Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

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1. ¿Cómo mira en líneas generales el Presupuesto para el 2016 y su reducción?

A primera vista aparece como el resultado de un proceso ordenado de recomposición del gasto y redimensionamiento del tamaño del Estado. Pero, al mirarlo con detenimiento, esa apreciación se diluye. Nacen inquietudes razonables que ponen interrogantes en su sustentabilidad.

En primer lugar, si se la compara con la Pro forma inicial del año 2015, la propuesta representa una reducción del 18%. Desde ese ángulo luce un cambio promisorio. Sin embargo, al hacerlo con el presupuesto proyectado para el cierre del 2015, con todos los cambios introducidos a lo largo del año, tiene apenas una contracción del 4%.

Obviamente, el ajuste proyectado no se compadece con la nueva realidad económica. Aún más, la Pro forma ha estado sometida a cambios y explicaciones particulares de los responsables públicos, que han dificultado su evaluación. De ahí precisamente han salido cuestionamientos sobre la dimensión del déficit global. Según el Gobierno, sería de  2 400 millones de dólares, pero al ordenar las partidas bajo la metodología internacional de presupuestación, superaría los 4 000 millones (4% del PIB). Y todo eso respetando los supuestos, algunos muy optimistas, sobre los cuales se han calculado tanto ingresos como gastos.

De lo anterior, se deriva las necesidades totales de financiamiento (al incluir las amortizaciones de deuda, que se las coloca por debajo de la línea de cálculo del déficit) que, según el Gobierno, podría oscilar en los  6 600 millones y, con el déficit corregido, se ubicaría en el rango de los 8 100 millones (8% del PIB).

En resumen, lo que se aprecia en esta Pro forma como aspectos relevantes son: Adecuado precio del petróleo. Nivel de producción petrolera igual a la actual. Cero aporte (no tiene excedente alguno) de este sector. Incluso es posible que requiera contribuciones del presupuesto para asegurar la producción actual (no se sabe cuanto podría ser). Los ingresos se concentran en tributarios y no tributarios (tasas y contribuciones) y en más endeudamiento. En los gastos corrientes y de capital (reducido a lo largo de este año) se planea un nivel similar al de cierre del 2015. Por eso incluso el déficit es parecido, aunque menor en 1 punto porcentual del PIB. No hay ningún valor para el pago de la Oxy.

2. ¿Está bien pensada la idea de rebajar subsidios, es oportuna o se pudo focalizarlos antes?

El país necesita resolver este problema. Por definición los subsidios deben ser temporales, debidamente acotados, focalizados y vinculados con objetivos de superación de la pobreza. Ahora bien, su revisión debe ser paulatina, programada, condicionada. Incluso para algunos segmentos la duración debe tener horizontes superiores.

Bajo esos parámetros, el planteamiento aparece lógico, pero debe venir acompañado de una política fiscal consistente con las oportunidades que se ofrece a las actividades privadas para expandir su radio de acción. Si solo se los revisa dentro de un marco de inacción fiscal, o de mantenimiento de una estructura ineficiente de gastos, el impacto, en lugar de convertirse en un acicate termina complicando la competitividad del aparato productivo y encareciendo la vida de los ciudadanos.

Esta revisión debe ser parte de un plan de reordenamiento de la política económica, dentro del cual el tamaño del gasto fiscal tiene puesto preponderante.

3. ¿Qué opina del fin de las ventas anticipadas de petróleo, qué monto debe pagar al país, en crudo, en el actual esquema de precios internacionales?

Es una buena noticia. Han sido operaciones onerosas y según el Ministro de Finanzas, con esto quieren “dejar limpias las cuentas fiscales” (?) para el nuevo gobierno. Tienen previsto pagar entre 1 000 y 1 200 millones en el 2016, a través de Petroecuador (no del presupuesto), para dejar un remanente entre 600 y 700 millones para los años 2017-2018.

Debemos entender que los 725 millones que constan como ingreso en la Pro forma del 2016 (en este caso no recibe Petroecuador, aunque paga las anteriores), corresponde a la utilización de la línea firmada con Tailandia. Y si eso es así, sería el último ingreso proveniente de este tipo de operaciones.

Los términos contractuales (en el plano de la fijación de precios) de estas operaciones no han sido divulgados. Se los conoce parcialmente. Por lo tanto, la conveniencia o inconveniencia de su contratación, más allá de los duros requisitos financieros, no puede ser expresada.

4. ¿Cuál es la brecha del Presupuesto que se puede financiar con deuda?

El problema por el que atraviesa el país es su singular cambio de perspectiva económica. Es un país que perdió una parte importante de sus ingresos de exportación y fiscales y no tiene vías sustitutivas en un horizonte razonable. No tiene más remedio que redimensionar su tamaño pues se deterioró su capacidad de pago.

En ese plano, la dificultad de encontrar prestamistas dispuestos a conceder créditos, en términos razonables de plazo y costo, ha tomado cuerpo. Ya no hay mucha disposición para hacerlo. Por lo tanto, mientras menor sea el déficit, menos incertidumbre existirá sobre la conducta del gasto público. Y con ello mejor ambiente para encontrar vías alternativas de ingresos de capitales.

5. ¿Es verdad o no, como muchos piensan, que las acciones del Gobierno sobre la economía son equivalentes a las cartas de intención o condicionamientos del FMI de años pasados?


Con dificultad, pero con mayor frecuencia se avisan de decisiones que buscan restablecer los equilibrios macroeconómicos. No son señales claras, la Pro forma es una, pero la realidad le empuja al Gobierno a hacerlo. Una vez más la políticas desequilibradas demuestran su fragilidad.