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El Imbabura inspiró a dos ambientalistas a cuidarlo

Karen Terán y Óscar Caicedo recorrieron el viernes la ruta en San Antonio de Ibarra para ascender el Imbabura. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

Los ibarreños Karen Terán y Óscar Caicedo atesoran innumerables recuerdos del volcán Imbabura.

Estos dos ingenieros en Recursos Naturales Renovables están detrás de la anexión de este ícono de la provincia al Sistema Nacional de Áreas Protegidas, que fue oficializado el 7 de septiembre.

Terán conserva las enseñanzas que de niña le compartió su abuelo paterno, Segundo Nicanor, ya fallecido. Él era oriundo de San Antonio de Ibarra, en donde existe una ruta de acceso a la cima.

En las excursiones que realizaron siempre le mencionaba que debía tener respeto a la montaña y pedir permiso para ingresar y volver sin novedad.

A Caicedo, durante sus vacaciones escolares, le gustaba acompañar a su abuela, María Cevallos, para intercambiar dulces por las mazorcas de maíz con las familias que residen en las faldas del Imbabura.

Él creció en el barrio San Agustín de esta localidad, que tiene fama por los artesanos que tallan la madera. “El que no ha ascendido al Imbabura no es sanantonense”, bromea.

Terán y Caicedo fueron compañeros en la Universidad Técnica del Norte, de Ibarra. Entre sus clases favoritas estuvieron las del profesor Nelson Gallo, sobre la conservación de áreas protegidas.

Por eso, para graduarse de la carrera realizaron entre 1998 y 1999 un estudio sobre las alternativas para el manejo del Taita Imbabura, como llaman afectuosamente los pueblos kichwas locales al volcán.

El tema tuvo interés no solo por las historias que marcaron sus vidas, sino además porque la formación geológica más relevante de la provincia no tenía ninguna protección.

Durante un año y medio levantaron información sobre suelo, hidrología, geología, clima, flora, fauna, entre otros.

En los innumerables recorridos que realizaron conocieron más sobre sitios, conocidos como la Loma Redonda, la Nariz del Diablo y el Jardín de Dios, que están en la ruta para llegar a la cima. En este último lugar existe un bosque de polylepis, que abarca un área de 140 hectáreas. Terán cuenta que en más de una ocasión intentaron ingresar en la arboleda, pero siempre estuvo nublada.

En su estudio plantearon que el complejo volcánico fuera manejado como una unidad ecológica, por lo que sugirieron una mancomunidad entre los municipios de Ibarra, Antonio Ante y Otavalo.

Además, que fuera reconocida como área protegida para la conservación y aprovechamiento sostenible del patrimonio natural y cultural.

Sin embargo, la propuesta de los dos profesionales se dilató por alrededor de dos décadas.

En diciembre del 2018, las tres municipalidades y la Prefectura constituyeron el Consorcio para la Gestión del Área Ecológica de Conservación Taita Imbabura, que tiene reconocimiento del Consejo Nacional de Competencias.

En el acuerdo de constitución se fijó que cada gobierno local aportara USD 30 000, cada año. Los primeros recursos se utilizaron para elaborar el expediente que presentaron al Ministerio de Ambiente, Agua y Transición Ecológica.

Ahí consta el plan de manejo, el estudio de tenencia de tierras y el tema financiero.

El área protegida tiene una superficie de 3 717,48 hectáreas y se encuentra en un rango de entre los 3 000 y 4 600 metros sobre el nivel del mar.

Entre febrero de 2019 y agosto de este año se han sembrado 20 000 plántulas de especies nativas en diferentes sitios.

Una de las próximas acciones es colocar los hitos para delimitar este ecosistema páramo, remanentes de bosque andino y vertientes de aguas.

Se han identificado 111 especies de plantas, 35 de aves, 23 de mamíferos y 10 especies entre anfibios, crustáceos y reptiles.

Igualmente, se planifica colocar señalética del área protegida en 20 puntos de interés turístico alrededor del complejo.

César Cotacachi, administrador técnico del Consorcio, menciona que se deben enfocar más en acciones de reforestación, educación ambiental y de capacitación en turismo a las comunidades vecinas.

Se estima que unas 75 000 personas de 11 parroquias habitan alrededor del Imbabura.

Por eso, Cotacachi considera que es necesario implementar planes de agrobiodiversidad, para la recuperación de semillas como mashua, sambo, quinua y oca, que están desapareciendo de las parcelas.

Otro de los proyectos es la ruta Imbabura Ñan, con la que se planea ofertar un solo camino de senderismo para los turistas. En el Consorcio se considera que la nueva área protegida será clave para que Imbabura siga siendo parte del Geoparque Mundial de la Unesco.

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