10 de septiembre de 2018 00:00

23 grupos delictivos ordenan crímenes desde cárceles de Ecuador

El 5 de junio, una pelea entre bandas dejó tres muertos en la cárcel de Esmeraldas. Foto: Archivo / EL COMERCIO

El 5 de junio, una pelea entre bandas dejó tres muertos en la cárcel de Esmeraldas. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

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Los inhibidores de señal telefónica y la prohibición de ingreso de teléfonos celulares en los Centros de Rehabilitación Social (CRS) de Guayaquil, Cuenca y Latacunga no son impedimento para que 23 bandas criminales sigan operando en el país. El ingenio y la cooperación de las células de su organización, aún no detenidas, son la pieza clave para el cometimiento de ilícitos.

En la ciudad de Guayaquil, por ejemplo, los privados de la libertad usan tramos de alambre de cobre conectados a las rejas de hierro para alcanzar la señal telefónica y contactarse con el exterior. Los celulares ingresan por partes, que después son armadas. Así lo sostuvo César Peña, fiscal de garantías penales.

Los equipos más usados son los modelos que tienen mayor cobertura telefónica y se pueden desarmar. Los visitantes camuflan las piezas entre sus partes íntimas o pagan a funcionarios de la fuerza pública para que escondan los aparatos y los ingresen. Justamente, en agosto pasado, agentes de la Unidad de Inteligencia Penitenciaria (UIP) de la Policía Nacional descubrieron en la cárcel del Puerto Principal a un uniformado con un equipo entre el chaleco antibalas.

Sin embargo, esta no sería la única modalidad para que bandas como Los Gorras, Choneros, Los Meza, Sayayín ejecuten extorsiones, cobros, robos y hasta asesinatos fuera del sistema carcelario. Según Peña, se han detectado casos de detenidos que aprovechan las visitas conyugales para enviar, a través de sus parejas, órdenes para sus socios.

Solo en lo que va del 2018, tres asesinatos se cometieron desde la regional de Guayaquil.

Uno, señaló Peña, fue cometido supuestamente por la banda de Los Gorras. El otro crimen lo planificó un detenido junto con su pareja sentimental, ambos enviaron a asesinar al esposo de ella. Y el último salió desde la cárcel de mujeres, en el cual la presunta líder de una organización aparentemente ordenó matar a la exdirectora Gavis Moreno.

El 2 de junio pasado, en la cárcel de Santo Domingo también murió un detenido.

Tres días después, una pelea entre bandas dejó tres muertos y 33 heridos en la cárcel de Esmeraldas.

No obstante, los delitos también ocurren desde las celdas.

Según información de la UIP, los crímenes más comunes son la extorsión, microtráfico, riñas, violación, asesinato y tentativas de asesinato.

Cifras de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida (Dinased) señalan que a escala nacional, de enero al 5 de septiembre de este año, van 12 asesinatos ocurridos en las cáceles. En el mismo período del 2017 se registraron siete muertes.

Un agente de la UIP detalló que el escáner vehicular del CRS de Guayaquil no funciona. El uniformado sostuvo que por ese motivo algunos productos como armas blancas, droga, dinero, cigarrillos y licor son camuflados entre herramientas para los talleres, medicinas o alimentos.

Entre los mecanismos detectados por los agentes para el ingreso de estos artículos están las ‘mulas’ humanas, el lanzamiento de los objetos desde el exterior del CRS y el reclutamiento de servidores públicos. Solo en la regional de Guayaquil, según cifras de la UIP, en lo que va del año se han decomisado 148 celulares y se detuvo a 28 personas en delito flagrante.

Las bandas criminales, en su mayoría, se agrupan y hasta se asocian entre sí en el interior de los centros. En gran porcentaje son lideradas por los hombres. Sin embargo, en la CRS de mujeres existe una: la de Gerald, según el Fiscal. Esto puede entenderse en gran medida por la diferencia en el numérico de privados de la libertad según cifras del Ministerio de Justicia: 35 193 hombres versus 2 944 mujeres a nivel nacional.

La relación delictiva se da incluso a la inversa. El fiscal develó que existen bandas que planifican asesinatos desde afuera al interior de la cárcel. De acuerdo con las investigaciones procesales se llega a determinar el grado de participación en los ilícitos.

Según Peña, el registro de visitas permite establecer la relación y los nexos que se realizan. No solamente son las parejas sentimentales quienes hacen el puente entre el líder y la organización, también existen miembros de la organi­zación quienes acuden a ver a sus ‘jefes’.

Esta realidad no es ajena al conocimiento de las autoridades que controlan el sistema penitenciario. La viceministra de atención de privados de la libertad, Liliana Guzmán, confirmó a este Diario la presencia de bandas delictivas en las cárceles del país.

Guzmán sostuvo que un 25% de los presos no se adscriben a los programas de rehabilitación con los que cuenta la entidad. Ese porcentaje más bien “piensa la manera de cómo ingresar droga o generar riñas dentro de las penitenciarías”. Incluso habría reos que se meten a talleres exclusivamente para ingresar objetos ilícitos entre los materiales que necesitan para la práctica.

La funcionaria explicó que generalmente las bandas delictivas se organizan o se crean afuera. Al detenerlos, se reagrupan en el interior. No obstante, buscan reducir -mediante la Unidad de Inteligencia Penitenciaria- los conflictos que se producen entre los grupos criminales.

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