siempre fue una niña muy cariñosa conmigo. No se merecía esto. A Juliana tienen que devolvérmela el Estado y las iglesias evangélicas que se burlaron de mi dolor. Yo no voy a permitir que el caso de mi hija quede en la impunidad ni tampoco voy a dejar de buscarla”, dijo la mujer esta mañana, durante un plantón que se realizó en la Plaza Grande, en el Centro Histórico de Quito, para recordar el séptimo aniversario de su desaparición. Se refería a Jonathan C., un pastor evangélico que enfrenta un juicio por la desaparición y muerte de la joven que tenía 18 años cuando se perdió su rastro.

Con el tiempo, la lucha de Elizabeth, Isabel y otras personas que sufren la tortura de no saber lo que ocurrió con sus seres queridos, inspiró a otras causas y colectivos. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

La madre invitó a quienes la acompañaron a soltar globos blancos con el rostro de su hija al cielo, con la esperanza de que el mensaje le llegara a su ‘July’, donde quiera que esté. “Juliana, presente ahora y siempre. Por nuestros muertos y desaparecidos ni un minuto de silencio, toda una vida de resistencia” fue el grito de la gente antes de soltar los globos. Lágrimas, gritos, solidaridad, abrazos, rabia, impotencia y dolor se fundieron en esa plaza que a diario es testigo de distintas luchas sociales y en búsqueda de justicia.

Entre los asistentes estuvieron sus hermanos Jannick P. y Ronny Campoverde, quienes han crecido con el dolor de la ausencia de Juliana. Ronny tenía 17 años cuando Juliana desapareció y afirma que la vida les cambió radicalmente desde aquel día. “Mi madre se ha convertido en una guerrera muy fuerte, de carácter firme, pero que se rompe cuando llega a casa y encuentra las fotos de mi hermana pegadas en esa casa que nunca volvió a estar completa desde que Juliana se fue”.

A él le costó mucho continuar con su vida. No podía concentrarse en sus estudios y ahora, a sus 24 años, está logrando estudiar Geología, en Rusia. “Nos tocó madurar pronto y adaptarnos a una realidad muy triste, pero debemos ser firmes en la lucha, dar pasos de elefante por ella”, dijo.

La incertidumbre de la desaparición de Juliana los unió a otras familias que también perdieron el rastro de sus seres queridos. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Ronny afirma que son muy pocos los recuerdos que su hermano pequeño conserva de Juliana, porque tenía cinco años cuando desapareció.
Por eso le gusta contarle anécdotas e historias de esos años felices y llenos de paz en los que el pequeño la acompañaba al local y ella era una guía para ambos en la vida.

Hoy, Jannick tiene 12 años y grita junto a la familia el nombre de su hermana, con la esperanza de que un día ella pueda descansar en paz. Jonathan C. ha dicho que ella murió por un golpe de una caída, en medio de una supuesta discusión, aunque pasó años negando tener relación con el crimen en contra de la joven.

La incertidumbre de la desaparición de Juliana los unió a otras familias que también perdieron el rastro de sus seres queridos. Ellos son parte de los primeros integrantes de Asfadec, la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador.

Actualmente, Isabel Cabrera es su presidenta quien no encuentra a Leonor, su madre. “El largo camino de lucha ha sido duro, pero nosotros seguimos adelante porque somos personas unidas. No hemos claudicado, seguimos al frente de esta lucha y exigimos al Estado justicia y verdad por nuestros desaparecidos y que cumpla con su obligación de dar seguridad a las familias. Estamos cansados de que la justicia y parte de la sociedad se hagan ciegos, sordos y mudos ante nuestro dolor”, dijo.

Con el tiempo, la lucha de Elizabeth, Isabel y otras personas que sufren la tortura de no saber lo que ocurrió con sus seres queridos, inspiró a otras causas y colectivos. En el plantón de hoy, como desde hace un año y medio aproximadamente, la plataforma Vivas nos queremos se sumó para apoyar a la familia de la joven juliana, quien al momento de su desaparición tenía 18 años.

Jeaneth Cervantes es parte de ese colectivo feminista y afirma que decidieron acompañar a Elizabeth y a los demás integrantes de Asfadec porque son un referente de la lucha por justicia en casos de crímenes en contra de mujeres y son sobrevivientes.

Mientras Elizabeth, Ronny y Jannick gritaban en la Plaza Grande, Absalón Campoverde, el padre de Juliana, no tuvo fuerzas para salir de su casa en este día.

En la tarde quiso respirar un poco, luego de pasar una mañana entre lágrimas, recuerdos y oraciones. “He pasado todo el día encerrado y pidiéndole a Dios, que es lo único que puedo hacer ahora. Tengo la esperanza de que el 17 de julio (cuando se reinstalará la audiencia de juzgamiento) el Tribunal pueda hacer justicia al fin. Tratamos de sobrellevarlo y seguir, no podemos claudicar a estas alturas. Hemos dado un paso grande y de ser cierto que mi ‘July’ ya no está en este mundo – porque dicen que la mataron-, la justicia es lo único que nos dará calma”.

Sus familiares esperan que, de confirmarse la muerte de la joven, Jonathan C. sea sentenciado y que les devuelva los restos de su hija para poder darle una sepultura digna y que finalmente ella pueda descansar en paz.