Un nuevo incidente se registra en la Penitenciaría d…
A dos años de la aprobación del matrimonio igualitar…
SRI no requerirá firma electrónica para trámites en línea
Precio de gasolina extra y ecopaís subió 18,8% en cu…
Balnearios de Salinas, Manta y Playas reciben turist…
Clausura de 9 establecimientos y suspensión de event…
Policía encuentra a niña que había sido reportada co…
Familias acudieron al Parque Bicentenario, este sába…

Fernando Vega: ‘Estos gobiernos progresistas gastan y disipan mucha energía’

Fernando Vega (Cuenca, 1946) fue ordenado sacerdote católico en 1973 y en 2010 fue suspendido. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Fernando Vega (Cuenca, 1946) fue ordenado sacerdote católico en 1973 y en 2010 fue suspendido. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Fernando Vega (Cuenca, 1946) fue ordenado sacerdote católico en 1973 y en 2010 fue suspendido. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

¿Cuál es la diferencia de pensar un proyecto y ponerlo en práctica, como pasó con los gobiernos de izquierda en la región?

Cuando se trata de proyectos en los que el ser humano actúa sobre la naturaleza y construye algo, pues es mucho más fácil, si se tiene la tecnología y más, pues el proyecto se hace sí y no hay corrupción, es más fácil. Los proyectos sociales y políticos son mucho más complejos.

Es decir, hay variables que lo hacen inestable…

Cualquier proyecto político no tiene control de todo lo que va a pasar, porque se requiere el concurso de muchas voluntades. Un ejemplo: en este momento las políticas sobre el control de la pandemia dependen muchísimo de lo que la gente haga. Entonces, todo se evalúa al final; si el proyecto cumplió o no, si realizó o no la transformación propuesta, y si mejoró la situación. La pregunta es si realmente el proyecto progresista en la región transformó o instauró un nuevo orden social, y eso solo la historia se encarga de validarlo.

Esos procesos se vendieron como revolucionarios y liberadores…

Si vamos a los resultados, no ha sido ni una cosa ni la otra. No ha sido revolucionario porque, a reconocimiento de los propios líderes, no lo han intentado. Básicamente hemos seguido trabajando dentro del paradigma hegemónico capitalista que históricamente le ha vencido al proyecto del comunismo real que no se consolidó.

Diría que en América Latina se ha producido un cambio bastante homogéneo con el que Correa trató de confundir, pues decía que la década ganada se demostraba porque la clase media creció. No era cierto, porque Colombia y Perú, con distinto modelo económico, tuvieron el mismo crecimiento por los altos precios de los ‘commodities’ y el crecimiento poblacional que genera más consumo y producción. El 32% del voto duro correísta está en una clase media inflada por la burocracia, y en los sectores más pobres atendidos con subsidios que funcionaron para crecer un clientelismo político. Ahí no hubo liberación.

Puro marketing…

Voy a introducir una categoría clave: la entropía, que es una medición de la eficiencia y la eficacia con la que se usa la energía y diría que estos gobiernos progresistas latinoamericanos han sido muy entrópicos, es decir, gastan mucha energía y disipan mucha energía. Correa y el resto de gobiernos de ese corte se feriaron la energía económica, política y social, por un exceso de vanidad y codicia.

Los gobiernos progresistas incurrieron en una construcción de una posverdad, de realidades alternas. En el paso del gobierno de Correa al de Lenín Moreno se maquilló todo. No había cifras seguras de deuda ni de pobreza, se daban como ciertos unos supuestos éxitos, pero la historia niega el discurso y la propaganda. Además, se construyó un sistema de corrupción que tomaba prácticas de otras épocas y lo mejoró. No cabe duda que en los entretelones del discurso revolucionario regional se escondían ­codicia, oportunismo y una falta de ética enormes.

Ante eso, una transición resulta compleja…

Existe una acumulación de cosas mal hechas y de cosas que no se hicieron. Ahora, hay que entender que a ese camino recorrido se suma el tema de la salud, que no solo tiene que ver con el covid, es la salud mental, social y ética. ¿Se puede resolver eso en 100 días o en cuatro años? No se puede, porque hubo cosas que se dejaron de hacer o se hicieron mal. Rafael Correa tuvo mejores condiciones y se ferió todas sus oportunidades. Lenín Moreno igual, porque en vez de ser una transición fue una mezcla de ruptura con Correa pero también de continuidad, porque ahí seguían los revolucionarios reciclados persiguiéndose mafiosamente.

¿La transición empieza el 24 de mayo?

Va a haber un intento de cambio de modelo. Ahora sube al poder alguien que tiene otra forma de ver el mundo. Insisto, las condiciones en las que empieza este proceso son terriblemente complejas y difíciles, de tal manera que no creo que el próximo gobierno pueda saber si es un nuevo gobierno de transición o no. En definitiva, como hemos decidido que el tema del éxito o fracaso de un gobierno es tener plata, entonces como no hay, se la sacará del bolsillo de los ecuatorianos, estamos compelidos a seguir el extractivismo que destruye el futuro, que corta otras alternativas de desarrollo, que jode a la naturaleza y destruye la vida de los pueblos.

¿Ya no hay capital venezolano para sostener a estos gobiernos, hay alguna otra forma de influencia?

La presencia del capital del narcotráfico. El narcotráfico tiene más dinero que muchos en algunos países. Y además, por Ecuador pasa el 30% y que esta gente recibe el pago en especie y por lo tanto lo tiene que mercar dentro
del propio país.

Hoja de vida

Fernando Vega (Cuenca, 1946) fue ordenado sacerdote católico en 1973 y en 2010 fue suspendido, por su participación política en una curul de la Asamblea Constituyente de Montecristi; desde el 2016 pasó a la vida laica. Tiene una licenciatura en Ciencias Químicas por la Universidad de Murcia y otra en Teología en la Universidad de Granada. Ha sido profesor investigador de la Universidad de Cuenca.