25 de febrero de 2019 00:00

La actividad docente impacta en la salud

Docentes de segundo y tercero de la Unidad Educativa Municipal Quitumbe, en juntas de curso. Foto: EL COMERCIO

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Valeria Heredia

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Cuando Rita Iñiga cumplió 10 años como docente sintió las primeras dolencias. Comenzó con malestar en su espalda, luego le detectaron várices y, finalmente, una alergia al polvo de tiza y al marcador. Pese a eso, con una sonrisa, cumplía con su labor en el aula.

Estas enfermedades están relacionadas con su profesión. Cinco de los siete días de la semana, Rita debía estar parada, levantar la voz y mantener activos a más de 20 alumnos con quienes trabajaba.

Este ritmo genera afecciones en la salud de un profesor, principalmente en la garganta, columna y vías urinarias. Lo explica María Alexandra Torres, enfermera del Colegio Kepler.

“Un maestro no puede dejar solos a sus estudiantes, por lo que -por ejemplo- no puede ir a su tiempo al sanitario”.

En la Unidad de Riesgos del Trabajo, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), se registraron entre 2016 y 2018 los 10 principales trastornos de esta profesión.

Entre ellos: alteraciones de la voz, asma, alteración en la columna, hipoacusia conductiva y neurosensorial o pérdida auditiva y síndrome del túnel carpiano (ver gráfico).

Esta última es la más frecuente con 12 casos reportados desde el 2016. Se trata de un agudo dolor en la muñeca producido por un movimiento repetitivo. El uso constante del teclado o del ratón inciden.

En el Reglamento del Seguro General de Riesgos del Trabajo, publicado en julio del 2016 en el Registro Oficial, se establece que los afiliados cuentan con un seguro general, que cubre lesiones corporales y enfermedades profesionales.

El propósito es que los asegurados reciban una pensión, subsidio o indemnización de forma momentánea.

El plazo de entrega de un subsidio o pensión por incapacidad temporal es de máximo un año. La indemnización por incapacidad permanente parcial se entrega una sola vez y es de USD 39 400. El IESS no detalló si algún profesor recibió este último subsidio.

Para que una dolencia sea calificada como enfermedad profesional, la entidad revisa cinco parámetros. Entre ellos los clínicos, en donde se detectan signos y síntomas; ocupacional o búsqueda de causas y efectos del mal. Además, el higiénico-epidemiológico, de laboratorio y el médico-legal.

Rita no optó por este seguro de riesgos, pensó que correspondía a casos extremos. Sintió afectaciones en sus manos. Pero mucho más repercutieron en su salud la alergia y las varices. Tras la operación de la última sintió que su fuerza para movilizarse disminuyó.

Los trastornos lumbares y de los discos intervertebrales también constan en la lista de males que aparecen en Riesgos del Trabajo en este grupo.

Consuelo Araujo siente dolor en su columna. Los síntomas se presentaron en el 2015 mientras daba clases en la Unidad Educativa Municipal Quitumbe, en el sur de Quito.

Los médicos le recomendaron evitar el esfuerzo físico, acudir a terapias y le recetaron desinflamantes. Ella ha seguido cada indicación para mejorar su salud y continuar con sus actividades diarias.

Hoy, por ejemplo, retorna a clases luego de una semana de vacaciones escolares por el fin del primer quimestre.

A las docentes también les afectan otras enfermedades más complejas como el cáncer, aunque no consta en el listado de Riesgos del Trabajo.

¿El motivo? Una enfermedad ocupacional es una afección crónica, causada de manera directa por el ejercicio de la profesión u ocupación. Es decir, como resultado de la exposición a factores de riesgo que produjeron o no incapacidad.

Marianita Muñoz y Janneth Vélez son compañeras de Consuelo en la Unidad Quitumbe. A las dos les diagnosticaron cáncer de tiroides, que incide en la frecuencia cardíaca, presión arterial, temperatura corporal y en el peso. Se sometieron a una cirugía de extirpación de la glándula y a terapias de yodo y radiación.

Marianita, docente por más de 20 años, siente cansancio extremo y calambres. Pese a ello -reconoce- acude a trabajar animada. “El cariño de mis niños es una medicina”.

La mujer no planea acogerse a la jubilación aún, porque “ama enseñar a sus estudiantes”. Sin embargo, sí le gustaría tener horarios más flexibles.

En colegios particulares también se registran afectaciones en la salud de la planta docente. El dolor de garganta predomina por el uso constante de la voz y el cambio de clima. El estrés también golpea al maestro. La carga administrativa y los conflictos con estudiantes inciden.

Así lo explica el psicólogo de este plantel, Jorge Mejía. “El docente debe convivir en un ambiente equilibrado para mantenerse saludable”.

Otra de las recomendaciones -dice Torres- es llevar una vida equilibrada, basada en una dieta saludable y actividad física. En el Kepler, todos los viernes los docentes hacen deportes como bailoterapia.

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