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Los jóvenes acudieron a Quinindé, Esmeraldas, para vacunarse

En los centros de vacunación de Quinindé se aplican a diario entre 400 y 1 200 dosis. Foto: cortesía Coordinación Zonal 1 de Salud

En Quinindé, Esmeraldas, se han colocado 39 263 primeras dosis de la vacuna contra el covid-19, entre el 7 y el 25 de julio, según el Vacunómetro del Ministerio de Salud.

En el primer semestre del año solo se aplicaron 13 577 primeras dosis de las vacunas Pfizer, Sinovac y AstraZeneca.

El incremento se debe a que en la provincia se autorizó -desde el 7 de julio- a los centros de vacunación a inmunizar a las personas de 16 años en adelante, sin cita previa y solo con presentar la cédula.

Los jóvenes de esa provincia y de Santo Domingo de los Tsáchilas, de entre 16 y 40 años, aprovecharon esa oportunidad para hacerlo.

Hasta Quinindé viajaron estudiantes, emprendedores, operadores turísticos, agricultores, entre otros. En los 10 primeros días, en los dos centros fijos de la urbe de Quinindé y su parroquia La Unión se registraron largas filas de personas.

Los centros móviles también tuvieron acogida, sobre todo en la zona rural. Del 12 al 17 de julio se aplicaron 22 148 dosis. En cada centro se colocaban entre 400 y 1 200 dosis diarias.

Sin embargo, la afluencia ha disminuido desde la semana pasada, porque en Santo Domingo se flexibilizó la vacunación, para atender a todos los grupos etarios de la provincia.

Según el Municipio, en los centros se cumplen con las normas de bioseguridad para evitar aglomeraciones.

Esa gran afluencia movió a comerciantes, que vendían agua, frutas, almuerzos o golosinas. Las tiendas y restaurantes también tuvieron más clientes de lo habitual.

En cada punto hay entre tres y cinco miembros de la Policía Nacional que controlan el ingreso a los colegios, según la capacidad del lugar y el número de dosis disponibles.

Ruth Reina, de 28 años, se vacunó en el colegio Juan XXIII de Quinindé, junto a su esposo Jefferson Jiménez.

Ellos son propietarios de la operadora turística A Pata Limpia, en Santo Domingo. A principios de este mes aún tenían pendiente la fecha para acceder a la vacuna en la provincia de los Tsáchilas.

Así que, el 9 de julio, decidieron viajar a Quinindé para aplicarse la primera dosis.

Para Reina, la inmunización fue una oportunidad para reactivar más rápido su negocio. Aunque siguen cumpliendo las normas de bioseguridad, se sienten más seguros de recibir visitantes en la finca turística.

Para ellos, la vacuna es un aliciente para que el sector turístico pueda reactivarse. “Estamos en constante contacto con las personas y aunque se cumplen con las normas de bioseguridad siempre hay riesgo de contagio. Sentimos que ya estamos en otra fase donde la reactivación se ve más cerca”.

Doménicka Moreira, de 16 años, vive en Santo Domingo y también se vacunó en Quinindé. Ella cursa el último año de colegio y espera poder reunirse con sus compañeros y, además, ingresar a la universidad de forma presencial.

Moreira tiene previsto estudiar Medicina y desde ahora se prepara para acceder a una beca en una universidad privada.

El sueño de Mayte Espinosa, de 16 años, es regresar a los escenarios. De hecho, tras vacunarse en Quinindé pudo retomar los ensayos para la competencia de baile World of dance, que se realizará en Guayaquil el próximo mes. “Muchos sueños no se pudieron cumplir por la pandemia y es una alegría poder continuar”.

Agricultores de la zona rural de Quinindé fueron motivados a vacunarse. Braulio Quiñónez, de 30 años, dijo que se vacunó la semana pasada en el recinto La Sexta, donde se habilitó un vacunatorio móvil; unas 400 personas se aplicaron la primera dosis en ese sitio.

Él afirma que, junto a su familia, había decidido no inmunizarse, porque tenían miedo de contraer enfermedades. Pero en la palmicultora donde trabaja les dieron una charla y cambió de parecer.

Steven Cabrera, de 16 años, accedió a la vacuna en el colegio La Unión. Él viajó desde La Concordia, donde pertenece a un equipo de fútbol barrial. Desde la pandemia no han podido volver a las canchas. Por la plataforma Zoom se reúne con sus compañeros y hacen ejercicios o ensayan estrategias para marcar goles.

En su casa improvisó un pequeño arco, pero para él nada se compara a la adrenalina de jugar con sus compañeros. “Mis padres temen que me contagie y por eso no puedo reunirme con mis amigos”.

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