12 de febrero de 2018 00:00

El acoso laboral en Ecuador se sanciona con despido 

Una forma de acoso en el trabajo es obligar al empelado a realizar una labor para la cual no fue contratado. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Una forma de acoso en el trabajo es obligar al emplEado a realizar una labor para la cual no fue contratado. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Diana Serrano

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El acoso laboral es sancionado en el país con visto bueno y despido, según la Ley Orgánica Reformatoria del Servicio Público y al Código de Trabajo, que busca prevenir este tipo de conductas en la oficina.

Hasta hace algunos años se creía que este tipo de hostigamiento se refería únicamente al acoso sexual; es decir, cuando un jefe o compañero de trabajo hacía requerimientos sexuales bajo intimidación.

Pero el concepto es más amplio. La reforma legal, en vigencia desde noviembre del 2017, establece que se entiende por acoso laboral todo comportamiento atentatorio a la dignidad de la persona que ocasione menoscabo, maltrato, humillación o un perjuicio en la situación laboral.

Este comportamiento se sanciona así sea cometido dentro del lugar de trabajo como fuera de este sitio, como paseos, capacitaciones, etc.

El hostigamiento no es solo del jefe al subordinado, sino que puede ser entre compañeros de trabajo o incluso en contra del superior. Otra condición es que debe haber un comportamiento reiterado.
La Ley establece que para denunciar el acoso, el agredido debe presentar pruebas.

Por ejemplo, si un trabajador es obligado a cumplir una tarea para la que no fue contratado, en su evaluación de funciones se determinará que ejecutó otras labores, lo cual puede ser evidencia de acoso.

El agredido también puede presentar testigos, explicó Gabriel Recalde, director del Centro de Estudios de la Política Laboral.

Pero los especialistas coinciden en que el concepto es amplio y subjetivo. “Puede llevar a un abuso de derecho”, aseguró el abogado Fabián Esteban Corral, del estudio jurídico Corral-Barriga. Por ejemplo, si un empleador es exigente, pide cumplir una tarea bajo ciertos parámetros y el trabajador no llega a ese nivel, este puede interpretar el pedido como un acto hostil. Los llamados de atención también pueden confundirse con acoso, aunque no haya agresión.

Los expertos consultados detallan algunos comportamientos que pueden permitir identificar mejor los casos.

Por ejemplo, un acosador no permite a la víctima la posibilidad de comunicarse, le interrumpe continuamente cuando habla, le grita, le ataca verbalmente para criticar su trabajo, le aterroriza o amenaza, la acosa sexualmente, rechaza el contacto con la víctima mediante gestos de desdén o ignora su presencia.

“Cada mañana es una tortura volver a mi trabajo”, cuenta María Augusta, programadora digital de 29 años. Ella labora en una agencia de Marketing, hace 10 meses. Desde las primeras semanas, su superior le ha impedido tomar recesos, le asignó un puesto de trabajo aislado al de sus compañeros y hasta le ha descontado parte de su sueldo sin razón, lo cual, además, atenta contra otros derechos laborales.

La joven prefiere no denunciar a su jefe para evitar represalias en su contra.

Ella no es la única que calla el acoso laboral. Pamela, asistente de nómina, dice que es víctima de hostigamiento por parte de uno de sus colegas, que siempre cuestiona de forma grosera sus decisiones. En los trabajos en equipo le dice que sus ideas son tontas e inútiles. El éxito de los proyectos se los atribuye él solo.

No tiene pruebas del maltrato, por lo que teme que denunciarlo le traiga más problemas.

La Ley también sanciona el acoso discriminatorio por etnia, lugar de nacimiento, sexo, identidad de género y otros.

Fabián, fotógrafo de 25 años, trabajó por un año en una agencia de publicidad. Uno de sus jefes le pedía que limpiara la oficina, aunque no era su función, y le hacía bromas sobre sus preferencias sexuales frente a sus compañeros. Cansado de las humillaciones, Fabián optó por renunciar.

No asignarle tareas a la víctima o darle tareas inútiles o peligrosas también son formas de acoso laboral.

El primer paso para combatir este comportamiento es reportarlo al área de Recursos Humanos de la empresa. Si no hay este departamento o no se soluciona el problema, el afectado puede recurrir al Ministerio de Trabajo, que inicia una conciliación, antes del visto bueno y despido del infractor.

En el proceso, la compañía tiene la obligación de justificar las medidas tomadas para tratar el hecho de acoso y el Ministerio podrá disponer que se efectúen las disculpas públicas del agresor hacia la víctima.

En lo que va del año, cinco empleados de una empresa aseguradora han reportado presuntos casos de acoso.

La Ley obliga a las empresas a implementar programas de capacitación y políticas orientadas a identificar el acoso.

Pero varias empresas ya trabajaban en estas políticas desde antes de que exista la obligatoriedad. En Seguros Equinoccial se realizó en un inicio un trabajo informativo, dijo Héctor Castillo, director de Recursos Humanos de la empresa. Y existe un Comité de Ética y Conducta desde hace dos años. Ahí, los trabajadores tienen la confianza de denunciar casos de maltrato y otros que atenten contra su bienestar.

Herbalife implementó, entre otros, un curso virtual sobre el tema, que los empleados deben aprobar con un puntaje mínimo de 80%.
Oriente Seguros cuenta con un programa de prevención dentro de la Unidad de Seguridad y Salud para orientar e informar a sus trabajadores.

En contexto

En noviembre del 2017 entró en vigencia la Ley Orgánica Reformatoria a la Ley Orgánica del Servicio Público y al Código del Trabajo, para prevenir el acoso laboral. En junio también se emitió un acuerdo ministerial para normar la discriminación laboral.

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