9 de March de 2011 00:00

“...que pruebe su inocencia”

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En la sabatina del 26 de febrero del 2011, el presidente Correa, al referirse al coronel Carrión, ex director del Hospital de la Policía, a las lágrimas de su hija menor y a una carta que le dirigió su cónyuge, fue enfático, a él no le conmueven las lágrimas, pero señaló que el coronel Carrión tiene la posibilidad de salir del presidio si prueba su inocencia.

El 2 de marzo, anunció la posibilidad de un indulto, si los que están en presidio aceptan su culpa.

Recordemos que Carrión fue sentenciado en la sabatina del 23 de octubre del 2010, cuando Correa pidió al Ministro del Interior que le destituyera de la Dirección del Hospital y de la Policía Nacional, por conspirador, mentiroso y además que sea juzgado por la Fiscalía. Correa expresó:

"Este tipo porque es Teniente Coronel de la Policía, trata de hacer quedar como mentiroso, a su superior, al Presidente de la República, al decir a la estación CNN que nunca estuvo secuestrado”.

"Ni sé el nombre de este tipejo, pero que sepa con quien se está metiendo, yo soy el Presidente de la República, pedazo de majadero, tú eres mi subalterno y no puedes estar por tus intereses y odios personales tratando de hacer quedar como mentiroso a quien es tu Jefe".

"Renuncia a la insignia de la Policía Nacional, si no quieres estar subordinado al Presidente de la República, mal policía, mal doctor de la República", dijo Correa.

Que Carrión quiso que le den cianuro a Correa, que sus escoltas le rastrillaron sus armas a Carrión, para que le abran la puerta de paso del Regimiento Quito al Hospital, habrían sido circunstancias tan graves, imposibles de haberse omitido entre el 30 de septiembre y el 23 de octubre del 2010. Lo que lleva a la sentencia de Correa fueron sus declaraciones a CNN, en el sentido de que no estuvo secuestrado en el hospital el 30-S.

Desde que hay principios de derechos humanos e instituciones del derecho penal, nadie está obligado a probar su inocencia, sino los que acusen y sindiquen a alguien deben probar su acusación. En el imperio de Correa es a lo inverso. Sus palabras son órdenes. Él ordena, acusa y sentencia.

Los subalternos y los aspirantes a quedarse en sus cargos o a ser promovidos solo cumplen con darles forma a la ejecución de las órdenes presidenciales.

En el imaginario de Correa, Carrión tiene entonces dos opciones para salvarse del presidio. 1) Probar su inocencia. No habrá manera de hacerlo a satisfacción de Correa, cuando Carrión está en presidio sin indicio idóneo alguno de responsabilidad penal, por tipejo y majadero, en la descalificación de Correa. 2) Confesar su culpabilidad, o sea mentir y humillarse ante el gobernante, para que éste le indulte. Carrión es un hombre de honor, no debe alcanzar su libertad humillándose.

Claro que debe castigarse a los responsables del 30-S, de lado y lado, pero no sindicando a inocentes.

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