El restaurante existe hace seis años y hace un año tiene nuevos dueños; la decoración se ha mantenido. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

El restaurante existe hace seis años y hace un año tiene nuevos dueños; la decoración se ha mantenido. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

CRóNICA GASTRÓMICA

Le Petit Pigalle tiene una misión: ser París en Quito

Ivonne Guzmán
Editora (O)

En la esquina de una plaza que ha devenido en una de las más lindas de Quito (la Borja
Yerovi) hay una puerta entre metálica y de vidrio -siempre cerrada-. Ahí hay un timbre. Una vez que la puerta se abre está Le Petit Pigalle, un sitio que según anuncia la carta es “París en Quito”. Es una exageración de buena fe.

La banda sonora de Amelié alternando con la voz de Edith Piaf ambientan el local y es
casi un cliché, aunque termina por resultar agradable; la música prepara el ánimo para
surfear por la carta (de Primavera- Verano) que está escrita en francés y en español. Al
inicio, entre otras delicadezas de la gastronomía gala uno se encuentra con un Foie gras
poélé dans une réduction de vinaigre de framboise sur ses quenelles de crabe aux fraises, o sea: Hígado de ganso poélé, reducción de vinagre de frambuesas, quenelles (croquetas hechas de una masa especial) de pangora y frutilla; o con unas ancas de rana tradicionales con puré de camote, salteadas con mantequilla, ajo y perejil.

Comenzar con las ancas es una buena opción. Sí ancas, esos pedazos de animal que
igual no son tan espectaculares per sé, pero cuyo nombre e historia las hacen atractivas.

Con su sabor entre pollo y pescado que se realza con alguna salsa (especialidad de la
cocina francesa clásica: al ajillo, al vino blanco a la Meunière) casi no pueden más que estar deliciosas; y están porque el puré de camote y la salsa de ajo combinan bien. Tanto que invitan a cogerlas al final con la mano y a perder todo el glamour. Son tres y dejan con ganas de más, sobre todo por el precio; también por el sabor, claro.

El plato Mar y Tierra está compuesto de pecho de cerdo con langostinos en salsa de naranja. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

El plato Mar y Tierra está compuesto de pecho de cerdo con langostinos en salsa de naranja. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

El merlot, por su ligereza, acompaña bien a las ancas y es la recomendación de la casa
para maridar con el conejo con ciruela y mostaza acompañado de papas confitadas, es decir primero cocinadas y luego fritas, en este caso en grasa de pato (entre uno y otro plato, siguen llegando burócratas de la zona -La Mariscal-. Situación ideal para enterarse de la cocina interna de algún ministerio; digamos el de Finanzas. Pero pudiera ser cualquier otro).

Las papas son crocantes y gustosas, un regalo que compensa la falta de cuerpo de la
salsa que acompaña al conejo, que eso sí es suave y no tiene ningún sabor fuerte o raro,que es de lo que injustamente se lo suele ‘acusar’.No es el caso. Y el chef acepta con genuino interés la recomendación de espesar la salsa. Esa actitud, sin duda, merece una segunda oportunidad, para averiguar cómo sabría “París en Quito”.

Para tomar en cuenta

Qué y quién. Comida francesa tradicional. Los socios son: Fernando Fuentes y Patricio
Quishpe (chef) .

Cuándo. De martes a sábado de 12:30 a 15:00; de miércoles a viernes de 19:00 a
21:30 y los domingos y lunes está cerrado.

Por qué. Por dar un paseo, antes o después de la comida, por la plaza Borja yerovi
y sus casas magníficamente pintadas.

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