25 de noviembre de 2015 12:30

Todo listo para la misión LISA Pathfinder

Fotografía facilitada por la Agencia Espacial Francesa que muestra el lanzamiento del cochete Ariane-5 en Kurú en la Guayana Francesa, de donde también será lanzada la misión LISA Pathfinder. Foto: Agencia EFE

Fotografía facilitada por la Agencia Espacial Francesa que muestra el lanzamiento del cochete Ariane-5 en Kurú en la Guayana Francesa, de donde también será lanzada la misión LISA Pathfinder. Foto: Agencia EFE

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Agencia EFE

Queda menos de una semana para el despegue de LISA Pathfinder, el satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) encargado de probar la tecnología que dentro de unos años utilizará el futuro observatorio de ondas gravitacionales de la ESA.

Las ondas gravitacionales del espacio, predichas ahora hace cien años por Albert Einstein en su Teoría General de la Relatividad, son ondulaciones producidas en el espacio-tiempo por los acontecimientos más violentos del Universo como la fusión de agujeros negros o la explosión de supernovas.

La teoría sostiene que estas ondas abundan en el Universo y transportan información sobre los fenómenos que las originaron, probablemente, del propio Big Bang que dio lugar al Universo. Por ahora, se sabe que estas ondas existen pero no han sido captadas de manera directa.

La misión LISA Pathfinder viajará al espacio el próximo 2 de diciembre a bordo de un cohete lanzado desde la Guayana francesa. Su destino final es el punto de Lagrange, situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, donde las fuerzas gravitacionales entre el Sol y la Tierra se encuentran mas equilibradas.

La misión de LISA Pathfinder no es captar ondas gravitacionales por sí misma, sino probar a pequeña escala el funcionamiento de la tecnología eLISA, el futuro observatorio que será el encargado de detectarlas con la ayuda de tres satélites que tratarán de interceptarlas.

En resumidas cuentas, LISA Pathfinder será algo así como un ensayo general de los instrumentos del futuro observatorio que empezará a operar en el año 2034. Y como esta tecnología no puede ser verificada en la Tierra, debido a la influencia de la gravedad terrestre, debe ponerse a prueba en el espacio, algo que LISA Pathfinder hará después de llegar a su órbita, entre febrero y septiembre de 2016.

"Para detectar las ondas gravitacionales hay que medir la distancia entre dos cuerpos en caída libre con una precisión altísima, sin ninguna otra perturbación que altere sus posiciones", explica Carlos F. Sopuerta, investigador principal del grupo de Astronomía Gravitacional-LISA del Instituto de Ciencias del Espacio.

LISA Pathfinder hará este experimento con dos masas cúbicas idénticas, de 46 milímetros de lado y hechas de una aleación de oro y platino, que flotarán el vacío y mantendrán una distancia constante de 38 centímetros. Del éxito de este satélite dependerá que después eLISA reproduzca estas condiciones pero en una escala mucho mayor, con tres naves espaciales separadas por más de un millón de kilómetros, una distancia que permitirá "detectar las ondas gravitacionales provenientes de los fenómenos más interesantes del Universo", explica Sopuerta.

Lo más complicado de la misión de LISA será mantener las condiciones de caída libre y, por eso, este satélite incluye tecnologías creadas ex profeso para contrarrestar las otras fuerzas, desde la presión que causa la radiación solar a los efectos de temperatura o las fuerzas magnéticas del propio satélite.

Para ello, el grupo de Astronomía Gravitacional-LISA del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC) ha diseñado, construido y programado la Unidad de Gestión de Datos (DMU), el ordenador a bordo que controla los experimentos científicos de la misión y que recibirá la información de todos los sensores para realizar diversas maniobras de reposicionamiento cada segundo.

Además, este grupo ha diseñado el sistema de diagnóstico: el conjunto de sensores y actuadores de alta sensibilidad y precisión para el control térmico y magnético, y un monitor de radiación de partículas cósmicas ionizadas, entre otras cosas.

En la construcción de la DMU ha colaborado la empresa SENER, y GMV ha participado en la verificación del software. "Hasta ahora los astrónomos nos hemos dedicado a mirar el Universo, pero el estudio de las ondas gravitacionales nos permitirá escucharlo, y eso nos abre toda una nueva ventana de investigación", afirma Carlos F. Sopuerta.

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