21 de diciembre de 2019 00:00

Desvío del cauce del Machángara ocasionó socavón bajo el puente

Trabajadores de la Epmmop limpiaron este viernes 20 de diciembre del 2019 la tierra y piedras en la base del puente, donde se formó el orificio. Arriba, sus compañeros vigilaban. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Trabajadores de la Epmmop limpiaron este viernes 20 de diciembre del 2019 la tierra y piedras en la base del puente, donde se formó el orificio. Arriba, sus compañeros vigilaban. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal y
Diego Bravo. Redactores (I)

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El cauce del río Machángara se desvió 10 metros hacia el norte del puente en la avenida Maldonado, sur de Quito. Con el tiempo, el agua logró erosionar la base del puente -por el que pasan unos 8 000 vehículos al día- hasta que se hundió, al final de la tarde del jueves 19 de diciembre del 2019.

A esa conclusión llegaron los técnicos de la Epmmop, luego de realizar varias inspecciones y estudios ayer, 20 de diciembre del 2019, y anteayer. El plan de los arquitectos e ingenieros es proteger con rocas y hormigón hidráulico la base del puente. Durante los 30 días que se necesitan para hacerlo, el paso vehicular por la estructura permanecerá cerrado. 30 obreros trabajarán 24 horas diarias hasta terminar la obra.

Fernando Pazmiño, gerente de Obras Públicas de la Epmmop, explicó que debido al curso del río, será necesaria una intervención en un área de 100 metros aguas arriba.

Desvío del cauce del Machángara ocasionó socavón bajo el puente

Tras la inspección en la zona, los técnicos encontraron mampostería deteriorada y algunas grietas. “Confirmamos el socavamiento de una de las bases en la parte superior”, dijo Francisco Ruiz Cruz, director metropolitano de Gestión de Riesgos. Apuntó que los daños se concentran en el puente, no en las estructuras de las viviendas del sector y que “al momento no se ha encontrado a personas en estado de mendicidad en el punto”.

En La Recoleta está la escuela Abdón Calderón y los padres de familia, docentes y estudiantes se muestran preocupados. Aseguran que la entrada a clases fue caótica. “Estamos angustiados por la seguridad de los alumnos, incluso hay indigentes que duermen aquí y hacen daño”, dijo Mariana Tapia, madre de familia. Por eso pidió que se implemente un cordón de seguridad.

Al mediodía, padres y autoridades del colegio organizaron la salida de los chicos. Los buses escolares los esperaban en la av. Carlos María de la Torre. Los adultos agrupaban a los niños en fila, para ir hacia su transporte, acompañados por maestros, padres y conductores. Los custodiaban agentes metropolitanos de control. Cruzaban por el puente que está habilitado para peatones.

Los niños de Carla Benavides van y vuelven con ella al sector de San José de Monjas. Para ella, el transporte no cambió, pues siempre camina desde la parada hasta el colegio para recoger a sus niños. Sin embargo, le preocupa la seguridad de los estudiantes.

Aunque el Municipio aclaró que el puente no está en riesgo de caer, dio recomendaciones de seguridad que incluyen transitar por la vereda sin detenerse. Eso asusta a las familias.

Marcela Guamán indicó que estará pendiente de que el Municipio haga un estudio con los Bomberos para saber si la estructura del colegio no está en riesgo por filtraciones del río.

Según la Empresa de Transporte de Pasajeros, la entrada de unidades al centro será intermitente y están cerradas paradas como Villa Flora, Chimbacalle, La Colina, Recoleta, Cumandá y Santo Domingo.

Punto de vista


Un puente patrimonial
Alfonso Ortiz, historiador y aruitecto


Este puente es el más antiguo de Quito y probablemente del país. Se desconoce la fecha precisa de su construcción, pero por diversos indicios que dan los papeles del Cabildo, se presume que ya estaba en servicio a mediados del siglo XVI.

Junto al puente, y también desde tempranas fechas se había levantado la caseta para el cobro de las alcabalas y por su valor estratégico, para proteger el paso, las autoridades realistas después de la pacificación de Quito en 1812, ejecutaron una serie de obras de fortificación en la ciudad, entre ellas, una garita militar de avanzada junto al puente, que consistía en una pequeña casamata para guardar algo de artillería y fusiles.

Un nuevo puente, superpuesto al antiguo se construyó a inicios de la República, a fin de facilitar la circulación a las carretas tiradas por bueyes, con accesos más tendidos, por lo que debió ser más largo. Iniciado en el año 1837, tuvo retrasos en su construcción.

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