Humberto Vera (der.) explica a los visitantes del Museo Intiñán sobre las observaciones solares de los amautas en un cilindro similar al punda achil que describió Antonio de Ulloa, miembro de la Misión Geodésica Francesa. Foto: Edwing Encalada Ponce / Via

Humberto Vera (der.) explica a los visitantes del Museo Intiñán sobre las observaciones solares de los amautas en un cilindro similar al punda achil que describió Antonio de Ulloa, miembro de la Misión Geodésica Francesa. Foto: Edwing Encalada Ponce / Viajar

La cultura equinoccial es un atractivo turístico

Edwing Encalada. Redactor
(F-Contenido Intercultural)
eencalada@elcomercio.com

Las parroquias equinocciales de San Antonio y Pomasqui se unieron en una ruta turística que recorre su patrimonio histórico, como una alternativa cultural para quienes visiten la Mitad del Mundo.

Según la empresa pública Ciudad Mitad del Mundo, este destino recibe un promedio anual de visitantes de 892 000. Esta ruta de las parroquias equinocciales pretende ser una alternativa que diversifique la experiencia turística de los visitantes a la latitud cero del planeta.

El recorrido inicia en el Museo Intiñán, que en kichwa significa Camino del Sol. En este lugar, ubicado en San Antonio de Pichincha, se construyó un cilindro similar al de pundia achil, hallado en Cayambe y descrito por Antonio de Ulloa (miembro de la Misión Geodésica Francesa), en el cual los amautas se reunían para realizar sus observaciones astronómicas. En la actualidad, este lugar es muy visitado durante los solsticios del 21 de marzo y 23 de septiembre.

Allí se detallan los simbolismos de los pueblos equinocciales y se aprovechan las condiciones físicas del centro del mundo para equilibrar un huevo en la cabeza de un clavo, y se pueden realizar experimentos para observar el Efecto Coriolis en el agua, a través de giros hacia la derecha o izquierda según el hemisferio en el cual se ubique.

Otro atractivo turístico es el Pucará de Rumicucho, que según el arqueólogo Holguer Jara, son vestigios de un recinto militar inca establecido en el valle de Lulumbamba para vigilar la entrada a Quito desde el norte.

En este complejo de cinco terrazas se cree que conformaba una especie de pirámide. Allí se puede admirar a koricanchas similares a las existentes en Ingapirca. En el lugar, los arqueólogos hallaron boleadoras y evidencia del intercambio entre yumbos y quitus.

El recorrido continúa en Pomasqui, cuyo nombre se deriva de las palabras kichwas puma y siqui que significan la Posada del Puma, razón por la cual una efigie del ‘león americano’ se encuentra en la plaza central de esta parroquia, fundada hace más de 440 años.

A la oferta gastronómica de la localidad le sumaron el valor histórico de su religiosidad. Por ejemplo, se explica el origen del Señor del Árbol, patrono de esta parroquia, y las obras de arte de su templo de 400 años, como la Virgen del Tránsito o la pintura de la Última Cena, que se diferencia de la de Leonardo da Vinci por los vasos de cristal que exhibe.