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‘Tener un taxi ya no es rentable; en gasolina gasto 300 al mes’

Jimmy González cuenta cómo empezó en el taxismo y el resultado de la competencia informal. Foto: Julio Estrella / El Comercio

‘Cuando me compré mi primer taxi, hace más de 30 años, lo hice para tener un ingreso extra. Antes era un buen negocio. Contrataba un conductor y cada semana recibía mi dinero. Al mes ganaba un millón de sucres, descontando el combustible y el sueldo del conductor.

Más o menos hasta el 2000 era muy bueno. Un puesto costaba en promedio 500 000 sucres. Claro que había otros más costosos, como los que servían en los hoteles, en el aeropuerto y en la terminal terrestre que funcionaba en el Cumandá. Pero luego, con la dolarización, los precios de los puestos se dispararon.

En el 2005, debido a la crisis tuve que dedicarme a tiempo completo a taxear. Poco a poco, el negocio empezó a dejar de ser bueno y empeoró cuando más carros salieron a las calles a hacer carreras sin permisos. Hoy son miles.
Antes, el Consejo Nacional de Tránsito regulaba el incremento de cupos. Aumentaban dos cupos por año en cada cooperativa, pero luego el Municipio se hizo cargo de eso y empezaron los problemas. En la administración anterior incluso dos concejales usaron grillete por ese tema.

En el 2014 hubo ya una regularización, y hace poco hubo otra. Ahora somos más de 24 000 taxis regularizados en las calles. Y además, debemos competir con los que salen a trabajar sin permisos y con las plataformas digitales. En la Flavio Alfaro y Machala funciona una parada con carros informales que hacen carreras a Atucuho. Todos lo saben, pero los agentes no hacen nada al respecto. Ni les multan.

Nosotros, los formales, en cambio, debemos cumplir muchos requisitos. Debemos pertenecer a una cooperativa, pasar las revisiones, tener licencia profesional para manejar transporte de servicio público y comercial.

Los otros, en cambio, no necesitan ni tener cédula. Basta con que la persona tenga celular para aplicación y listo. Las desigualdades son terribles.

La seguridad

Nosotros no nos oponemos a las aplicaciones, pero deben trabajar con vehículos regularizados, hasta para dar más seguridad al pasajero. ¿Vio lo que pasó hace poco? A un hombre le asaltó el chofer de uno de esos vehículos, y cuando la víctima se acercó a la empresa a decirles que sabía el nombre y la placa del auto le dieron la espalda, le dijeron que no podían hacer nada. En esos casos no hay ni dónde quejarse.

Más gastos que ingresos

Los del gremio la hemos pasado mal con la pandemia. Tome en cuenta que debimos invertir como USD 100 en pantallas, alcohol, medidas de bioseguridad… Y además hubo semanas en los que solo podíamos salir un día. No podíamos trabajar. Es cierto que sí había pasajeros es día, pero los USD 50 que ganábamos debía alcanzarnos para toda la semana. Ahora ya podemos trabajar cuatro de cinco días, pero la ganancia no es mucha. Un día que me vaya superbién, termino con USD 30, pero no son líquidos, hay muchos gastos.

Tener un taxi legal es costoso. Solo el auto nuevo cuesta unos USD 20 000. ¿De dónde vamos a sacar para renovar nuestros carros? Ahora ni siquiera podemos acceder a vehículos exonerados, libres de aranceles. El puesto en la cooperativa cuesta entre USD 8 000 y 10 000.

Lo que más nos ha golpeado ha sido el alza del combustible. Ahora cuesta USD 2,55 el galón, antes estaba en 1,45.
Yo, por ejemplo, recorro cada día un promedio de 250 kilómetros y tanqueo USD 15. Antes ponía máximo 10. A eso súmele el gasto en llantas. Dependiendo de cómo maneje, cada año y medio debo invertir USD 300 en eso. Se debe hacer mínimo dos cambios de aceite al mes, y cuestan USD 28. También pagamos por la parada de la cooperativa, la Revisión Técnica Vehicular, la matrícula… todo suma.

Ahora, trabajando 12 horas al día recibo unos USD 600 a fin de mes. De ahí debo quitar todos los gastos que le mencioné. Y si por desgracia aún no termina de pagar el carro, está fregado. Tener un taxi ya no es rentable. Solo en combustible tanqueo unos USD 300 mensuales; antes ponía 180.

Con lo que me queda debo mantener a mi familia. Todos los negocios se están recuperando de la pandemia, menos nosotros. Por si fuera poco, cuando se usan esas aplicaciones, el dinero ni siquiera se queda en el país”.