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Alarma por alto índice de desnutrición infantil en Ecuador

Brigadas móviles recorrieron las comunidades de Chunchi, para atender a niños menores de 5 años de edad. Foto: Cortesía

Desde la comunidad Sablog Central se observa un paisaje desértico. El agua es escasa y de mala calidad, pocos cultivos prosperan y los terrenos de 109 familias son muy pequeños, no generan rentabilidad. Esto provocó que los hombres migraran a la ciudad en busca de trabajo.

Ahí, según los reportes médicos de la Unidad de Salud, hay 39 niños menores de 5 años y casi todos presentan un alarmante retraso de peso y talla. Esa realidad se repite en 59 comunidades de Guamote, cantón ubicado a 60 minutos de Riobamba, en Chimborazo.

En esa provincia se encendieron las alarmas desde ONG, universidades e instituciones públicas, debido a las conclusiones de varios estudios académicos del 2020 que muestran un incremento en el índice de desnutrición infantil.

Las estadísticas levantadas por el Ministerio de Salud Pública (MSP) muestran que 44% de niños chimboracenses estaban desnutridos, pero esa cifra corresponde a los menores que fueron atendidos en las unidades de salud, en 2018.

El mismo MSP ubicó a Chimborazo en tercer lugar en desnutrición crónica de niños menores de cinco años con el 27,4%, luego de Bolívar (28,3%) y Santa Elena (28,9%). Estas cifras corresponden al 2018.

Especialistas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) descubrieron que esta cifra pudiera ser mayor. Ellos midieron peso y talla e hicieron estudios a una muestra de la población de cinco cantones y encontraron que 51,6% de niños está desnutrido.

El estudio, además, evidencia que los cantones con mayor cantidad de habitantes indígenas son los más afectados. Guano, por ejemplo, tiene el 62,3%; Alausí le sigue con 57,6%. Guamote y Colta registran 55,1% y 52,5%, respectivamente. Riobamba baja al 51,9%.

En estos cinco cantones, uno de cada dos niños menores de 5 años tiene un retraso de peso y talla. “La desnutrición crónica infantil tiene rostro indígena y demuestra la prevalencia oculta de la discriminación de origen étnico en la sociedad ecuatoriana”, detallan académicos de la PUCE, en una carta enviada al presidente Lasso.

En la misiva, la academia también afirma que la niñez de Chimborazo afronta una suerte de muerte lenta y que, si no se toman medidas urgentes, la provincia no tiene futuro.

Según especialistas de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, las consecuencias de la desnutrición infantil son irreversibles. La alimentación tiene una relación directa con el desarrollo físico, intelectual y emocional.

En consecuencia, la mala nutrición está vinculada con un mal desempeño escolar y con la prevalencia de otras enfermedades neumónicas y diarreicas que ponen en riesgo la vida de los infantes.

Roberth Ríos, director de la Unidad de Planificación de la Prefectura de Chimborazo, enumera varios factores que inciden en que la provincia tenga un alto porcentaje de desnutrición crónica infantil.

Entre ellos destaca la falta de acceso a los servicios básicos, la mala calidad del agua, la pobreza extrema y los malos hábitos alimenticios.

El consumo de agua de mala calidad es una complicación grave por presencia de metales pesados, como magnesio, y de bacterias como escherichia coli, que causan parasitosis aguda. “Chimborazo tiene una extensión amplia de territorio y la población, especialmente las comunidades indígenas, está dispersa y muy distante, por lo que es sumamente costoso llevar servicios de agua potable y alcantarillado”, afirma el funcionario.

La Prefectura de Chimborazo adquirió cloradores para 56 comunidades. Además, integraron una mesa de trabajo a la que asiste personal de ministerios, líderes de organismos, como World Vision y GIZ, y delegados de los municipios.

La iniciativa busca levantar una línea de base conjunta y propuestas para disminuir el índice de desnutrición.

Cristian Silva, coordinador zonal del MSP, reconoce que la pandemia por covid-19 limitó la atención a niños con desnutrición. El personal de las brigadas móviles, que visitan los hogares de los pacientes, está dedicado a la vacunación. “Pese a las complicaciones (…). La meta de este año es atender a 49 000 menores y ya hemos cubierto un 40% de esta proyección”, dice Silva.

Los técnicos del Ministerio de Inclusión Económica y Social se sumaron a la campaña estatal para frenar este mal. Visitan hogares de niños de los centros de desarrollo, toman medidas de peso y talla y capacitan a madres sobre la alimentación saludable.

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