10 de May de 2010 00:00

Riqueza petrolera

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Benjamín Rosales Valenzuela

Hace pocos días EL COMERCIO comenzó un editorial así: “El petróleo es la principal fuente de recursos del Estado y mueve la economía del país. Demanda una administración profesional y responsable. Es tiempo de poner al país en perspectiva para analizar la política hidrocarburífera, a la luz de los hechos y de las grandes demandas nacionales”.

Revisando el ‘Análisis Semanal’ de abril 19, se puede constatar lo oportuno de ese comentario. El semanario expone como continúa declinando la producción petrolera en el gobierno de Rafael Correa. En el periodo entre oct/09 y ene/10, la producción ha disminuido más de 6% comparando con el mismo periodo del año anterior, llegando a tan solo un promedio de 482 mil bpd. Hace siete años cuando se inauguró el OCP, la perspectiva era que la producción supere los 650 mil bpd, por eso se amplió la capacidad del SOTE. Ahora este opera cerca de su capacidad mientras el nuevo solo a una cuarta parte. La suerte del Gobierno, y del país, ha sido que la disminución en producción se ha compensado gracias al alto precio.

El problema fiscal se presentará cuando decaigan los precios, entonces buscaremos inversionistas para aumentar la producción, que se encuentran más fácilmente cuando los precios son altos y a los que ahora el Gobierno, con la inestabilidad jurídica contractual ahuyenta. No solo ha declinado la producción privada, que ahora es minoritaria, las de Petroecuador y Petroproducción, administradas por altos oficiales de la Armada, también ha declinado, aunque en menor escala, que la de los operadores extranjeros que quedan.

Parece que los ecuatorianos despreciamos la riqueza petrolera con la que nos ha bendecido la naturaleza. Mientras el Presidente del Perú anuncia que su país, gracias a nuevas inversiones, volverá a ser exportador de petróleo, gran parte proveniente del otro lado de la frontera en la misma región de Yasuní, los idealistas ecuatorianos buscamos donaciones de otras naciones para dejar nuestra riqueza bajo tierra.

La explotación petrolera, si se realiza con técnicas y equipos modernos, no tiene que destruir a la selva, un campo petrolero ocupa el espacio de un campo de fútbol, la afecta mucho menos que la explotación maderera ilegal.

Esperamos que el nuevo ministro de Recursos Naturales, Wilson Pastor, con su experiencia, imponga sensatez en la política petrolera, y que los ecologistas nacionales orienten su actividad a procurar la racional explosión de recursos, en vez de buscar ilusamente caridad para sentarnos sobre los huevos de oro. Debemos de agradecer a Dios la riqueza que nos ha dado, explotarla y utilizarla con responsabilidad.

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