H. González, un militar que es el motivador de la Tri

Fabián Alarcón. Redactor [email protected] Hólger González recibió como premio al “el mejor compañero”, un anillo de oro, que aún conserva. Esto sucedió al final del curso de oficial en la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro (Esmil), en el norte de Quito. Es solo una muestra del carácter del preparador físico de la Selección. González es el motivador dentro del combinado nacional. Él es quien constantemente arenga a los seleccionados y es quien, de todo el cuerpo técnico, tiene mejor relación con los jugadores. “Es una gran persona. Lo considero incluso como un padre”, opina sobre González el juvenil Jefferson Montero. Ambos estuvieron con la Tri Sub 20 en el título Panamericano de Fútbol que consiguió Ecuador en Río de Janeiro 2007 y también compartieron momentos en el combinado Sub 17 que disputó el Sudamericano en Ecuador. Montero hoy es uno de los futbolistas con proyección del país. Esta buena relación con los seleccionados es evidente dentro de los entrenamientos. Además d

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Fabián Alarcón. Redactor  
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Hólger González recibió como premio al “el mejor compañero”, un anillo de oro, que aún conserva. Esto sucedió al final del curso de oficial en la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro (Esmil), en el norte de Quito. Es solo una muestra del carácter del preparador físico de la Selección.

González es el motivador dentro del combinado nacional. Él es quien constantemente arenga a los seleccionados y es quien, de todo el cuerpo técnico, tiene mejor relación con los jugadores.

“Es una gran persona. Lo considero incluso como un padre”, opina sobre González el juvenil Jefferson Montero. Ambos estuvieron con la Tri Sub 20 en el título Panamericano de Fútbol que consiguió Ecuador en Río de Janeiro 2007 y también compartieron momentos en el combinado Sub 17 que disputó el Sudamericano en Ecuador. Montero hoy es uno de los futbolistas con proyección del país.

Esta buena relación con los seleccionados es evidente dentro de los entrenamientos. Además de realizar los ejercicios con los jugadores, juega y bromea con ellos. “No es solo un profesor, es un amigo”, asegura Christian Noboa, volante del Rubin Kazan ruso.

El vínculo que ha logrado con los seleccionados ha originado que estos asistan a su casa, en el valle de Los Chillos, para compartir almuerzos o cenas, en donde intercambian sus vivencias.

Conocer íntimamente a los jugadores y procurar ayudarlos  ha sido su secreto para ser considerado más que un profesional del fútbol. “Se merecen respeto y consideración, porque ante que futbolistas, son seres humanos”, pregona González.

El Mayor, antes de cada partido o durante los entrenamientos, motiva a los seleccionados con frases como esta: “recuerden el cariño al país, a la raza, a la gente que los quiere y piensen en el deporte que aman”.

Para poder llegar a este grado de comprensión, González debió superar primero la barrera de la incredulidad. Los jugadores experimentados creyeron que el cuerpo técnico nacional no estaba capacitado para asumir tremendo reto.

Entonces, como estrategia, se ganó primeramente la confianza de los líderes de la Tri, Iván Hurtado, José Cevallos, Geovanny Espinoza, Édison Méndez, quienes incluso han visitado al profesional en su domicilio, como se cuenta anteriormente.

Luego, por su carácter espontáneo y amiguero, compartió momentos divertidos con los más risueños de la Selección: Néicer Reasco, Walter Ayoví, Segundo Castillo, Joffre Guerrón, Jorge Guagua, Carlos Tenorio, quienes extendieron la personalidad del profesor al resto del grupo.

Ahora los controla, vigila y aconseja. Incluso los acompaña a realizar trámites personales. Ese afecto que sienten los seleccionados hacia el preparador físico está estampado en las camisetas que guarda en el clóset de su casa.

En un cuarto ‘deportivo’ -porque tiene múltiples fotos suyas con futbolistas y en diferentes torneos- posee camisetas de los clubes en los que los ‘legionarios’ actuaron o actúan: del Wigan, con la firma de Antonio Valencia; del Manchester City, con la dedicatoria de Felipe Caicedo… incluso una con la rúbrica del astro brasileño Robinho. También hay dedicatorias de Hurtado, Espinoza, Cevallos…, como pruebas de esa buena relación.

Al verlo, no parece un típico militar, mal genio o desafiante. Al contrario, aunque luce rostro de ‘bravucón’, es un tipo que irradia alegría y tranquilidad. ¿Por qué? Las adversidades que atravesó desde cuando era niño y el entorno que lo rodeó, influyeron para que su carácter sea jovial y optimista.

