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Crímenes en las discotecas

Dimitri Barreto P. Editor de Judicial

Salvador Cabañas, el goleador de la selección paraguaya, quedó en el piso, inconsciente, con una herida de bala en la cabeza, tras ser disparado por sicarios en el baño de una discoteca de Ciudad de México. ¿Quién permitió el ingreso de armados a una discoteca?

La duda puede extenderse a cada local similar, sin mediar territorio. La omisión de los controles y la escasa prevención pueden hacer de cualquier discoteca la escena de un crimen, y no necesariamente por las guerras del narcotráfico. El caso Factory, en Quito, lo probó. No hubo armas, pero sí pólvora y otras negligencias que convirtieron a un galpón en un horno. El incendio segó 19 vidas.

Entonces, los expertos en reacción, tras probar su ineficiencia en prevención,  hablaron de mejorar los controles en esos sitios de diversión, de crear espacios para los jóvenes, de crear nuevas leyes, de cerrar los sitios inseguros. No fue más que demagogia.

En Ecuador abundan los locales sin puertas de emergencia, como Factory. Pero tampoco son escasas las discotecas sin medidas de seguridad para evitar el porte de armas o con respeto a la Ley para  prohibir el consumo de drogas o el exceso de licor.

Si al menos alguien se hubiera tomado en serio la seguridad, hubiera una veintena de presos por el caso Factory, y así, por temor, mayores controles y menos crímenes.