31 de enero de 2020 00:05

Entre mayo y diciembre de 2019, la AMT emitió 247 291 multas

En la avenida De los Shyris se realizó un operativo, el miércoles, para controlar documentos y el estado de los carros.

En la avenida De los Shyris se realizó un operativo, el miércoles, para controlar documentos y el estado de los carros. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
y EL COMERCIO DATA (I)

No portar licencia, conducir sin cinturón de seguridad, parquearse en sitios prohibidos, tener el contrato caducado y no obedecer las señales de tránsito son las cinco infracciones más comunes en Quito.

Entre mayo y diciembre del 2019, bajo la actual administración municipal, se emitieron 247 291 infracciones. Aunque la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) dice que las sanciones bajaron en 43 764 respecto del mismo lapso del 2018, la incidencia es alta y el mismo tipo de infracciones sigue en los primeros lugares.

Según un ranking de la entidad, varía el orden de algunas transgresiones. Por ejemplo, dejar o recoger pasajeros en sitios indebidos estaba en el puesto 17 en el 2018; el 2019 subió al 13. Algo similar ocurrió con el exceso de velocidad, que pasó del puesto 19 al 16.

Las sanciones se aplican en operativos de control o en cualquier punto de la ciudad, donde alguno de los 2 400 agentes y 280 fiscalizadores detecte un incumplimiento.

Los operativos de la Agencia de Tránsito, según Francisco Arauz, director de Fiscalización, se planifican semanalmente. Además, hay otros para partidos de fútbol, conciertos y eventos muy concurridos.


En estos sitios, primero se pide a las personas no estacionarse en áreas verdes, parterres y otras zonas prohibidas. Si lo hacen, les multan con el 10% del salario básico unificado (SBU) y remolcan sus autos.

El miércoles, uniformados revisaron documentos y estado mecánico de carros, en la av. De los Shyris. Allí, un bus de la compañía Metrotrans, que cubre la ruta Guamaní-Estadio, fue trasladado a un patio de retención. Parte del parabrisas era un vidrio improvisado, apenas sostenido por un caucho negro. Al moverlo, quedaba una rendija. El riesgo, explicaron los agentes, era que este se cayera y causara un accidente o, al romperse, hiriera a los pasajeros o al conductor.

La unidad tenía una llanta lisa y las plumas apenas sostenidas con un alambre. Conducir un carro en mal estado es una infracción que el COIP castiga con una multa de USD 120.

Arauz dice que estos casos esconden dramas sociales: el conductor llevaba poco tiempo a cargo del bus, pero perderá seis puntos de la licencia. Sin embargo, el propietario del bus no debería permitir que circule con este tipo de daños.

En los operativos es usual escuchar excusas, súplicas y gritos para evitar sanciones. En este último caso, los agentes y fiscalizadores tienen la disposición de esquivar confrontaciones. “Si alguien nos agrede, debemos evitar contacto a toda costa y pedir apoyo a los compañeros”, subraya Arauz.

Para el taxista Jaime Tonato, quien conserva los 30 puntos de su licencia en 20 años al volante, estos operativos son necesarios, pues motivan al conductor a manejar con responsabilidad. “Yo me cuido mucho y trato de tener paciencia para trabajar tranquilo”, dice.

Los agentes aplauden historiales como el de Tonato, porque solo unos 50 de cada 300 taxistas conservan todos o casi todos los puntos de su licencia.

El director de la AMT, Juan Manuel Aguirre, cree que a Quito le falta cultura vial y eso se nota en acciones arriesgadas, como manejar con exceso de velocidad. Agrega que hay gente a la que no le preocupa la sanción, porque conducir sin licencia solo es una multa del 10% del SBU. Quien va sin cinturón paga 5% y pierde tres puntos en la licencia y no piensa que también puede morir.

Pese a que en estos ocho meses se han intensificado los operativos de mal parqueados, el promedio de carros remolcados sigue en 170 diarios.
En la última semana, de 25 a 30 personas fueron sancionadas por conducir ebrias. Para frenar este hecho, se hacen operativos preventivos y se invita al conductor que bebió a pasear en un patrullero, una ambulancia o un carro fúnebre.

El impacto psicológico de los conductores al imaginar el escenario es fuerte, cuentan los agentes. El objetivo es generar conciencia sobre la responsabilidad de estar al volante.

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