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La pandemia silenció a las bandas municipales

La Banda Municipal de Ibarra alterna presentaciones en vivo con las virtuales. Foto: Cortesía Municipio de Ibarra

Los ritmos de pasacalles, boleros y cumbias, entre otros géneros, que alegraban a los pueblos los fines de semana ahora son solo un recuerdo.

En Espejo y Montúfar, en Carchi, y Antonio Ante, en Imbabura, las retretas de las bandas municipales se silenciaron. Sucedió ante el recorte de presupuestos de los gobiernos locales, que llegó con la pandemia del covid-19. En Cotacachi y Tulcán, se analiza el futuro de estas agrupaciones.

“Nos despidieron en mayo del año anterior. Yo tocaba el bombo, la tuba y el trombón. Ahora trabajo en una carpintería”. Román Castro, uno de los 14 músicos que integraba la Banda Municipal de Espejo, cuenta que sus colegas viven una situación parecida. Este músico tiene tres hijos que mantener.

Su compañero Pablo Calderón, el maestro mayor, como denominan en las bandas al director, ahora conduce una furgoneta. Mientras que Juan Peribuela, el trompetista, y Jonathan Paspuezán, el timbalero, consiguieron trabajo como jornaleros agrícolas.

Otros no han tenido suerte y algunos abandonaron El Ángel, cabecera cantonal de Espejo, en busca de trabajo.

El Concejo Municipal de Espejo resolvió cancelar los contratos con los músicos. Marcelo Paspuezán, director de Turismo y Cultura de ese Cabildo, confiesa que fue una decisión difícil. En el 2019 se creó la agrupación musical, mediante ordenanza, como una estrategia para la difusión cultural.

Pero ante la crisis sanitaria cambiaron las prioridades. A ello hay que sumar que se prohibieron los programas con público, como los conciertos que se realizaban en el parque Libertad, de El Ángel.

Hoy los instrumentos, que son propiedad del Municipio, están guardados en una bodega de la institución. Sin uso se oxidan y se dañan, lamenta Román Castro. Mientras que los USD 90 000 que estaban asignados para el funcionamiento de la banda, durante este año, se destinaron para las tareas sanitarias.

En el vecino cantón Montúfar, la banda municipal también se paralizó. A los 12 integrantes de la agrupación tampoco se les renovaron los contratos como profesionales de servicios ocasionales. Llevan un año sin empleo.

Ellos, además de ofrecer conciertos, enseñaban a tocar los instrumentos musicales a una veintena de niños en la Escuela de Artes y Oficios Moisés Erazo. Según el alcalde de Montúfar, Andrés Ponce, cuando las instituciones educativas puedan abrir nuevamente sus puertas, los músicos serán contratados.

Explica que la disminución de asignaciones del Municipio obligó a realizar ajustes. El presupuesto de Montúfar fue de USD 511 000 al mes, en el 2019, ahora es de 425 000.

En la ciudad de San Gabriel, capital de Montúfar, se realizaban retretas los viernes y los días de fiesta local.
En Antonio Ante, la banda dejó de ser contratada por el Municipio imbabureño.

Para Alfonso Gallegos, profesor de música que intentó crear hace cuatro años una banda en el Municipio de Urcuquí, los gobiernos locales dan poca importancia a la cultura.

Considera que en estos momentos de tensión social, provocada por la pandemia y las restricciones, la música es un elemento motivador.

Cuenta que en otros países, especialmente de Europa, las bandas musicales continúan ofreciendo canciones que alegran y relajan, desde vehícu­los que recorren las urbes. Una muestra de esa dinámica se vivió el último fin de semana en Otavalo.

A propósito del Día de la Madre, 11 de los 22 músicos de la Banda Municipal ofrecieron pasillos, pasacalles, baladas y rancheras. A bordo de un camión, los intérpretes recorrieron el domingo, de 10:00 a 17:00, los barrios y las comunidades. A cambio recibieron aplausos de los ciudadanos que salieron a los balcones y terrazas de sus casas.

Además, esta agrupación difunde parte de su trabajo por las redes sociales de la institución. Desde hace dos meses, la Banda Municipal genera audiovisuales, que resaltan las interpretaciones de composiciones locales y nacionales.
Los conciertos virtuales reemplazan a las retretas dominicales en Otavalo, que están suspendidas por la pandemia.

En Cotacachi, los 18 integrantes de la Banda Municipal alternan ensayos con tareas administrativas. Así explica Nely Maigua, directora de Cultura y Desarrollo Social.

Está considerada una de las agrupaciones musicales más antiguas de la provincia. Tiene 160 años de existencia.
La Banda de Ibarra, a diferencia de los otros municipios, tiene a sus músicos con nombramiento. Ensayan y se capacitan de lunes a viernes.

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