24 de September de 2009 00:00

20 comunas de Santa Elena esperan ayuda

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Redacción Guayaquil

En la comuna Limoncito, hay pobladores que rezan todos los días para que el próximo invierno no los golpee. Este sitio es la referencia más alejada hacia el este de la provincia de Santa Elena, en el límite con Guayas.

Limoncito está en el carretero de tierra que se inicia en el Lago Chongón. En el ingreso hay un viejo letrero que dice: “¡Bienvenido a la comuna Limoncito, provincia del Guayas!”.



Con agua de pozo
20 comunas solicitaron al Ministerio de Transporte la construcción de la carretera  secundaria a Salinas (120 km), 43 km menos que la autopista actual.
A la comuna Bellavista, en la cordillera Chongón Colonche, se llega sorteando un angosto camino de tierra. La neblina y el frío caracterizan el sitio.
En Sacachún se proveen de agua de un pozo. Alcanza a un tanque por semana para cada familia. Piden que del trasvase les hagan un ramal de 7 km desde Sube y Baja, para tener agua.
En Santa Ana (Bellavista) carecen de los servicios básicos. Los tanqueros de agua potable, que llegan una vez por mes, cobran USD 2,50 por cada tanque.De hecho, hay pobladores que prefieren ser guayasenses, para recibir más obras. El agricultor Armando Tomalá es uno de los 3 000 habitantes y no cree que la atención vaya a llegar con facilidad desde el Municipio de Santa Elena. “Somos el pueblo más alejado de la provincia”.

Basta recorrer el primer tramo (desde el km 30 de la autopista a Salinas), para constatar el abandono. Hasta allí son 17 km de un camino de piedra.

El panorama es igual en las 20 comunas, a lo largo del trayecto. Calles de tierra y arena, casas de madera o de bloques, con el polvo impregnado en sus paredes.

En Juntas del Pacífico, por ejemplo, esperan que el festival de la ciruela, a inicios de noviembre, les deje buenos réditos. “Con la ganancia nos proveemos de víveres como arroz, aceite, fréjoles y enlatados para varios meses, porque en el invierno la carretera desaparece y quedamos aislados”, dice el comerciante Abel Borbor.

En la cabecera parroquial, Julio Moreno, también hay quejas. Pese a que hay evidencia del paso de un tractor que nivela la carretera, pobladores como Cruz Clemente se quejan de que en invierno el agua borra el camino de tierra.

“En invierno aquí es muy duro sobrevivir. No tenemos médico ni medicinas. Ya es hora de que tengamos una buena carretera. Los carros ya no quieren venir acá”.

Muchos de sus 2 600 habitantes, cuando las lluvias son fuertes, salen a lomo de mula o caminando entre el lodo. A 13 km de allí, en Sacachún, sus pobladores están resignados, como los últimos años, a tener que pasar de un lado a otro del camino con cabos. Eso porque el puente Dos Bocas se va a pique.

“Todos los años nos engañan. Dicen que van a asfaltar la carretera, pero tiran tierra”, comenta el septuagenario Flores Lino.

En la comuna Sube y Baja dicen que desde El Niño de 1982, cuando la corriente se llevó el puente de cemento, no lo han vuelto a construir. “Llevamos 27 años esperando esa obra. En verano acomodamos un pequeño camino para ir hasta la presa del Azúcar, pero en invierno quedamos totalmente aislados”, dice el agricultor Augusto Rodríguez.

En la comuna Santa Ana, el panorama es mucho más sombrío. Está ubicada en la cordillera Chongón Colonche, en la cota 360. Allí no hay un centro médico y hay mucha insalubridad. 

La vecina Margarita González cuenta que hace dos años le picó una culebra y no pudo ir a un hospital durante tres días, hasta que llegó un helicóptero del Ejército. “Si no venían lo militares, de casualidad, me moría”.

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