Enrique Ayala Mora

¿Un Bolívar permanente?

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A lo largo de la historia de América Latina, las diversas visiones de la figura de Bolívar y las asimilaciones de su pensamiento han estado integradas a formulaciones ideológicas que se articularon al momento histórico en que se dieron. Han sido también expresión de las demandas de las clases o grupos sociales que han controlado la cultura oficial a lo largo del tiempo.

Cada vez que se nos habla del “auténtico” bolivarianismo o del “verdadero” pensamiento del Libertador nos topamos con el “Bolívar necesario” de una ideología específica en un momento histórico determinado. No hay, por tanto, como descubrir un “Bolívar permanente”. Y menos mal que así sea, porque no es posible pensar al bolivarianismo como un código impreso en piedra de una vez y para siempre. Uno de sus más fuertes caracteres es la diversidad.

El problema que se plantea es hallar el “Bolívar necesario” para este momento de nuestro país y de América Latina, en el cual se profundiza el contradictorio proceso de su liberación. Este artículo no intentará discutir este tema, digno de un amplio trabajo. Pero hace dos observaciones sobre intentos realizados en el Ecuador contemporáneo por hallar una interpretación del bolivarianismo para los días que vivimos y los desafíos históricos que enfrentamos.

A partir de la celebración del bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar en 1983, desde varios frentes e instituciones, se ha intentado rescatar en el Ecuador los rasgos de ese bolivarianismo necesario. El más importante de todos es la lucha de Bolívar por la supervivencia de Colombia, por la unidad andina y latinoamericana, que ahora se concreta en los procesos de integración. Ecuador ha sido uno de los países que más impulsó la integración a fines del siglo pasado.

Uno de los hechos concretos en esta línea fue el establecimiento en Quito, el año 1992, de la sede ecuatoriana de la Universidad Andina Simón Bolívar. La institución ha tenido desde entonces un gran desarrollo y ha convocado a docentes y alumnos de todos los países andinos, de Latinoamérica, Norteamérica y otros continentes. Su inspiración bolivariana alienta sus actividades.

Su Prospecto dice: “Simón Bolívar, cuyo nombre lleva nuestra casa de estudios, no es un hombre del pasado sino de todos los tiempos. En el presente es un guía. Su figura convoca al compromiso y da rienda suelta a soñar con los pies en la tierra”.

Este año, la Universidad Andina celebrará el 24 de julio, fiesta del natalicio de Bolívar, con la inauguración de un nuevo edificio dedicado a su biblioteca y otros servicios académicos. Llevará el nombre de Eugenio Espejo, que además de médico y abogado, fue el primer bibliotecario de la Universidad de Quito y prócer de nuestra independencia. Los nombres de Bolívar y Espejo quedarán juntos en el espacio académico de la integración.