27 de abril de 2016 09:01

Animales con parásitos pueden transmitir enfermedades en la zona del desastre

Imagen referencial. La presencia de animales no representa un riesgo para la salud si se siguen protocolos de higiene. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO.

Imagen referencial. La presencia de animales no representa un riesgo para la salud si se siguen protocolos de higiene. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO.

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Gabriela Castellanos
Redactora (I)

En la zona de desastre todavía hay mascotas deambulando entre las casas y edificios caídos. Se refugian del calor y buscan el contacto con la gente para conseguir alimento y agua fresca. Algunos de los que sobrevivieron han sido trasladados a albergues temporales; otros permanecen a la intemperie sin atención médica ni alimento.

Debajo de ellos hay más animales de compañía que han quedado enterrados. Si existe una población no controlada de fauna urbana, su cuidado se convierte en un tema de salud pública que debe ser atendido -aún más en un territorio devastado y que no cuenta con los recursos necesarios para mantener el saneamiento, explica Fadya Orozco, Ph.D y Directora de la Maestría de Salud Pública de la Universidad San Francisco de Quito.

Ella explica que la putrefacción de los restos humanos puede atraer vectores de infección (organismos que transmiten alguna enfermedad) como los mosquitos. Lo mismo ocurre con los restos de animales. El olor fuerte que desprenden los cuerpos en descomposición hace que sea necesario retirarlos de las zonas pobladas lo antes posible y, en el caso de los animales, que sean incinerados.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) se refiere a la proliferación de roedores luego de un desastre natural en una de las guías técnicas para salud ambiental, que las ratas y ratones también son afectados y que los sobrevivientes se desplazan a otras zonas en busca de protección, abrigo y comida.

“Las infecciones que portan las nuevas poblaciones pueden ser transmitidas a las personas cuando las condiciones son propicias para el contacto de sus excreciones contaminadas o con sus vectores”, dice el documento.

Durante la emergencia, concluye la guía, “no serán una preocupación inmediata para la propagación de infecciones”. Sin embargo, sugiere vigilar la actividad y el crecimiento de la población para controlar las enfermedades. Lo mismo se aplica a otros animales.

“En las zonas de desastre se carece de herramientas que garanticen la higiene en el manejo de los animales”, explica María Ivette Dueñas, Máster en Ciencias Animales por la Universidad de Maryland, en Estados Unidos. Si bien la falta de higiene facilita el contagio, estas situaciones no son únicas de las zonas de desastre sino de espacios que no cuentan con servicios como alcantarillado, agua potable y eliminación adecuada de basura.

Según Dueñas, los perros o gatos que viven en las zonas con menos recursos suelen tener parásitos en sus organismos, incluso antes de un desastre natural. Estos agentes patógenos se pueden transmitir a las personas a través del contacto con las heces del animal. Por ejemplo, si un perro con parasitosis defeca cerca de un río que se utiliza como fuente de agua de consumo, es muy probable que las personas adquieran estos parásitos.

En su opinión, la presencia de animales no representa un riesgo para la salud, “siempre y cuando se sigan protocolos de higiene en el manejo de los desechos”. Es decir, para evitar el contagio de parásitos se debe procurar retirar los restos humanos y brindar agua y desinfectantes para el tratamiento de las heces de los animales. Por esta razón considera necesario atender también a las poblaciones de animales de forma oportuna.

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