14 de September de 2009 00:00

Con el balón en los pies y los libros en las manos

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Milton Froilán Jiménez. Quito

El lunes es el día más duro para los futbolistas juveniles. Pues tras un fin de semana con festejos, goles y gambetas regresan a clases con la obligación de presentar deberes, trabajos y pruebas atrasadas.

Con esa condición, colegios como Corazón de María, Juan Mantovani, Mejía, Eufrasia, Spellman... permiten que los futuros astros falten a clases para cumplir con sus respectivos clubes. 

Ese es el caso de Jorge Palacios, zaguero central de la Sub 16 de El Nacional. El lojano confiesa que por lo regular, no va a clases los jueves y viernes porque tiene que viajar con los ‘militares’; el sábado juega y el domingo se iguala en los cuadernos con Andrés Padilla, del Colegio Montúfar.

Por lo regular, va a casa de Padilla con su vieja mochila de útiles y una funda de pan. En una ocasión, llevó cecina de carne que trajo desde su natal Catamayo.

Al siguiente día, Padilla le reclamó y le dijo que su obsequio estaba duro y tenía un sabor raro. Entonces, se enteró de que era carne de burro. “Dicen que es buena para los huesos. A mí me gusta”, comentó entre risas el deportista.

Desde hace dos años, Palacios comparte el fútbol con los estudios y, pese a que se quedó a supletorio, pasó a cuarto curso y es una de las figuras de la Sub 16.

No niega que es difícil cumplir con las dos responsabilidades, pero acepta el reto con la prioridad de convertirse en futbolista profesional y  migrar al balompié inglés, caso contrario,  “seré médico”, dice con resignación.

Palacios es uno de esos tantos jugadores que decidió probar suerte en un club profesional. A los 12 años salió del sur del país, llegó a Tumbaco  y se puso a órdenes del técnico Cosme Charro.

Mientras que en el Montúfar, profesores y autoridades conocen su actividad y le dan facilidades para no asistir a las aulas y entregar tareas atrasadas. Para el efecto, el sargento Nicolás Lucano, secretario de las divisiones formativas del club, envía una solicitud para justificar la ausencia.

Los colegios militares ayudan a las formativas

Mauricio Carranco se caracteriza por ser el cerebro del equipo. Juega de 5, aunque a veces ocupa la posición de marcador derecho.

Su vinculación con El Nacional se dio hace tres años por intermedio de Luis Granda, DT de fútbol del Colegio Militar Eloy Alfaro y cazatalentos de los ‘criollos’.

Cuenta que se mostró en los intercolegiales. “Esos partidos fueron la vitrina para llegar a los criollos”, dijo el ibarreño de 16 años Además, cuando se representa bien al colegio, reciben becas.

De allí que cuando le propusieron enrolarse al equipo, pensó a futuro. “Si de un colegial pasó a El Nacional, ¿qué más vendrá?

Su destacada actuación en el club lo llevó a tomar una decisión. Ahora, está en 5° Sociales del Colegio Ecuador -a Distancia-. Se justifica al decir que el próximo año irá a la Sub 17 y los entrenamientos son matutinos.

Al respecto, Orlando Narváez, licenciado de Cultura Física  y DT del Militar Abdón Calderón, dice que a los jugadores más destacados se les pide que cambien su modalidad de estudio.

En efecto, Narváez agrega que con los futbolistas que superan la Sub 16 se arma el ‘equipo de proyección’. Esta división élite ensaya en el día. Por lo tanto, los jugadores deciden por la nocturna o a distancia.

Antes de esa edad, los colegios A. Calderón, E. Alfaro, Cotac, Liceo Naval... -según Narváez-, al ser entidades militares, dan todas las facilidades para que se entrenen y mejoren su nivel deportivo.

La situación de Johnny Barre es similar. El volante de 15 años dejó el Cebollar La Salle y se matriculó en el Mejía nocturno. Mientras que Paúl Dávila terminará el bachillerato en el Spellman.