Una de ellas fue la  muerte de su padre, Gustavo González, quien falleció en un accidente de tránsito cuando él tenía  dos años. Gustavo descansaba en su casa, en Milagro, de donde es oriundo Hólger. Era la tarde el 21 de julio de 1970. Un grupo de amigos lo fueron a ver para viajar a Guayaquil a presenciar el espectáculo de los basqueteros estadounidenses Globetrotters. Pero la camioneta en la que viajaban se chocó.

Su madre, Ana Campoverde, decidió llevarlo a Quito cuando tenía cinco años. En el bar restaurante Roxy Bar, ubicado en el sector de Santo Domingo, en el centro de la ciudad, de su abuela materna Emma Campoverde, tuvo la suerte de conocer jugadores de entonces, figuras de El Nacional como al golero Carlos ‘Bacán’ Delgado. Él le regaló un llavero del club militar. “Lo veía como un chico sonriente y alegre”, cuenta su progenitora.

Allí, con zapatos de lona, González jugaba fútbol con lustrabotas y cuidadores del carro del sector. “Nunca tuvo problemas para relacionarse con la gente”, recuerda Franz Guzmán, un ex compañero de la misma promoción en la Esmil.

El carácter que hoy tiene lo forjó en las canchas. Aunque tenía el gusto del fútbol  corriendo por sus venas, deportivamente se destacó como  basquetbolista. Desde primer grado hasta sexto curso, estuvo en el colegio La Salle, en donde toda su familia se graduó, a excepción de él.

Primos, hermanos, tíos, todos pasaron por esta institución, pero por ser un chico hiperactivo, no fue admitido para el sexto curso. Gustavo, su hermano mayor, fue uno de sus mentores y le aconsejó que ingrese al colegio Andino.

Allí, González consiguió con la selección de básquet el primer título de esa institución a escala intercolegial, en 1987. Compartió la cancha con una de las glorias de este deporte, como Diego Romo. Luego, siguió su carrera basquetera en el club La Salle, de forma profesional.

Entonces afloró sus dotes de motivador. “Se adaptó muy bien al grupo. Siempre fue extrovertido y sociable. Esa alegría contagiaba al equipo. En solo un año se ganó el cariño de los compañeros y unió al grupo. Así quebramos la hegemonía del colegio Mejía”, recuerda Romo.

Sus compañeros de equipo lucían zapatos de marcas internacionales como Nike o Fila, pero González disfrutaba del baloncesto con unos zapatos de marca nacional, Kit. “Nunca se sintió de menos que nadie”, agrega Romo.

Esa metodología o filosofía de vida que lo hicieron famoso en su época colegial, González la ha llevado al interior de las selecciones donde ha trabajado, hasta la actualidad con el combinado mayor.

Para alcanzar el cargo que tiene hoy, González ingresó a los 18 años a la Esmil para iniciar la carrera militar. Pasó por los grados de Teniente, Subteniente, Capitán hasta convertirse en Mayor, rango que actualmente posee. Y como estudiante de educación física en la Federación Deportiva Militar, retornó a su pasión futbolera.

En 1998 tuvo sus primeras experiencias como preparador físico en los clubes Santos y Audaz Octubrino, ambos de El Oro. En 2004 se unió a los entrenamientos del combinado Sub 15.
En su camino se cruzaron el coronel Galo Moscoso, ex presidente de los ‘puros  criollos’, quien le otorgó la autorización para que se vincule a la Ecuafútbol. Y Vinicio Luna, ex coordinador de selecciones.

Pero antes de esta experiencia, tuvo una faceta de formador. En el parque La Carolina, de Quito, se instaló una escuela de fútbol gratuita, que se mantuvo con donaciones voluntarias y con dinero que salió de su bolsillo. Los Galácticos Rojos era su nombre.

José Tejada, padre de Andrés, uno de los beneficiados, lo recuerda claramente y vive agradecido por haber formado a su hijo, aunque la escuela duró seis meses.

Andrés Tejada, hace un mes obtuvo un título Panamericano de Karate en San Salvador. “(González) Les metió en la cabeza de que todos son capaces de lograr lo que quisieran. Mi ‘enano’ tiene esas palabras siempre en su mente y por eso ganó esa medalla de oro. Yo también doy gracias a sus palabras que hasta ahora hacen eco”, sostiene José.

Desde 2004 hasta 2007 hizo una especia de conscripción como preparador físico en las selecciones Sub 15, 17, 18 y 20. Trabajó con los técnicos Javier Rodríguez, Homero Mistral Valencia y Sixto Vizuete, su compañero de fórmula en la selección mayor.

“Siempre sale sonriente, porque cuando sale mal genio, le va mal”, asegura su esposa, Paola Cabrera. “La vida me enseñó a ser solidario y amiguero”, agrega el PF.

Hoy, aunque no recibirá un aniño de “buen compañero” en la Selección, al menos recibirá las sonrisas y la confianza de los jugadores.