14 de septiembre de 2018 00:00

Dueños de casas y locales comerciales lidian con los grafitis en Quito

En la Plaza República hay grafitis hechos después de los vacacionales de la Prefectura. Foto: EL COMERCIO

En la Plaza República hay grafitis hechos después de los vacacionales de la Prefectura. Foto: EL COMERCIO

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Daniel Romero y Diego Bravo.  Redactores (I)

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En la fachada blanca de la casa de María Fernanda Hernández, en el sector de la California (norte de Quito), un letrero da el siguiente mensaje: “Sigues ensuciando la pared y te vas preso. Hay cámaras”.

Seis meses atrás, Hernández invirtió USD 1 000 en la pintura de su vivienda. “He tenido que cubrir rayones y huellas de manos todos los meses, para mantenerla limpia”, dice.

El grafiti hecho en uno de los vagones del primer tren del Metro de Quito abrió una discusión con posiciones encontradas. El Municipio emprendió una campaña en contra del grafiti ‘vandal’. Pero quienes realmente batallan con el problema son los dueños de casas, edificios, instituciones públicas y negocios particulares. Para la mayoría de personas consultadas, los grafitis constituyen una agresión.

Fachadas, puertas enrollables de locales, señales de tránsito y muros de terrenos baldíos son algunos de los puntos escogidos para rayar un ‘tag’, un dibujo o un mensaje.

En la calles Antonio Ante, en Santa Prisca, hay rayones en fachadas de los locales. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En la calles Antonio Ante, en Santa Prisca, hay rayones en fachadas de los locales. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Ese es el panorama que se observa en la calle Versalles, entre Alonso de Mercadillo y Ramírez Dávalos. Miguel Ángel Cajas tiene un local comercial en ese sector. Las paredes tienen grafitis, unos sobre otros. Cuenta que el dueño del edificio pintó hace dos años las paredes. Sin embargo, se cansó de reparar. “Más se demoran en pintar el edificio que lo que tardan en aparecer los rayones”.

Este fenómeno también se vive en el Centro de Quito, en donde se concentra un importante número de negocios. Luis Torres dirige una imprenta en el pasaje San Luis y calle Vargas. “Antes pintaba la fachada del local cada seis meses, pero inmediatamente aparecían dibujos sin ningún significado”. Gastaba un promedio de USD 30 en arreglarla, pero se hartó. Hace dos años dejó de hacerlo. “Es una molestia, a cada rato. Se pierde tiempo, dinero y uno pasa enojado”.

En el Centro Histórico, el Municipio puede intervenir en las propiedades que están catalogadas como patrimoniales. Sus datos muestran que desde el 2014 hasta la fecha se gastaron USD 500 000 en la limpieza y recuperación de viviendas patrimoniales privadas.

Esto se hizo mediante el programa de recuperación de fachadas en bienes inmuebles patrimoniales, a cargo del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP). Durante ese lapso, 102 familias participaron del programa.

Los grafitis también afectan a la infraestructura pública. Un ejemplo del daño se evidencia en la plaza República, del Consejo Provincial de Pichincha, ubicada en Santa Prisca.

En ese punto se aprecian dibujos, tags (firmas de los artistas urbanos) y frases pintadas con aerosol. En ese sector tiene su negocio Viviana Rueda. El ingreso de su tienda tiene varios rayones y eso, para ella, da una mala imagen para sus clientes y para quienes transitan por ese barrio.

“Es un gasto limpiar y limpiar esos rayones que, a mi parecer, no dicen nada. Pero también genera una sensación de inseguridad al ver todo rayado”, comenta Rueda.

En la av. Gran Colombia, norte de Quito, no se salva ni el hospital Eugenio Espejo. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En la av. Gran Colombia, norte de Quito, no se salva ni el hospital Eugenio Espejo. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El Consejo Provincial busca alternativas para este tipo de expresiones. En el momento, se trabaja con los grafiteros de las parroquias rurales. Richard Guerrón es coordinador de Inclusión Social de la Dirección de Desarrollo Comunitario de la Prefectura de Pichincha.

Dice que allí funciona el proyecto Juventudes por el Buen Vivir, con el cual se brindan alternativas para que los chicos dediquen su tiempo a actividades artísticas.

Esto se desarrolla durante la temporada de vacaciones. Guerrón explica que se trata de colonias vacacionales en las que les enseñan técnicas de caras pintadas, teatro, dinámicas motivacionales, payasería, zancos, juegos tradicionales, magia, títeres, danza y expresión corporal. En las últimas vacaciones se les enseñó la historia y el arte que gira alrededor de los grafitis. Se capacitó a 450 jóvenes.

Al final del curso, ellos fondearon las paredes de la plaza República para expresar lo que aprendieron. “No es un tema de destrucción, sino de arte”, precisa Guerrón.

Esta no es la única entidad que busca alternativas para entregar espacios a los artistas urbanos. El Servicio de Gestión Inmobiliaria del Sector Público (Inmobiliar) tiene a cargo los bienes inmuebles del Estado Central. Nicolás Issa, director general de la institución, señala que en el momento hay un proyecto para buscar espacios donde se puedan realizar murales. Sin embargo, los primeros pasos en esta iniciativa se darán en Guayaquil.

“Estamos buscando opciones para hacerlo porque no es que contamos con mucho espacio disponible”, indica.

En Quito, Inmobiliar tiene a cargo 85 inmuebles transitorios entre terrenos, edificios, casas y departamentos.

Para dueños de predios comoHernández, mantener una fachada limpia es una cuestión de respeto al otro. “Creo que se debería pensar en educar y concienciar sobre el daño que representa para una familia el gastar tantos recursos en limpiar una casa”.

Los dueños de casas y locales comerciales lidian con los grafitis
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