27 de noviembre de 2015 00:00

Coros indígenas fusionan la religión y lo autóctono

Las artistas también componen sus canciones propias con ritmos andinos de los poblados.

Las artistas también componen sus canciones propias con ritmos andinos de los poblados. Foto: Glenda Giacometti/El comercio

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Cristina Márquez
Redactora
cmarquez@elcomercio.com
(F - Contenido Intercultural)

Las notas agudas y alargadas, típicas de los cantos indígenas, suenan uniformes en los coros religiosos. Los indígenas evangélicos, cristianos y católicos de la provincia de Chimborazo que integran estas agrupaciones fusionaron su cultura con su religión y sus canciones son la muestra de esa simbiosis.

Antes de salir al escenario, las mujeres que integran los coros procuran lucir similares. Recogen su cabello con un guango (cinta tejida), usan bayetas, fajas tejidas, denominadas chumbis, y kawiñas del mismo color. Se aseguran de utilizar los mismos accesorios.

En el escenario, sus movimientos y voces son casi idénticos, como parte de la magia del show. Las canciones autóctonas y otras compuestas por ellas atraen a los seguidores que están dispuestos a esperar horas para oírlas cantar.

“Los concursos de coros que organizamos siempre tienen una buena acogida. No importa de qué religión seamos, lo importante es que podamos expresar nuestros sentimientos y gratitud con nuestras canciones”, cuenta Segundo Janeta, de la comunidad Pucarquinchi, en Cacha.

Según él, un aspecto fundamental en estos encuentros es preservar la cultura indígena, por eso un requisito para los coros participantes es utilizar el traje originario de la comunidad a la que representan y cantar en kichwa.

Cada agrupación recopila las canciones más representativas de sus pueblos y transforma las letras para convertirlas en alabanzas religiosas. La melodía Diospac kuyayta Sakishpami, por ejemplo, es una antigua canción de Cacha que el coro La Trinidad adaptó.

Este grupo está integrado por 19 mujeres entre 14 y 30 años. María Yugsán es la directora. “Lo importante en un coro es comprender que nadie es protagonista en el escenario: lo somos todas y, por eso, nos vestimos iguales. Repasamos diario para que nuestras voces suenen al mismo tono”.

Las mujeres también componen canciones, pero utilizan ritmos andinos y se inspiran en los temas populares que se entonan en las fiestas de los poblados. El jurado también califica el mensaje que se transmite a través de los cantos.

Por eso las letras hablan sobre sus vivencias cotidianas, los desafíos que deben enfrentar al migrar a las ciudades y la unidad del pueblo en las iglesias. La canción Tukuy Kuna Yuyarishun fue escrita por las integrantes del coro Esperanza de Dios y habla sobre las dificultades que tuvieron para fundar una iglesia en la ciudad.

“La gente en la ciudad nos discriminaba. Alquilamos una casa para las reuniones de la iglesia y los vecinos decían que hacíamos mucho ruido cuando cantábamos. No nos enojamos: decidimos escribir una canción”, cuenta María Cepeda, la directora del coro.

La semana pasada, en la comunidad Pucaraquinchi se realizó el festival anual de coros religiosos y acudieron cerca de 120 agrupaciones participantes de cuatro cantones. Antes de iniciar el evento, la gente oró y rezó en kichwa y, antes de cada presentación, se compartieron mensajes bíblicos y las enseñanzas de monseñor Leonidas Proaño.

Los ganadores recibieron como premio un colchón, un juego de ollas y un edredón. “Son premios simbólicos, porque lo importante es crear espacios para que los coros puedan mostrarse”, cuenta Jhonny Gualán, organizador del evento.

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