10 de julio de 2020 14:33

En la comunidad de Punyaro Alto, en Otavalo, se enfrenta la emergencia con trabajo comunitario

La comunidad de Punyaro Alto, en Otavalo, mantiene la cuarentena para evitar la propagación del covid-19.   Foto: CORTESÍA Radio Ilumán

La comunidad de Punyaro Alto, en Otavalo, mantiene la cuarentena para evitar la propagación del covid-19. Foto: CORTESÍA Radio Ilumán

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José Luis Rosales

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Ningún forastero puede ingresar a la comunidad. Esa es la consigna que los habitantes de Punyaro Alto, en Otavalo (Imbabura), se mantiene durante esta emergencia sanitaria para evitar contagios de covid-19.

En las cuatro vías de ingreso a esta comunidad, las familias se alternan desde las 05:00 hasta 18:00 para el control de personas y automotores. Allí habitan 405 familias, la mayoría de ellas indígenas. Aunque también hay mestizos y afros.

Ellos también supervisan el uso obligatorio de mascarillas entre los vecinos y se encargan de labores de desinfección con el uso de plantas nativas.

Los habitantes aseguran que en esta comunidad intercultural no se registran casos de personas contagiadas por covid-19. Jairo Ruiz cuenta que fue electo como presidente de la comunidad días antes de la declaratoria del Estado de Excepción, el 16 de marzo del 2020.

En la comunidad habitan 405 familias, la mayoría de ellas indígenas. Foto: Cortesía Radio Ilumán

En la comunidad habitan 405 familias, la mayoría de ellas indígenas. Foto: Cortesía Radio Ilumán


Él propuso a los vecinos realizar una minga para establecer un ingreso y la salida de emergencia de la localidad. Por ahí también circulan los vehículos que abastecen de alimentos y gas.

A la par, conformaron una guardia comunitaria integrada por 60 hombres que vigilan por turnos el cumplimiento del toque de queda, que rige de 18:00 a 05:00. Igualmente están atentos a que ningún integrante de Punyaro Alto festeje el Inti Raymi o Fiesta del Sol.

La pandemia fue una oportunidad para conocerse mejor entre los vecinos. Resaltan que esta es la cuna de músicos, como Chasqui Tituaña y Rupay Cabascango, integrante del grupo Charijayac. Ellos son parte de los vecinos que residen en otros países y que retornaron por la festividad del Pawkar Raymi o Fiesta del Florecimiento. Muchos de ellos se quedaron varados en esa localidad por la emergencia y no han podido volver al extranjero.

Uno de los últimos retos de la comunidad fue levantar un parque familiar junto a la calle principal. La localidad no contaba con un espacio para la recreación.

Uno de los vecinos donó árboles de eucalipto y el resto puso su mano de obra. Los trabajos están por finalizar y se analiza una fecha para su inauguración. "Durante esta pandemia buscamos hacer algo productivo, tanto en lo económico como en lo sanitario", señala Ruiz.

Unas 30 familias aprovecharon el confinamiento para generar recursos económicos en una feria comunitaria. También hay un espacio para el trueque.

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