31 de julio de 2018 00:00

1 460 denuncias de acoso escolar se han reportado en cuatro años

Los padres de Brithany acudieron a la Fiscalía el pasado 17 de julio, para el oír el reporte de autopsia de la forense. Foto: Archivo: Enrique Pesantes / El COMERCIO

Los padres de Brithany acudieron a la Fiscalía el pasado 17 de julio, para el oír el reporte de autopsia de la forense. Foto: Archivo: Enrique Pesantes / El COMERCIO

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Redacción Guayaquil

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Los hematomas en el interior de sus labios revelarían el ataque que sufrió en el salón de clases dos días antes de morir. “Eran manchas de sangre de un centímetro. La doctora dijo que pudieron ser causadas por los golpes o cuando le metieron la toalla en la boca”.

Samaniego, la madre de Brithany, intentó no quebrarse cuando escuchó el reporte de autopsia de su hija de 11 años, que soñaba con ser abogada. El informe esclarecería si el aneurisma que le causó la muerte fue detonado o no por la supuesta agresión de sus compañeros de aula.

“Se indicó que el aneurisma fue la causa de la muerte. No se pudo determinar si era congénito o no, pero los golpes producidos antes de su fallecimiento o el estrés por la agresión pudieron ser un detonante para que reventara”, resumió Stives Reyes, defensor de los padres de Brithany.

Han pasado más de dos meses desde el último día en que la tercera de sus hijos asistió a su curso de octavo de básica, en un colegio público del sur de Guayaquil donde fue matriculada en este año. Su padre, Tyron Morán, recuerda que era un aula apartada y cerrada, poco luminosa, conocida por los niños como ‘la jaula’.

Por una carta, y por los relatos de amigos de Brithany, descubrieron que cuatro niñas y un niño la llevaron al fondo para atarla de pies y manos con una soga. Le introdujeron una toalla en la boca para apagar sus gritos y la golpearon.

Fue el viernes 11 de mayo, cuando la maestra de la última hora se ausentó por un malestar. Un día después, Morán cargaba en brazos a su hija inconsciente en un centro de salud, con la camisa empapada por la sangre que emanaba de la nariz y boca de la pequeña.

“Una chica de 13 años los mandaba; y de lo que hemos averiguado, no era la primera vez que agredía a los demás niños. Supimos que les quitaba el lonche, incluso lo hacía desde la escuela, porque había estudiado con una sobrina de mi esposa”, dice el padre.

Los cinco estudiantes se acogieron al silencio cuando fueron citados por la Fiscalía, dentro de la investigación por homicidio culposo que se sigue contra un grupo de maestros del plantel. Los menores fueron derivados a distintas instituciones educativas y una copia de la investigación del caso fue enviada el 23 de junio a Adolescentes Infractores. Aún no designan a un fiscal.

La subsecretaria de Innovación Educativa y Buen Vivir, María Fernanda Porras, confirmó que reciben acompañamiento psicológico y son monitoreados por profesionales de Consejería Estudiantil.

Para detectar tempranamente los casos de violencia escolar, Educación ha conformado equipos antibullying en los colegios, incluido el plantel donde estudió Brithany. Hasta mediados de julio había 250 de estos grupos preventivos en la zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón).

Desde el 2014, el país ha reportado 1 463 casos de acoso escolar. Solo de enero a mayo de este año hubo 500 denuncias. “Pero esa es una parte del problema -dice la subsecretaria-, internacionalmente hay estándares que indican que solo el 15% de los casos de violencia se denuncia”.

El viernes por la noche, tras la agresión, Brithany le pidió a su mamá no volver al colegio. Al siguiente día la llevaron a un hospital público, al que ya habían acudido cuando sufrió una caída a los 2 años. Los padres recuerdan que en esa ocasión no les alertaron de ninguna malformación congénita.

Ahora buscaban un tratamiento que aliviara el intenso dolor que corría por la parte posterior de su cabeza. Pero la derivaron a un centro de salud cercano para observación, tras diagnosticarle “cefalea crónica con buen estado general”.

“Después de tres paros cardíacos le hicieron una tomografía por la noche -recuerda Morán-. Le daban tres días para que su corazón dejara de latir, pero dentro de mí algo me decía que ya estaba muerta. Le hablaba, hasta la pellizcaba y no reaccionaba”. La niña falleció la noche del domingo.

La Fiscalía analiza el protocolo que siguieron los médicos para esclarecer si hubo o no negligencia en la atención. E investiga por supuestas omisiones y negligencias a cinco docentes, entre autoridades y educadores, que fueron derivados a otros planteles.

Rolando Figueroa, abogado de la vicerrectora, de la inspectora y de su hija, a quien le habrían encargado el salón, argumenta que no hubo omisión porque ninguna de ellas presenció el ataque. “Los niños estuvieron solos entre 15 y 20 minutos, no más de eso”, dice.

En esta semana, el fiscal César Peña entrevistará a cinco niños del salón como testigos. También ordenó evaluaciones psicológicas y visitas sociales a la familia de la menor.

En casa de Brithany hay silencio. Sus inquietos hermanos mayores ahora son retraídos; los dos asisten a consultas psicológicas para superar la pérdida. La más pequeña aún pregunta cuándo volverá su compañera de habitación.

En contexto

El Ministerio de Educación mantiene la campaña Más conciencia, menos violencia, que incluye la creación de equipos ‘antibullying’ en los planteles. Según estudios, 1 de cada 5 alumnos de entre 11 y 18 años afirma haber sido víctima de acoso escolar en el país.

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