13 de September de 2009 00:00

Del Toro invoca al vampiro maldito

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Redacción siete días

No es una casualidad que ‘Nocturna’, la primera novela del cineasta Guillermo del Toro, esté dedicada a “todos los monstruos de mi habitación infantil: espero que nunca me dejen solo”.
 
Hasta ahora no lo han hecho: los  monstruos   habitan la filmografía del mexicano y, esta vez, los seres que asustan lo hacen convirtiéndose en una plaga, un virus que amenaza tomarse al planeta. 

Del Toro (Guadalajara, 1964) se alió con el escritor de ‘best sellers’ Chuck Hogan, para reformular una historia que el cineasta había elaborado para la televisión. Fox no aprobó la serie y él la  convirtió  en una trilogía literaria.

A pesar de que ‘Nocturna’  llega en un momento de auge comercial  de los vampiros, con los castos  adolescentes de la serie de libros  ‘Crepúsculo’   y con los guapos y sexis  de ‘True Blood’, la serie de televisión de HBO, estos vampiros no tienen glamour.

Son repulsivos, salvajes, no hablan, gruñen, están llenos de tierra, tienen  los ojos huecos, gusanos caminándoles bajo la piel  y un aguijón que les sale de la boca y alcanza a sus víctimas a un metro de distancia (olviden los colmillos). Dan asco, dan miedo...

Hogan nunca escribió un libro de terror, clima en el que Del Toro reina. Quizás Hogan le dio forma al  libro, pero el ojo cinematográfico  de Del Toro se siente en cada página. ‘Nocturna’  tiene estructura de película.

Hay ‘flashbacks’, hay escenas de acción, hay suspenso y hasta hay guiños, como cuando Vasiliy Fet, de profesión  exterminador de alimañas, le dice   a Abraham Setrakian, un   judío  experto en vampiros, en medio de una persecución que no hay que separarse para ir tras el vampiro  porque “ya vi esa  película”.

Otro detalle: dentro de  cada capítulo se van detallando las locaciones, como un título destacado. 

‘Nocturna’, editada por Suma de Letras,    relata el viaje del epidemiólogo Ephraim Goodweather, a quien las circunstancias lo llevan a   pasar de su pensamiento científico a   asimilar  las leyendas sobre seres chupasangre  (y otras pruebas) que le trae    Abraham Setrakian, un profesor de literatura y folclor eslavos.
 
Los vampiros son una plaga. Y llegan a Nueva York en un avión que partió desde Alemania. Cuando se abren las puertas y todos los pasajeros están muertos,  Goodweather y su equipo de epidemiólogos son convocados, para descartar que se trate de una nueva enfermedad o de un ataque terrorista.  Con rigor científico, los cuerpos son examinados. No hay rastros de violencia, pero hay particularidades: están vacíos.
 
Cuando la noche siguiente, los cuerpos desaparecen de la morgue, Goodweather empieza la búsqueda.  En ‘Nocturna’, los vampiros son como un virus: funcionan y se extienden casi como lo hace la cepa de AH1N1.

Y como son una plaga, hacen que las ratas desalojen las alcantarillas de Nueva York. Los animales dejan su refugio porque los vampiros se toman su territorio. Una advertencia: si lee este libro, aténgase a las pesadillas...

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