Una rueda de negocios se realizó en el festival Latitud Cero. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Una rueda de negocios se realizó en el festival Latitud Cero. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

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Rueda de negocios para el movimiento ‘slow food’

Ana Belén Veintimilla
Redactora (I)

Si bien el festival Latitud Cero fue un espacio para que los chefs mostrasen las últimas tendencias de cocina, este también fue un canal de conexión para todos los actores de la industria gastronómica.

El jueves (15 de octubre), al mediodía, un grupo de 19 productores de la Sierra y Costa ecuatorianas se ubicó en una sala a la espera de un encuentro único con chefs de todo el país. La rueda de negocios se unió al festival en el marco del Día mundial de la alimentación, que se celebró el 16 de octubre.

Rosa Rodríguez, directora de la Fundación Heiffer y organizadora de la rueda, explicó que los campesinos e indígenas presentes son productores agroecológicos que realizan prácticas innovadoras y fueron finalistas del concurso Cultiva Innovación. El éxito de esta rueda es, para Rodríguez, una muestra de que los chefs y cocineros “ahora tienen una sensibilidad para entender la procedencia de los productos“.

Los representantes de provincias conversaron con chefs en lapsos de 15 minutos, durante los cuales buscaron establecer contactos y rotar para explicar las cualidades del producto que ofrecen, cada vez a más cocineros.

Marta Chavarría, fundadora de Canopy Bridge y coordinadora de la rueda, indicó que los chefs que tuvieron acceso a este espacio pertenecen a la red de cocineros de Slow Food Ecuador.

Uno de los chefs presentes fue Luis Betancourt, del restaurante Lammhaus, para quien el contacto directo con productores significó nuevas oportunidades: “Nosotros innovamos con rúculas y lechugas y ha sido interesante darnos cuenta que los productores tienen una variedad de productos que nos van a ofrecer mejor sostenibilidad para los restaurantes“.

Chavarría recalca que el evento permite además mover dos puntos importantes dentro de la industria. El primero es el interés por garantizar un intercambio eficiente, “de manera que el precio de esos alimentos se le retribuya directamente al productor“.

El segundo es que se tenga un mayor conocimiento del contexto en el que se elaboran los productos, pues en una cadena impersonal no se conoce la historia detrás de cada semilla. “El por qué ciertas semillas son especiales o por qué la forma en que se producen garantiza la tradición cultural de esos productores es importante“, concluye. Aspectos que ahora los chef tienen como responsabilidad para canalizar como información útil a sus comensales.

Para contar las historias detrás de cada alimento estuvieron los propios agricultores, entre ellas Susana Mayahuay, de Azuay, quien representó a la Asociación de Agroproductores Allitarpuna. Ella llegó para promover leche, pollo, verduras y habas, también maíz y papas, que producen en la región.

Pero su comunidad ha logrado moverse en la búsqueda de ingredientes olvidados pues han rescatado tubérculos como la mashua, “que ya no existía pero logramos conseguir la semilla y producirla“, cuenta Mayahuay. Su misión es entregar alimentos saludables y permitir que sean sostenibles, después de todo 'allitarpuna' en quichua significa 'sembrar bien'.

La rueda finalizó después de más de una hora de conversaciones permitiendo a los organizadores la creación de un directorio que muestre a los chefs la producción de cada campesino y el abastecimiento que pueden llegar a ofrecer.

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