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El emprendimiento de las Pachaqueer, en Quito, está clausurado, en el mes del Orgullo Lgbtiq

El emprendimiento de las Pachaqueer, que se inauguró hace apenas tres meses, queda a una cuadra de la Plaza Foch, en Quito, contaron MoTa & CoCa (izq a der), este 15 de junio del 2021. Y fue clausurado el viernes 28 de mayo, justo al mes del Día del Orgullo Lgbtiq. Foto: Cortesía

Mujeres con barba -como muchos las ven- o “cuerpas feminizadas, monstras” -como se autodeterminan MoTa & CoCa, las Pachaqueer– no suelen ocupar cargos en bancos, en farmacias, en supermercados o en instituciones públicas. Por eso reclaman por el cierre de su local de comida rápida, conocido como La Guarida Frita.

El emprendimiento, que se inauguró hace apenas tres meses, queda a una cuadra de la Plaza Foch, en Quito, contaron ambas, este martes 15 de junio del 2021. Y fue clausurado el viernes 28 de mayo, justo al mes del Día del Orgullo Lgbtiq, que se conmemora cada 28 de junio, en el mundo.

La Agencia Metropolitana de Control (AMC) siguió, al parecer, un procedimiento de rutina. Y cumplió con pasos administrativos, que había que dar. Pero, en redes sociales, organizaciones que defienden derechos, activistas y población Lgbtiq (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, intersexo y queer) protestan. #DejenlasTrabajar dicen en Twitter. Ellas resisten, como otros cuerpos distintos, cuerpas distintas, subrayan.

¿Cómo así ellas, las Pachaqueer, merecen trato diferente al de otros dueños de establecimientos?

MoTa & CoCa aclaran que ellas cumplieron con todos los protocolos para finalmente abrir su emprendimiento, cuentan con permisos de funcionamiento. Pero afirman: “no estamos en igualdad de condiciones al abrir un local, para lograrlo superamos una serie de violencias”. Y enumeran varias, por ejemplo, que les nieguen la posibilidad de arrendar espacios porque son personas transgénero; o que al llevar sus cosas, muchos taxistas las vean y se den la vuelta; y que no tengan más opciones para subsistir, en medio de la pandemia.

“Aquí debe tocarse el tema del enfoque de género, esa interseccionalidad de la que tanto hablan, de las políticas públicas que no se aplican”, dicen, porque no se cerró -apuntan- cualquier negocio. “No se puede pedir lo mismo a un residente, que a quien tiene una condición migratoria diferente; como tampoco a las personas transgénero, a las travestis, a las cuerpas distintas, que a quien después de todo tiene más privilegios, oportunidades económicas y se apega a cánones de vestimenta establecidos, por ejemplo”.

Feminizan las palabras, dicen cuerpa, entre otras, porque les interesa desdibujar el concepto preasignado, romper prejuicios, para eso van desde la base, de donde viene la palabra marica, con discriminación. Juegan con la normatividad, incluso desde el lenguaje.

Pese a las sanciones y a las inconsistencias que sienten se ha dado en el proceso administrativo ante la AMC, no van a cerrar su emprendimiento de comida, lucharán. Foto: Cortesía
Pese a las sanciones y a las inconsistencias que sienten se ha dado en el proceso administrativo ante la AMC, no van a cerrar su emprendimiento de comida, lucharán. Foto: Cortesía

Pachaqueer es un proyecto que surgió en 2013, en Quito; arrancó el 4 de mayo del 2013 exactamente, en la casa en donde habitaban la CoCa y la MoTa, ‘performeras’, también activistas. Hacían un trabajo con sus ‘cuerpas’, una expresión artística, y buscaban un espacio para presentar sus ideas y expresiones, pero se encontraron con espacios culturales muy conservadores, cuadrados; les ponían restricciones a determinados contenidos. Crearon un sitio en donde pueden ser ellas mismas, sin prejuicios, miedo a la normatividad, sin discriminación, para expresarse como quieren, creando espacios libres de arte. Pero, por la pandemia y sus restricciones, no podían seguir subsistiendo. Por eso abrieron el local.

Pese a las sanciones y a las inconsistencias que sienten se ha dado en el proceso administrativo ante la AMC, no van a cerrar su emprendimiento de comida, lucharán. En la sociedad ecuatoriana -anotan- es común ver a las personas trans, travestis, transexuales, en una peluquería, y en el trabajo sexual; no es coincidencia, tampoco una decisión íntegra. Llaman a la reflexión porque viven una violencia estructural, que les obliga a permanecer en estos espacios, no pueden ejercer otro tipo de oportunidades laborales.

Las travestis, transgénero, transexuales, dicen, están excluidas y relegadas de más espacios y desempeños sociales; las obligan a buscar lugares escondidos porque ninguna empresa u oficina las contrata. “Para ellos somos personas de desecho, no de derechos. Para una persona heterosexual es fácil vivir en un mundo de oportunidades, la universidad se abre; les dicen: ven, matricúlate, hombre de negocios, mujer del futuro; nadie dice: ‘ven travesti ejecutiva’, eso no se ofrece, no existe en el mercado. Obviamente es una desigualdad total, no solo de derechos sino de accesos y de oportunidades”.

¿Qué buscan?

Visibilidad laboral trans, travesti y transexual. No les interesa solamente ocupar puestos de trabajo sino también ser visibles. No es lo mismo una mujer trans, que ocupa un cargo de secretaria, que se ajusta a la imagen del canón de la mujer. En cambio, nadie se imagina ver a unas mujeres con barba en ese mismo puesto de trabajo, sostienen.

Esta pandemia por covid-19 les pegó más duro a las poblaciones vulnerables. Al mundo del arte, a las travestis, dicen, les ha afectado; han vivido un empobrecimiento al no poder acceder a un trabajo; al no contar con espacios abiertos por las restricciones del SARS-CoV-2; por lo que vieron como opción el emprendimiento de venta de comida. Esperan mantenerlo. Apelaron ante la AMC y les preocupa tener que pagar multas desmedidas y mantenerse por más tiempo clausuradas.