17 de marzo de 2016 00:00

En La Moya se hace turismo con historia

La casa de hospedaje es el nuevo atractivo de la comunidad. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO

La casa de hospedaje es el nuevo atractivo de la comunidad. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO

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Cristina Márquez.  Redactora
(F-Contenido Cultural)

El estilo andino del hotel-restaurante Ur­kukunapak Wasi se sumó a los atractivos promocionados por los ha­­­bitantes de La Moya, en Chim­borazo, para fortalecer el turismo comunitario. Allí la oferta turística se centra en la historia de los hieleros del Chimbo­razo, oficio tra­di­cional de esa comunidad.

El menú de servicios incluye recorridos por los senderos que antaño utilizaban los comuneros para llegar a las minas de hielo, en la parte alta del coloso. También se ofrece una visita al museo donde los turistas pueden conocer más de esta forma de vida.

Pero lo más llamativo es el alojamiento en el Hotel Urkukunapak Wasi, un término kichwa que significa Casa de las Montañas. El lugar fue construido al estilo andino e inspirado en la gente del lugar. Pero también ofrece todas las comodidades de un hotel.

“La idea es que los turistas puedan vivir la experiencia de los antiguos hieleros, que conozcan su historia, su estilo de vida y a la vez disfruten de la comodidad de este sitio”, dice Pierrick Van Dorpe, párroco e impulsor del proyecto.

Para edificar el hotel y el restaurante se restauró una antigua casa comunitaria que estaba abandonada. Todos los habitantes de La Moya aportaron con troncos de árboles y varios días de trabajo en minga para reconstruir el sitio.

“Todos trabajamos para la casa comunitaria, porque sabemos que es para nuestro progreso. Nos propusimos construirla al estilo campestre, por eso utilizamos materiales rústicos, como ladrillos, piedras y madera de eucalipto”, cuenta José Luis Tene, quien dirigió la construcción.

En la obra se invirtieron cerca de USD 35 000, que fueron financiados por fundaciones y organizaciones francesas. El Municipio de Riobamba también aportó con la construcción de baterías sanitarias.

Otro atractivo del lugar es el menú con comida típica andina en el restaurante. Allí hay platos desde USD 6, donde bandejas con mellocos, habas, maíz y diversos cereales son los protagonistas.
En el proyecto comunitario están involucradas directamente 50 personas, pero indirectamente se beneficia toda la comunidad, pues ellos son los proveedores de los insumos para el hotel y el restaurante.

En el museo y en los recorridos por los senderos participan 12 guías nativos. Ellos esperan abrir nuevas rutas de alta montaña para ofrecer más actividades, como la escalada y el trecking de altura, por lo que ya trabajan para obtener una acreditación especial del Ministerio de Turismo.

12 mujeres se capacitaron en preparación de alimentos y atención al cliente. Ellas se encargan del restaurante comunitario. “En poco tiempo esperamos ser tan prósperos como los vecinos de otras comunidades, que reciben turistas con más frecuencia. La clave es la atención amable”, dice María Miñarcaja.

Entre tanto, unas 26 mujeres se dedican a la elaboración de prendas tejidas con lana de alpaca y artesanías que se venden en los exteriores del museo. La agrupación se integró en el 2011, cuando se arrancó la iniciativa comunitaria.

“Optamos por el turismo como una alternativa para el desarrollo. Yo estaba admirado por la belleza de la comunidad y las historias increíbles de los hieleros y, a la vez, asombrado por la pobreza”, recuerda Pierrick Van Dorpe.

En un inicio los comuneros solo ofrecían recorridos por el museo y vendían artesanías. Recibían 15 visitas al mes. Hoy esperan triplicar esa cantidad con una campaña para difundir sus servicios turísticos, de cuya presentación se encargará el Cabildo riobambeño.

Intercultural

Los relatos de los tradicionales hieleros del volcán Chimborazo se difunden a los turistas que visitan este nuevo proyecto.

Apoyo
El párroco Van Dorpemotivó a los comuneros a incursionar en el turismo.

Aporte
Los habitantes se capacitaron en varios aspectos.

Historia
Los hieleros vendían el hielo del Chimborazo en Riobamba.

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