Los ‘albos’ deciden en qué colegio estudiar

Diego Hurtado, Andrés Ortega, Mauricio Muirragui y Jefferson Carcelén se caracterizan por ser buenos futbolistas y estudiantes. Jamás se han quedado a supletorio y se perfilan como futuros astros de Liga de Quito. 

Su tiempo está copado. Por la mañana a clases, las tardes entrenan y los fines de semana juegan. Al igual que en El Nacional, existe un dirigente de divisiones inferiores (Bolívar Moreano) que se encarga de los oficios para justificar sus ausencias.

Pese a que Liga tiene colegio, la mayoría de jugadores estudia en otras entidades. Patricio Hurtado, ex jugador de la ‘U’, dice que la educación con los ‘albos’ es regular, ya que su prioridad es formar futbolistas. Por eso, su hijo (Diego) está en el Paulo VI, donde recibe una beca por ser buen deportista.

Gustavo Rosero, DT de la Sub 14, agrega que, si un futbolista a los 16 años muestra condiciones, se le aconseja que cambie  de modalidad.

“Pasé a 3° curso (Colegio Eufrasia) con las justas en Matemáticas y en Ciencias Naturales. Es duro, pero nosotros somos la nueva generación del fútbol. Queremos administrar nuestro dinero y saber lo que firmamos”, dijo Muirragui.

El volante llegó a Liga tras mostrarse en la Copa de Naciones y demás campeonatos vacacionales. Representaba al Eucaliptos.

Ortega (Colegio Pomasqui), en cambio, salió del club Fundeq. Él se destacó en un torneo de fútbol-sala y un cazatalentos lo llevó a las menores de Liga. Para ellos, los lunes también son días fuertes, pues tienen que ponerse al día en sus obligaciones como estudiantes.

Los del Independiente se van al Juan Mantovani

Por segundo año consecutivo, cerca de 15 jugadores de la Sub 16 del Independiente del Valle (Serie B) ingresan hoy a clases en el  Juan Mantovani. “El club paga el 50% y el colegio aporta la otra mitad”, explicó Luis Martínez, coordinador de las formativas.

En esa lista de inscritos está Jean Carlo Rivera, hijo del ex futbolista Wagner Rivera. Para el lateral derecho de 16 años, es la primera vez que un club se preocupa por su preparación académica.

Comenta que ha jugado en Machala y en Guayaquil y ningún club le dio las facilidades para estudiar. “Quiero estar preparado en la vida para que no me suceda lo mismo que a mi padre”, dijo.

El tulcaneño Cristian Fierro también experimentará la responsabilidad de ser futbolista y estudiante. “Creo que se puede hacer las dos cosas. Es cuestión de uno”, dijo durante la práctica del jueves, en Amaguaña.

Los futbolistas fuera del campo de juego

Pese a que El Nacional  no tiene convenio con ninguna entidad educativa, sus deportistas van a los colegios militares. También acuden al Corazón de María.

Hasta mediados de 2008, Deportivo Quito tenía un convenio con el Colegio Emile Jaques-Dalcroze. A cambio, la entidad recibía publicidad en el estadio. 

Dep. Cuenca también ayudaba a los mejores deportistas en los estudios. Debido a la crisis financiera del equipo, ese respaldo prácticamente se perdió. 

En el Barcelona no existe un programa destinado a la preparación académica de sus futbolistas. Solo estudian los que están en posibilidades de hacerlo.

La situación en Emelec es similar. La mayoría de sus deportistas de divisiones inferiores se dedican exclusivamente a jugar. Pocos futbolistas van a las aulas.

Los futbolistas que acuden a clases dicen que el estudio es un seguro de vida. Enfatizan que el fútbol es traicionero. Por eso, agradecen a los colegios por la ayuda.

Los torneos intercolegiales y vacacionales son las vitrinas de los infanto-juveniles. A estos campeonatos acuden los cazatalentos de los principales clubes.

Cuando Júnior Sornoza (15 años)  jugaba en la selección de Manabí, le ayudaban para que estudie en el Manabí Tecnológico. Ahora juega en el Independiente.  

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