24 de septiembre de 2020 00:00

El cantón Chillanes, en Bolívar, batalla con la ceniza del volcán Sangay

Los campesinos llevan, desde el centro de Chillanes, los silos de pasto, para alimentar las reses. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Los campesinos llevan, desde el centro de Chillanes, los silos de pasto, para alimentar las reses. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Modesto Moreta
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Los cultivos de mora, maíz, fréjol, tomate y las grandes extensiones de pastizales perdieron su verdor. Desde el domingo 20 de septiembre del 2020, la ceniza del volcán Sangay se asentó sobre las zonas productivas del cantón Chillanes, en la provincia de Bolívar, conocido como ‘El granero del Ecuador’.

Los agricultores de Sumbe, San Juan Pamba, El Encillado, Rinconada, El Guayabal, San Pedro de Guayabal, Ichín y de las 42 comunidades de la parroquia San José del Tambo intentan salvar sus productos.

En la comunidad de Ichín, Willian Jácome sacude todos los días el pasto antes de alimentar a sus reses. El polvo cayó sobre 35 hectáreas de forrajes para el ganado.

El martes 22 de septiembre compró madera y construyó comederos para sus 20 reses que dejaron de dar 70 litros de leche diarios. “Elaborábamos quesos y vendíamos por libras en Chillanes, pero ahora las vacas dejaron de producir y están sueltas. Siento que están enfermas”.

Jácome se levantó a las 05:00 de ayer. Se protegió con un sombrero, botas de caucho y una chompa, y fue a rodear a sus animales; sacudió el pasto antes de que saliera el sol y se levantaran las grandes cortinas de polvo, por el viento.

En el poblado de Ichín, de 45 familias, hay 1 000 cabezas de ganado. La comunidad producía 700 litros de leche por día.

En el centro de Chillanes, Luis Ordóñez organizó la entrega de 45 rollos de ensilaje para el ganado, que fueron donados por la Asociación de Ganaderos de la Sierra y Oriente. Se llevan en pequeños camiones hasta las comunidades.

En el grupo está Angélica Tapia. Ella recibió dos costales para alimentar a sus 40 cabezas de ganado que tiene en su comunidad San Juan Pamba y El Encillado. Contó que uno de sus animales murió el martes por la ceniza.

La mujer dijo que no hay alimento para los semovientes y los dos quintales no abastecen. “Mi esposo se fue a ver a los demás animales que están en los potreros. A las 12 reses que están acá (cerca de la casa), les limpio todos los días la ceniza para que no mueran, pero ya no sé qué hacer. Les doy bastante agua con linaza para que no se enfermen”.

A la entrega también asistió Gloria Inca. Sus animales están en mal estado. “Si no madrugamos a limpiar el pasto, las reses ya no tienen qué comer, porque la ceniza se queda pegada en las hojas”.

Recordó que el domingo, a las 08:00, el cielo se volvió b. Pensó que iba a suceder algo terrible; por eso buscó los ramos benditos para quemarlos. “Creí que el mundo se terminaría, porque el día se transformó en noche”.

Un informe del Ministerio de Agricultura y Ganadería detalló que al menos 12 000 hectáreas de pastos que alimentaban a 10 000 reses están afectadas en Chillanes.

Una capa de entre 2 y 3 milímetros cubre el forraje. Hay más daños en 1 000 hectáreas de cultivos de tomate de árbol y mora, que perjudica a más de 6 000 productores.

Juan Narváez, director del MAG de Bolívar, dijo que por la temporada de cosecha del maíz no hay grandes pérdidas en las 7 000 hectáreas sembradas. “Nos preocupa que el ganado tenga problemas en la alimentación; por eso, 15 grupos de técnicos recorren las comunidades capacitando a los agricultores para que protejan a los animales y limpien con agua los ojos, las mucosas, la nariz y cepillen el pelaje para evitar irritaciones y caídas de pelo”.

Indicó que desde el lunes 21 de septiembre se inició la entrega de 600 fundas de ensilaje y de heno de 45 kilos a los dirigentes de las comunidades. También se distribuyeron 40 bombas de aire para limpiar los sembríos, especialmente de mora y tomate, que están afectados.

En las próximas horas de mañana llegarán desde el subtrópico 8 camiones con rechazo de banano para los ganaderos.

En otra comunidad, Sumbe, desde la parte alta del pueblo, se observa mejor la dimensión de los daños provocados por la ceniza del Sangay.

El cultivo del fréjol de Miguel Huilca quedó enterrado por el polvo gris. Ayer, con ayuda de su esposa y dos cuñados intentó cosechar, pero fue casi imposible hacerlo.

La capa de ceniza es gruesa y eso impide recoger los dos quintales planificados por el agricultor. “Estamos quebrados, porque con la pandemia también dejamos de producir y vender, y ahora la ceniza casi terminó con todos nuestros productos”.

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