22 de febrero de 2020 00:00

Salud refuerza medidas frente al dengue

El control en casa se articula con estudios científicos. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El control en casa se articula con estudios científicos. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Red. Guayaquil y Sociedad

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Decenas de larvas se impulsan como resortes dentro de un tubo de ensayo. Una brigada de control vectorial del Ministerio de Salud Pública (MSP) las encontró en un tanque de almacenamiento de agua en una vivienda del Guasmo, en el sur de Guayaquil.

Esa es una de las etapas del mosquito Aedes aegypti, que en solo 10 días completa su ciclo de crecimiento. La hembra de esta especie transmite el dengue, un virus alojado en los humanos que mantiene en alerta al continente.

En 2019 se alcanzó el pico más alto en América. La Organización Panamericana de la Salud reportó más de 3,1 millones de casos y 1 500 fallecidos. En este año van 155 343 casos.

Ecuador no aparece en la lista de países afectados. El MSP registra 1 770 casos hasta inicios de febrero, sin fallecidos.

Pero ante la probabilidad de un brote informó que mantiene un plan de manejo clínico (con la capacitación del personal de Salud en la detección de síntomas y signos de gravedad), ambiental (en el trabajo con la comunidad para evitar reservorios de mosquitos) y de control vectorial.

Ayer 21 de febrero del 2020, en la cooperativa Miami Beach del Guasmo, el brigadista José Escobar revisó minuciosamente el patio de la familia García. Les pidió siempre voltear los posibles reservorios y colocó abate en los tanques de agua, un polvo que aniquila las larvas.

El trabajo con la comunidad busca reducir las poblaciones del mosquito, ya que en cada puesta una hembra puede generar 300 huevecillos -si llegan a adultos vivirán unos 45 días-. Para su maduración se alimenta de sangre y así se transmite el virus de los humanos.

Parte de las larvas y mosquitos recolectados por las brigadas del MSP son analizados en el Centro de Referencia Nacional de Vectores Artrópodos (Cirev), del Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública. En sus laboratorios en Quito es posible ver al Aedes aegypti bajo el microscopio, con su huella blanca en forma de una lira en el tórax.

Los monitoreos en todo el país revelan que el vector se localiza hasta los 1 680 msnm. Diego Morales, responsable del Cirev, dice que el punto más alto donde se ha detectado es El Chaco, en la Amazonía.

Costa y Amazonía son las zonas endémicas en el país. Pero también han hallado mosquitos en las vías que conducen a la Sierra, en autos, buses y camiones de carga. Aunque las condiciones climáticas y la altitud de esta región han frenado su desarrollo, Morales asegura que es preocupante el efecto del cambio climático.

Estudios de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) revelan el impacto de la variación de temperaturas en la proliferación del Aedes aegypti. “Alrededor de 28°C alcanza condiciones óptimas para picar, alimentarse y reproducirse”, explica Mercy Borbor, docente investigadora de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar.

Esos grados representan mayor riesgo para zonas no endémicas como los subtrópicos, donde la población no ha desarrollado una respuesta inmunológica al virus. “Hemos detectado que si una persona tiene dengue en una zona determinada, el 30% alrededor puede tenerlo, incluso sin presentar síntomas”, añade Borbor.

El virus del dengue tiene cuatro serotipos (DENV1, DENV2, DENV3 y DENV4). Todos circulan en las Américas y en 2019 lo han hecho de forma simultánea en 11 territorios, como Brasil, Guatemala y Honduras. En algunos circula el DENV2, el más virulento. Esto no solo causó la epidemia; también aportó al desarrollo de cuadros graves.

Fiebre superior a 40°C, dolor de cabeza intenso y detrás de los globos oculares, molestias musculares y articulares son los síntomas clásicos del dengue. Pero Washington Alemán, médico clínico infectólogo, advierte que se debe prestar especial atención a los signos que alerten casos graves, como los fuertes dolores abdominales causados por sangrados internos.

“En el país, un alto porcentaje de la población tuvo la enfermedad. Si se adquiere un virus distinto al primero se puede desarrollar una forma grave. Cuando el virus afecta los vasos sanguíneos hace que se abran los capilares y permite la salida de los líquidos”, dice.

Generar un sistema de alerta temprana es la propuesta de Espol. La investigadora Borbor explica que junto a la Escuela de Medicina Tropical de Londres y universidades de EE.UU. buscan crear servicios climáticos para la salud, basados en información climática, oceanográfica (como el efecto de El Niño), epidemiológica, entomológica y social.

“Con esos datos se puede establecer dónde podrían surgir brotes para la prevención -dice Borbor-. El objetivo es hacer pronósticos con uno o dos meses de anticipación, para las enfermedades estacionales”.

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