28 de June de 2009 00:00

Las barras tienen permiso para la violencia

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Redacción Siete Días

Los enfrentamientos de las barras bravas se han hecho comunes en los interiores y exteriores de los estadios.
El asesinato del joven David Erazo, de 17 años, e hincha de El Nacional, el pasado sábado, después del partido entre Liga de Quito y los criollos,  puso otra vez en evidencia   el aumento de los hechos violentos.



Lo que dice la ley  
La Ley de Cultura Física, Deportes y Recreación  estipula el control de la violencia en escenarios deportivos en el país.
Los artículos 74, 75 y 76 detallan que la Comisión Nacional de Control de Violencia (Conaved) debe tomar medidas en caso de incidentes en eventos deportivos.
Esas normativas no se  han aplicado. Y la Comisión solo se ha reunido en tres ocasiones desde el 10 de agosto de 2005, sin investigar ni sancionar.Erazo, un adolescente que tenía siete meses como integrante de  la barra Marea Roja, fue apuñalado  por una persona, identificada ya por la Policía Judicial, en las cercanías al estadio de la ‘U’, en el norte de Quito.

El hecho es la consecuencia de las peleas constantes  entre las barras de los equipos de fútbol en el país, organizaciones que no están reguladas por las autoridades competentes ni deportivas.

La muerte de Erazo se une a la de Carlos Cedeño, un niño de 12 años muerto en septiembre de 2007,  en el estadio Monumental, después que los miembros de la barra Sur Oscura lanzaran una bengala a  los de la Boca del Pozo, sus tradicionales opositores.
 
¿Por qué estos enfrentamientos? Según el psicólogo Francisco Peralta, esos hechos se sustentan  porque los integrantes de las barras pretenden  trascender con violencia en un grupo. “Pero la   raíz de todo es que sus integrantes arrastran problemas  familiares por la pobreza, falta de estudios, divorcios, migración...”.

Peralta es partidario de que las organizaciones deportivas o privadas no deberían plantearse soluciones reactivas sino proyectos que puedan involucrar a grupos para  un bien común.
Es decir, un plan de fútbol que se arrastre desde las escuelas o que involucre a las barras en tareas de desarrollo comunitario. “En Europa hubo que migrar de teorías a prácticas para mejorar la sociedad”.

En el país existen cerca de 60 agrupaciones de barras de aficionados, en los 22 equipos de las Series A y B, de las cuales las más violentas, según la Policía, son las del Barcelona, Liga de Quito, Deportivo Quito... Pero ninguna está registrada en los clubes ni en organismos estatales.

Sin embargo, las barras han logrado extenderse en el país con   extensiones de sus agrupaciones en otras ciudades; además han conseguido  que las dirigencias de los clubes les entreguen buses para movilizarse en el país, con sus respectivas entradas para los   partidos de fútbol...

La Policía ha calificado los enfrentamientos como hechos vandálicos, pero las organizaciones deportivas, responsables  de los espectáculos deportivos,  han evitado plantear alternativas para, por lo menos, atenuar la violencia en los interiores y exteriores de los escenarios de fútbol. Y la ley que existe ni siquiera se aplica.

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