La frutería Monserrate ofreció una colada rica en frutas acompañada con guagua

La frutería Monserrate ofreció una colada rica en frutas acompañada con guagua. Foto: Vicente Costales/EL COMERCIO

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20 recetas ganaron el ‘Rostro de la Colada Morada’

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En la colada morada, la tradición no solo se la puede hallar en sus recetas. Una parte fundamental para hablar de esta se encuentra, precisamente, en sus ingredientes y en la manera en la que se cosechan antes de llegar a la olla.

Este fue uno de los elementos que destacaron en la premiación de El Rostro de la Colada Morada 2017, un evento en el cual se premió a 20 establecimientos de Quito y sus alrededores. Estos, para llegar a la final, fueron calificados bajo parámetros como sostenibilidad en su elaboración, tradición, innovación, entre otros.

En el Centro Cultural Itchimbía, donde se realizó la premiación de este concurso organizado por la Universidad de las Américas (UDLA)y Quito Turismo, los comensales pudieron conocer a quienes ponen la sazón a cada una de las coladas. Ahí estuvo, por ejemplo, Irene Tirado, una de las artífices de los dulces tonos de la bebida preparada por la hueca Tradiciones Quiteñas, ubicada en el Centro Histórico (calles Guayaquil y Espejo).

Para Tirado, lo más importante al momento de realizar su bebida es tener en cuenta la tradición. “Deberíamos degustarla todo el año”, señala. Y para ello, Tirado acompaña la colada morada no solo con guaguas de pan, sino también con pristiños, empanadas de viento, entre otros productos. Ella vende esta combinación todas las semanas.

Para Carlos Larreátegui, rector de la UDLA, el objetivo del concurso ha sido afianzar la tradición de la colada morada. “Este año hablamos de una colada más sustentable, más conectada con sus tradiciones, y más pura porque mantiene una estrecha relación con los productores”, dijo.

Aquel contacto entre los creadores y los productores se apreció en la noche de premiación. Tal fue el caso de Juan Pablo García, de la Hacienda Dulce María, quien mostró varios de los productos orgánicos con los cuales abasteció directamente a algunos de los locales que compitieron. Aquí también estuvieron los miembros de la asociación Thakikñan, con una oferta agroecológica que incluía frambuesas, moras, e incluso vino producido con elementos de su chacra.

Y la innovación no se quedó atrás. Muestra de ello fue la propuesta de colada del Molino San Juan, una hacienda jesuita que data del año 1864. En su preparación, ellos utilizan la remolacha para darle la tonalidad morada; además, eliminan la harina de maíz y optan por la maicena. Estos elementos hacen que su bebida sea más ligera y con menos grumos que otras recetas tradicionales.

Para los comensales, la oferta de coladas moradas y guaguas de pan fue tan variada que, difícilmente, podían elegir un ganador. Eso le pasó a Alicia Ferrín, quien probó cerca de una docena de preparaciones antes de elegir a la del hotel Marriott como su favorita. A ella, lo que más le gustó de esta fue la guagua de pan, con una textura más suave y con varias opciones de relleno.

El concurso de este año se dividió en tres grandes categorías: hoteles; restaurantes; rurales y huecas. Con ello, los organizadores quisieron llegar a un público más diverso, el cual prefiere desde los tonos más clásicos y tradicionales, hasta llegar a las opciones más gourmet. En todas hubo una apuesta por crear bebidas que resalten sus sabores gracias a la ingesta de guaguas de pan con masas artesanales.