28 de septiembre de 2018 07:27

Afganistán inicia campaña para legislativas entre el miedo y la violencia

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Agencia AFP

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La campaña para las elecciones legislativas en Afganistán, durante mucho tiempo postergadas, se abre este viernes en un clima de miedo e incertidumbre ante los riesgos de violencia y las múltiples alegaciones de fraude.

Más de 2 500 candidatos están en liza para los comicios del 20 de octubre, en los que la cámara baja del Parlamento afgano será totalmente renovada.

La votación, que llega con tres años de retraso debido a la inestable situación del país, es percibida también como un ensayo general antes de la elección presidencial, prevista en abril.

Las legislativas se celebran además un mes antes de una importante conferencia de la ONU en Ginebra, en la que la comunidad internacional espera convencer a los países donantes de los progresos realizados en Afganistán.

Anteriores conferencias de donantes en 2012 en Tokio y luego en 2016 en Bruselas, permitieron promesas de donaciones por más de 30.000 millones de dólares en total.

Pero la preparación de estas elecciones es caótica, debido a los escollos burocráticos, las alegaciones de fraude en el proceso de inscripción de los electores, la tardía implementación de un sistema de verificación biométrica de los electores, y varios episodios de violencia. Todo ello puede conducir a un resultado poco creíble.

Las máquinas biométricas exigidas por los dirigentes de la oposición tienen como objetivo impedir que una persona vote varias veces. Pero solamente 4.400 máquinas han sido de momento entregadas, en lugar de las 22.000 pedidas.

La Comisión Electoral independiente insiste no obstante en que la votación se celebre, con o sin máquinas.

Nueva generación 


Unos 35 candidatos condenados por corrupción o tráfico han sido descartados y 2.565 candidatos, en su mayoría independientes, aspiran a los 249 escaños en juego.

La mayoría de los actuales miembros del Parlamento -muchos de ellos con reputación de corruptos o ineptos - son candidatos a su reelección. Tendrán como rivales a centenares de nuevos aspirantes a políticos, a descendientes de antiguos señores de la guerra, a empresarios o a miembros de la sociedad civil.

“El parlamento debería ser la casa del pueblo. En lugar de eso, se ha convertido en un lugar para las redes mafiosas, la corrupción y para quienes trabajan para sus propios intereses”, se indigna la experiodista de televisión Maryam Sama, de 26 años, candidata en la provincia de Kabul.

La galopante demografía de Afganistán debería, en teoría, favorecer a los jóvenes candidatos. Pero su desafío es inmenso ante la vieja guardia, que durante tanto tiempo dominó la política afgana y sigue ejerciendo sobre ella una influencia notable.

“Los antiguos políticos, legatarios de poderes étnicos y religiosos, se consideran los propietarios legítimos y exclusivos de la política” observa Naeem Ayubzada, director de la Fundación Independiente para unas Elecciones Transparentes en Afganistán (TEFA) .

Talibanes y Estado Islámico 

La ola de violencia que se ha abatido sobre gran parte del país en los últimos meses ha alimentado la duda sobre la pertinencia de estas elecciones en semejante contexto.

La tarea se anuncia enorme, pues los talibanes y el grupo Estado Islámico (EI) han prometido perturbar las elecciones.

Por primera vez, 54.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas protegerán los 5.000 colegios electorales. Por razones de seguridad, otros 2.000 colegios no abrirán.

Por su parte, la misión de la OTAN en el país se mantiene voluntariamente en segundo plano, dejando el mantenimiento del orden a las fuerzas afganas.

“Las elecciones no tienen que ver con la OTAN sino con el pueblo afgano” afirmó Cornelius Zimmermann, representante civil del organismo en Afganistán. La aviación de Estados Unidos seguirá sin embargo apoyando a los tropas de tierra, si ello fuera necesario.

Pese a estas medidas, algunos observadores se muestran escépticos y opinan que hubiera sido mejor retrasar estas elecciones legislativas hasta después de los comicios presidenciales. “Ello sería la mejor solución” asegura un diplomático occidental que requiere el anonimato.

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