9 de junio de 2020 18:04

¿Afectará a los niños de preescolar que sus padres vuelvan al trabajo presencial?

Joaquín, de tres años, realiza un experimento para mejorar su desarrollo sensorial en casa. Lo acompañan sus padres, guiados por un vídeo, que envió su maestra.  Foto: Archivo particular.

Joaquín, de tres años, realiza un experimento para mejorar su desarrollo sensorial en casa. Lo acompañan sus padres, guiados por un vídeo, que envió su maestra. Foto: Archivo particular.

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Yadira Trujillo

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Los preescolares no pueden volver a los centros infantiles, que permanecen cerrados por el covid-19, pero sus padres tienen que regresar al trabajo presencial, en ciudades como Quito, que se encuentran en semáforo amarillo y en donde las actividades económicas se retoman poco a poco.

Para este regreso –señala la psicóloga especializada en niños, Cristina Orbe– lo fundamental es que los papás se tomen un tiempo para contarles a sus hijos que no les van a ver por unas horas del día porque tienen que trabajar, pero que van a regresar a determinada hora.

La psicóloga también recomienda usar objeto transicional. Se refiere a un juguete u otro objeto de mamá o papá que le guste al niño, por ejemplo una prenda de vestir que pueda tocar –explica– para que el pequeño sepa que sus padres van a volver y estarán al pendiente de él, diciéndoles cosas como “cada vez que estés triste piensa que ya mismo estaré contigo”.

Los niños, según la especialista, usan este tipo de objetos para relajarse un poco, lo que servirá hasta que vuelvan a adaptarse a la nueva normalidad, en la que ya no estarán las 24 horas con sus papás.

Orbe señala que si los padres salen de casa sin explicar la situación, los niños se asustarán y no sabrán por qué desaparecieron mamá y papá. “Probablemente se queden llorando pero será más fácil tranquilizarse por la promesa de que va a regresar y el objeto es la garantía que tiene el niño de eso”.

También es importante que se mantengan las rutinas, con horarios para el sueño, el baño o las comidas, señala la representante de la Corporación de Centros Infantiles Privados del Ecuador (Crecipe), Lourdes Hernández.

Además –indica– los niños deben involucrarse en las actividades de la persona que se quede a cargo de su cuidado. “Si la abuelita tiene que cocinar, que el pequeño cuente los granos hasta 10, que pele una mandarina, un choclo, que discrimine alimentos por tamaño: grande mediano pequeño, en platos”.

De esta forma –dice Hernández– se divierten y repasan lo que aprenden. Sin embargo, la representante de Crecipe asegura que no es la misma interacción que los niños tienen con sus pares y que necesitan, tras casi tres meses de encierro. “Los niños requieren salir y estar activos para fortalecer su sistema inmune. No tienen la atención necesaria de los padres porque con el teletrabajo ya no tienen horarios, les llaman a cualquier hora del día”.

A Crecipe pertenecen 74 centros infantiles de Quito e Ibarra y están por unirse más de Guayaquil, Cuenca y Ambato. El gremio -señaló Hernández- presentó un protocolo para la reapertura de centros al Ministerio de Educación y esperan una respuesta de la Cartera.

Las clases en el régimen Sierra y Amazonía, en el ciclo 2019-2020, terminarán de modo virtual, según se estableció, para reducir riesgos de contagio de covid-19. Además las autoridades aún no han definido fechas para el retorno progresivo a los establecimientos. Incluso han dicho que se mantendrá la opción de educación a distancia, más la semipresencial.

Para el protocolo -dice Hernández- se basaron en documentos y asesoría de expertos. Incluyeron el uso de bandejas para la desinfección de calzado y de termómetros, la disminución del aforo y la aplicación de pruebas para covid-19 al personal de los centros.

La representante de Crecipe señala que tomaron como referencia las acciones europeas, en donde los lunes, miércoles y viernes va un grupo de niños y los martes, jueves y sábado, otro grupo. “En otros casos se atiende a un número de niños en la mañana y a otro en la tarde, ya que las empresas también tienen turnos porque están con aforos restringidos”.

Los padres que retomarán el trabajo presencial -señala la representante de Crecipe- preguntan con desesperación cuando abrirán guarderías y centros infantiles. “La presión de los padres es inmensa. Si queremos cuidar a nuestros niños debe ser en espacios calificados.

En redes sociales ahora todo el mundo se ofrece para cuidar niños.

Si no nos dejan trabajar están desarrollando un mercado clandestino. Somos aliados estratégicos del Gobierno en educación inicial porque ayudamos a sostener la demanda en este nivel”.

Este martes 9 de junio del 2020, Daniela Donoso prepara todo para volver al departamento en el que vive con su esposo y su hijo Joaquín, de tres años. Ellos permanecieron en confinamiento en casa de los abuelos paternos del niño, en donde él contaba con un patio para jugar y correr. “Mañana volveremos a la realidad del departamento”, dice Daniela.

La madre volverá a trabajar presencialmente mañana miércoles 10 de junio del 2020 y dejará a su pequeño al cuidado de su madre, quien -asegura- no está en capacidad de dar a su hijo la educación que recibía en el centro al que acude desde los nueve meses. “He llamado desesperada para saber si abrirán, sé que mi hijo estará bien ahí”.

Desde que dejó de asistir al centro, la madre asegura que ha notado cambios en el comportamiento de Joaquín. “Se ha vuelto intolerante”. Ella dejó de pagar la pensión hace dos meses, ya que -asegura- su hijo dejó de tener interés por las dos clases virtuales que tenía a la semana.

También hay quienes prefieren que sus hijos permanezcan en casa para evitar exponerlos al coronavirus. La directora y propietaria del Centro Infantil Caritas Alegres, Mercedes Narváez, asegura que los padres de los niños que asistían a ese centro están de acuerdo en que no se abra hasta que exista total seguridad para los 28 niños y las cinco maestras.

En ese centro reciben niños desde un año y ocho meses hasta los seis. “Tener a dos niños de diferentes familias en el mismo lugar ya es un riesgo”, señala Narváez.

Los niños -reconoce- no pueden quedarse encerrados y deben desarrollar su inteligencia emocional y la socialización de forma didáctica y práctica. Tampoco pueden estar mucho tiempo frente a pantallas.

Por eso las clases 'online' están dirigidas a niños a partir de tres años, siempre en compañía de un adulto, que es quien se capacita para ayudar en la estimulación de los pequeños.

En el Centro Infantil Pakarina se analiza la posibilidad de reapertura de los servicios presenciales, una vez que la curva de contagios se haya estabilizado en Quito y siguiendo las disposiciones del COE cantonal y bajo el asesoramiento de su personal médico, señala Carol López, directora del centro.

Cada familia -señala- tiene necesidades diferentes y no siempre hay personas cercanas y de confianza que puedan ayudar con el cuidado de los niños. “Actualmente hay mucho miedo de parte de los padres por la posibilidad de que los niños enfermen si salen de casa, pero saben también que dejarlos solos o al cuidado de personas no capacitadas no es la mejor opción”.

Para aquellos padres que deben volver al trabajo presencial, la educadora recomienda relacionar la hora de regreso de los padres a casa con una actividad que forme parte de la rutina del niño. Esto -explica- ayudará al entendimiento y manejo del tiempo. “Por ejemplo decirle, cuando despiertes de tu siesta en la tarde yo estaré de regreso en casa”.

También sugiere validar la emoción del niño, no reprimirlo. “Entender que es normal si se siente triste o si extraña a los padres”. Usar cuentos -dice- es un recurso beneficioso para ayudarlos a expresar sus emociones.

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