9 de September de 2009 00:00

El último año empezó para los escolares

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Redacción Sociedad

Son los más ‘viejos’ de sus instituciones. Aunque ayer empezaron su primer día de clases, sus maestras les recuerdan que con ellos no es necesario hacer un período de adaptación...

En el séptimo de básica, Teresa Sandoval recibió a 46 niños, en la Escuela Rosario Gonzales de Murillo, en la Motilones y Fernando Dávalos, en La Concepción.

Los colegiales
Hoy se inician las clases en los colegios de Quito. Esto es parte del ingreso escalonado para evitar el tráfico vehicular.
Los padres de familia pueden acudir a las Unidades Territoriales Educativas (UTE) si no han encontrado cupos para sus hijos. Para conocer a qué zona acudir llame al 2951 916.

Además de contarles que los pupitres que tienen son nuevos y más grandes porque los usarán en la tarde los chicos del octavo de básica, les pidió no olvidar sus útiles. Hicieron falta cuatro bancas usadas, que los padres de los chicos trajeron de otra aula.

Sandoval les recordó que la primera semana es de adaptación. “Pero ustedes ya saben cómo trabajamos, aplicaremos las pruebas de diagnóstico”. Les comentó que los libros entregados por el Ministerio de Educación ya están en el establecimiento.

Josué Fernández ingresó a la escuela, en segundo de básica. Ahora está en séptimo, el último año antes de pasar al colegio. “Estar en este grado me  da  tristeza, no voy a volver a ver a mis compañeros a menos que por una coincidencia me los encuentre en la calle o en el colegio. También me alegra finalizar un paso en mi vida para entrar a otro”.

Sus mejores amigos, con quienes forma el grupo de “Los tres mosqueteros”, como dice, son Marco Revelo y Édison Carrillo y yo. La escuela tiene 1 100 estudiantes, 920 si no se cuentan los de octavo año. Y 40 maestros.

Camila Toala, también estudia en este centro. “Mi mamá dice que este año debo dar todo de mí, no puedo sacar ninguna mala nota para ir a un buen colegio. Quisiera ir al Manuela Cañizares o al Benalcázar porque tienen bachillerato internacional, así podría  estudiar en todo el mundo”.

En la Escuela Galo Plaza, en la Gonzalo Valencia y Bartolomé Ruiz, en la Quito Norte, Génesis Ramírez, cree que los chicos de séptimo de básica son como los hermanos mayores.

“Los más pequeños sí nos respetan, debemos enseñarles  muchas cosas a los chiquitos. Por ejemplo, algunos todavía no saben cómo se usan los baños, dónde están, cómo llegar a las aulas. El próximo año ya me van a decir señorita”.

Ella recuerda que su papá Diego Ramírez le pide que estudie mucho. “Soy la mejor alumna de mi grado y quiero ser abanderada del pabellón nacional para escoger a qué colegio ir”.  

Su compañero Antony Escalante no cree que el séptimo de básica sea más difícil que los otros grados. Pero sus papás le han dicho que debe esforzarse más. 

“Al inicio era muy feo estar aquí, no tenía amigos. Solo pasaba con mi hermano, que este año ya entró al colegio. A mí me gustaría ir al Mejía. He cambiado en estos años, antes era más inquieto. Aunque me vaya voy a recordar a la señorita Neima Aguirre, es la mejor profesora que he tenido”.

Pero mientras estos niños ya empezaron clases, hay otros que aún no han encontrado dónde estudiar. Es el caso de Kevin Salgado, quien con su madre Consuelo García, ayer acudió a la Unidad Educativa Territorial (UTE) cinco, en La Recoleta. Tuvo un promedio de 13,5 porque según contaron el año pasado afrontó el divorcio de sus padres. 

Mercy Idrobo, de la UTE cinco, indicó que en estos meses les han solicitado cupos para escuelas, noveno, décimo y bachillerato.

“Son estudiantes que desean salir de los planteles particulares. Sus padres dicen que lamentablemente la situación económica es difícil y necesitan colocarlos en un centro público. A diario vienen 20 ó 30 padres”.

Idrobo también cree que hace falta cambiar la mentalidad del padre. Si no hay espacio en un plantel de renombre no aceptan. La Escuela Joaquina Gangotena, de Conocoto, nos envió  un oficio. No abrirán el octavo de básica por falta de alumnos matriculados.

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